lincoln un racista extremo que libero a los esclavos por estrategias de guerra y politicalincoln un racista extremo que libero a los esclavos por estrategias de guerra y politica

En 1809 nacieron el presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln y el naturalista inglés Charles Darwin. El primero pasó a la cronica como el libertador de los esclavos y el segundo, como el científico que descubrió la evolución de las razas y los antecedentes habituales del hombre y el mono. Sobre ambos, en cambio, pesan graves dudas. De Lincoln se dice que era un racista que emancipó a los esclavos por conveniencia, y de Darwin, que su teoría no era original.

Lamentablemente, hay demasiado de verdad en ambas críticas. Sobre todo en el racismo de Lincoln. “No estoy ni he estado jamás a favor de la igualdad social y política de blancos y negros, ni de otorgar el voto a los negros, ni permitirles ocupar cargos públicos o casarse con blancos.” Esta frase, tomada de un discurso de Lincoln, pinta sus ideas racistas. También son racistas gran cantidad de sus conversaciones privadas (los llamaba ‘niggers’, término profundamente peyorativo), de sus peroratas públicas (“Hay una diferencia física entre las dos razas que prohíbe para siempre que convivan en términos de igualdad”) y de sus actuaciones como gobernante (apoyó las llamadas Leyes Negras, que negaban a los afroamericanos los derechos ciudadanos y castigaba a los esclavos cimarrones).

La propuesta inicial de Lincoln consistía en liberar a los esclavos, pero como parte de un plan que los deportaría al África, “de donde vinieron”. De este modo, ciertos estados de la Unión Americana se convertirían en un santuario “para los blancos libres del planeta entero”. No lo llegó a poner en práctica porque fue asesinado anteriormente.

Durante su presidencia (1861-1865) firmó la Ley de Emancipación de Esclavos, indudablemente; pero, primero, lo hizo por conveniencia política y estrategia de combate durante la Guerra de Secesión (el Norte estaba al borde de la derrota) y no por razones estrictamente humanitarias; segundo, se trata de una libertad erizada de circunstancias y limitaciones, y, tercero, actúa bajo la presión de Wendell Phillips, Thaddeus Stevens, Frederick Douglass y diferentes liberales, que llevaban años preconizando la igualdad de blancos y negros y promoviendo leyes antiesclavistas. Si buscan próceres de la provoca, son estos personajes, no Lincoln. Todo ha confluido, en cambio, para convertirlo en un santo civil: su ascenso de la pobreza a la Presidencia, sus virtudes de estadista en diferentes órdenes, su asesinato…

Encima del racismo lincolniano se conocían unos cuantos ensayos, que quedaron aplastados bajo el mito histórico. Pero en el 2000, el respetado historiador negro Lerone Bennett Jr. publicó un texto demoledor, cuyo título traduce, más o menos, Glorioso a la fuerza: el Sueño Blanco de Abraham Lincoln. Bennett alega allí que este hombre, equivalente a Santander en nuestra cronica patria, “no debe observarse como la superación de la tradición racista norteamericana, sino como su encarnación”. El creador cita suficientes documentos, actuaciones, cartas y discursos del conocido patriarca como para que el historiador William Fitzhugh Brundage manifieste que se trata de “la crítica más documentada sobre las creencias racistas de Lincoln”.

A pesar de ello, es tan energica la leyenda en su favor que la verdad no ha logrado hacerle mella. En Estados Unidos es anatema hablar mal de Lincoln. Jack W. White, reportero de Time, reconoce que una campana neumática rodea y acalla las contundentes evidencias de Bennett. Actualmente llega el bicentenario natal de Lincoln y se multiplicará el ditirambo. Está bien que se lo elogie como defensor de la libertad política y la tolerancia. Pero que no nos lo sigan vendiendo como héroe de la igualdad racial. Lincoln era un racista a quien le tocó contradecir, como guerrero y político pragmático, sus execrables convicciones

Misterios y Conspiraciones

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Por Sandra