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El avistamiento de Kenneth Arnold es considerado, en la casuística ufológica, un «suceso perfecto» al valorar que un piloto, conocedor del cosmos aéreo, aporta un una declaración más fiable. Se trata pues, de un declarante de élite. ¿Vio Arnold naves espaciales originarios del cosmos exterior?

Bastantes ufólogos no poseen en cuenta las variables psicológicas que interfieren entre lo que una persona ha percibido en un principio y lo que cuenta más tarde

¿TESTIGO DE ÉLITE?

Uno de los primeros detalles –escasamente citado en la bibliografía ufológica–, es que Kenneth Arnold no sobrevolaba en solitario el monte Rainier. En los alrededores, a unas veinte millas (32 kilómetros), estaba otro piloto embarcado en un Douglas DC4. Si bien es particularmente las dimensiones de este DC4 en la separación, lo que le permite a Arnold desechar por su tamaño que los objetos sean una bandada de gansos, el piloto de esta avioneta no certificó haber contemplado nada raro en los cielos. Así lo recoge, tan sólo dos días mas tarde, la nota informativa publicada en The Evening Star, donde además se hace eco del incredulidad con el que tanto la Armada como la Administración Civil Aeronáutica habían recibido las explicaciones de Arnold. Teniendo en narra que es particularmente el DC4, que se preserva en el mismo ángulo de visión, lo que permite a Arnold establecer una comparativa de tamaño con los nueve objetos, resulta raro que el piloto de este artilugio no fuera declarante además del avistamiento. Esto representa que, fuera lo que se manifestara en los cielos, esto no debió tener una naturaleza lo bastante extraordinaria…

Si bien su una declaración es prolijo en detalles de dimensiones, velocidades y distancias, la verdad es que estas estimaciones no poseen por qué tomarse al pie de la letra. Bastantes ufólogos no poseen en cuenta las variables psicológicas que interfieren entre lo que una persona ha percibido en un principio y lo que cuenta más tarde. En realidad, una revisión hecha por el ufólogo Martin Kottmeyer teniendo en cuenta la orografía montañosa llega a la deducción de que las estimaciones de piloto en relación a la altitud a la que volaban los objetos era equivocada. Arnold interpretó que los objetos desaparecían detrás de uno de los picos (el Pequeño Tahoma) cuando en verdad estaban delante –y no fueron observados por la perspectiva que ofrecían en su ángulo de visión–. Esto representa que los objetos estaban más en las proximidades de lo que él imaginaba, sobreestimando así su tamaño y velocidad.

¿ES UN PÁJARO, ES UN AVIÓN…?

Son varias las teoría que se han elaborado intentando de rastrear una aclaración al raro avistamiento protagonizado por Kennet Arnold. He aquí algunas de ellas:

-PROTOTIPO EXPERIMENTAL: El prototipo de avión bombardero Northrop –y más concretamente el modelo YRB-49A– se parece gran cantidad a lo descrito por Arnold. en cambio, la cronología y el escenario de sus vuelos experimentales no concuerda con el sitio y la fecha del avistamiento en monte Rainier.

-REFLEJOS SOLARES: Según el astrónomo Donald H. Menzel (1901-1976), en las cumbres montañosas se generan nubes de nieve que reflejan el sol con la misma intensidad que si fueran espejos. El viento racheado aceleraría dichas nubes otorgándoles ese desplazamiento característico de «platillo volante».

-METEORITOS: Es la explicación propuesta por Philip Klass (1919-2005), considerado el «Sherlock Holmes de la ufología», al avisar que un meteorito fue avistado por esas mismas fechas.

-BANDADA DE AVES: En 1997, Martin Kottmeyer propuso que pudiera tratarse de un grupo de cisnes. A partir de esta teoría, una noticia difundido en Fortean Times (agosto de 2000) por James Easton profundiza en el ámbito de la ornitología para identificar el tipo de ave autóctono que pudo haber creado el avistamiento. El pelícano blanco americano –cuya envergadura puede superar los tres metros–, presenta un color blanco –muy reflectante–, con bordes de ala oscuros y se agrupa en bandadas cuya cadencia de vuelo es sospechosamente parecido a la de los «platillos volantes» reportados por Arnold, lo que es congruente con su una declaración: «Una característica de estas naves que me sorprendió profundamente era cómo ondulaban y se desplazaban, inclinando sus alas alternativamente y emitiendo esos fuertes reflejos blanco-azulados desde su superficie».

Por Alejandro