Leyenda de la patasola

Leyenda de la patasola

13 septiembre, 2021 Desactivado Por Alejandro

Habita entre la maraña espesa de la selva virgen, en las cumbres de la llanura. Con la única pata que tiene avanza con rapidez asombrosa. Es el endriago más temido por colonos, mineros, cazadores, caminantes, agricultores y leñadores.

Leyenda de la patasola

Varios aventureros manifiestan que es una chica guapisima que los llama y los atrae para enamorarlos, pero avanza hacía la oscuridad del bosque a donde los va conduciendo con sus miradas lascivas, hasta convertirse en una chica horrible con ojos de fuego, boca desmesurada de donde asoman unos dientes de gato y una cabellera corta y despeinada que cae encima del cara para ocultar su fealdad.

En diferentes ocasiones, oyen los lamentos de una chica extraviada; la gritan para auxiliarla, pero los quejidos van tornándose más lastimeros a medida que avanza hacia la víctima y cuando ya está muy en las proximidades, se transforma en una fiera que se lanza sobre la persona, le chupa la sangre y termina triturándola con sus agudos colmillos.



La defensa de cualquier persona que la vea, consiste en rodearse de animales domésticos, si bien advierten que le superan los perros, calificándolos a todos como animales “benditos”.

se comenta que este personaje fue inventado por los hombres celosos para asustar a sus esposas infieles, infundirles terror y simultáneamente, identificar las bondades de la selva. Narran que en cierta zona del Tolima Grande, un arrendatario poseía como esposa una chica muy linda y en ella tuvo tres hijos.

El dueño de la hacienda anhelaba conseguirse una consorte y llamó a uno de los vaqueros de más confianza para decirle: “…vete a la quebrada y escoje entre las lavanderas la mejor; después me dices quién es y cómo es…”. El hombre se fue, las vió a todas detenidamente, al instante distinguió a la esposa de un vaquero compañero y amigo, que fuera de ser la más adolescente, era la más bella. El vaquero regresó a darle al patrón la filiación y demás datos sobre la mejor.

Cuando arribó el tiempo de las “vaquerías”, el marido de la bella relató al vaquero emisario sus tristezas, se quejó de su mujer, pues la notaba fría, menos cariñosa y ya no le arreglaba la ropa con la misma asiduidad de anteriormente; vivía de mal genio, era déspota desde hacía varios días hasta el día de hoy. Le confesó que le provocaba irse lejos, pero le daba pesar con sus hijitos.

El vaquero sabedor del incognito, compadecido de la situación de su amigo, le relató lo del patrón, advirtiendo no tener él ninguna culpabilidad.

El entristecido y traicionado marido le dio las debido a su compañero por su franqueza y se fue a cavilar a solas encima del tema y se decía: “…si yo pudiera convencerme de que mi chica me engaña con el patrón, que me perdone Dios, porque no respondo de lo que ocurra…”. Después planeó una evidencia y se dirigió a su vivienda. Allí le relató a su mujer que se iba para la villa porque su patrón lo mandaba por la correspondencia; que no regresaba esa noche. Se despidió de beso y acarició a sus descendientes. A galope tendido salió por diferentes zonas para matar el tiempo. Arribó a la cantina y apuró unos tragos de aguardiente. A eso de las nueve de la noche se fue a pie por entre el monte y los deshechos a espiar a su chica.

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