El universo como cerebro: cómo evoluciona y aprende el cosmosEl universo como cerebro: cómo evoluciona y aprende el cosmos

¿Qué pasa si el Universo no es solo un sistema físico, sino algo más parecido a un sistema adaptativo complejo, como un organismo o un cerebro? Esta idea ha sido propuesta por algunos de los pensadores más influyentes de la historia, desde Anaxágoras hasta Stephen Hawking.

El concepto de un Universo similar a un cerebro se basa en la observación de que la organización física del cosmos se asemeja a la estructura de una red neuronal. El Universo consta de miles de millones de galaxias, cada una de las cuales contiene miles de millones de estrellas, planetas y otros cuerpos celestes.

Estos están conectados por filamentos de materia oscura y energía, formando una red similar a una red que se extiende por el espacio observable. De manera similar, el cerebro humano consta de miles de millones de neuronas, cada una de las cuales contiene miles de sinapsis, que están conectadas por axones y dendritas, formando una red similar a una red que se extiende por la corteza cerebral.

Pero el parecido va más allá de la mera apariencia. Según algunos científicos, el Universo y el cerebro también comparten algunas propiedades funcionales que sugieren que ambos son sistemas autoorganizados que evolucionan y aprenden con el tiempo.

Por ejemplo, ambos sistemas exhiben un comportamiento emergente, lo que significa que producen fenómenos que no son predecibles a partir de sus componentes individuales. El Universo da lugar a estructuras complejas como galaxias, estrellas, planetas y formas de vida, mientras que el cerebro da lugar a fenómenos complejos como la cognición, la emoción, la memoria y la conciencia.

Otra propiedad que comparten ambos sistemas es la no localidad, lo que significa que pueden procesar información en regiones distantes sin ninguna conexión física aparente. En el Universo, esto se manifiesta mediante el entrelazamiento cuántico, que permite que dos partículas se influyan entre sí instantáneamente, independientemente de su separación.

En el cerebro, esto se manifiesta mediante la sincronía neuronal, que permite que diferentes regiones del cerebro coordinen su actividad sin ninguna comunicación directa. Ambos fenómenos sugieren que existe un nivel oculto de organización y computación que trasciende las interacciones locales de materia y energía.

Una tercera propiedad que comparten ambos sistemas es la adaptabilidad, lo que significa que pueden cambiar su estructura y función en respuesta a la retroalimentación ambiental.

En el Universo, esto se manifiesta mediante la evolución cósmica, que describe cómo el cosmos ha sufrido varias fases de transformación desde el Big Bang, desde la inflación hasta la nucleosíntesis, la formación de galaxias, la formación de estrellas, la formación de planetas y la formación de vida.

En el cerebro, esto se manifiesta por la plasticidad neuronal, que describe cómo el cerebro puede modificar sus conexiones sinápticas y vías neuronales en función de la experiencia y el aprendizaje.

Estas similitudes entre el Universo y el cerebro no son meras coincidencias. Apuntan a un principio más profundo de autoorganización que gobierna ambos sistemas. Este principio puede entenderse como una forma de selección natural, que opera en diferentes niveles de complejidad y escala.

La selección natural es el proceso por el cual las variaciones en una población son filtradas por las presiones ambientales, dando como resultado la supervivencia y reproducción de aquellas variaciones que se adaptan mejor a su nicho.

La selección natural puede explicar cómo surgieron los átomos de las partículas subatómicas, cómo surgieron las moléculas de los átomos, cómo surgieron las células de las moléculas, cómo surgieron los organismos de las células, cómo surgieron los cerebros de los organismos y cómo surgieron los observadores de los cerebros.

Pero la selección natural también puede explicar cómo el Universo mismo surgió de un estado primordial de caos y potencialidad. Según algunos cosmólogos, como Lee Smolin y Max Tegmark, el Universo es parte de un multiverso, una colección de universos posibles que se generan constantemente por fluctuaciones cuánticas o estructuras matemáticas.

Cada universo tiene su propio conjunto de leyes y constantes físicas que determinan su comportamiento y estructura. Algunos universos son estables y hospitalarios para la vida y la complejidad; otros son inestables y hostiles a la vida y la complejidad.

El multiverso puede verse como una población cósmica que se somete a selección natural a la mayor escala posible. Los universos que sobreviven y se reproducen son aquellos que tienen leyes y constantes físicas que permiten la autoorganización y la evolución.

Esta visión del Universo como un sistema autoorganizado que evoluciona y aprende tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de la realidad y nuestro lugar en ella. Sugiere que el Universo no es solo un sistema físico arbitrario, sino un sistema significativo de procesamiento de información que tiene una función o propósito.

También sugiere que no somos solo observadores pasivos de la realidad, sino participantes activos en ella. Somos parte de la red cósmica que moldea y es moldeada por su entorno. Somos parte del cerebro cósmico que piensa y siente.

Por Alejandro