Los sucesos del embalse de Benagéber

Los sucesos del embalse de Benagéber

25 marzo, 2021 Desactivado Por Alejandro

(Empleado a mi hermano de alma David Sousa, con quien pasé largos instantes hablando y dando forma a los fenómenos insólitos y forjamos unos lazos que han durado desde los tiempos de ensueño, hasta hoy ….)

Entre las múltiples facetas propias del fenómeno OVNI poseemos la derivada de la magnitud del inconveniente, de la casuística. Los sucesos OVNI, en concreto los aterrizajes, no son hechos aislados. Cuando se registran en una zona concreta, van acompañados de diversos hechos no explicables, por repetidas observaciones de objetos y fenómenos sin identificar de distinto forma, comportamiento e impacto en el observador, que se concentran durante un breve tiempo en un área muy limitada, denominando esta situación en términos ufológicos como un flap. Si el fenómeno aterrizaje, que parece caracterizar, en esta representación absurda, el clímax de la situación, llega a los medios de comunicación, a los curiosos o a los expertos que se desplazan al sitio de las misteriosas observaciones, el fenómeno se ha ido y sólo queda la impresión en los atónitos declarantes.

Algunas de estas zonas, por razones que no sabemos, han sido revisitadas por el fenómeno, intrigando a los expertos, que se preguntan el por qué de tan curiosa predilección: ¿se debe a que en la zona hay más expertos que manejan un mayor número de informaciones? ¿hay razones de índole geofísicas? ¿acaso los residentes de la zona tienen algún rasgo notable para que despierte el interés de una supuesta civilización alienigena? ?¿son razones demográficas, como mostraria Jacques Vallée? según el experto de origen galo que difundiría sus principales teoría en el texto titulado Pasaporte a Magonia y conocidas como las Leyes de Valléela presencia del fenómeno OVNI es inversamente proporcional a la densidad de población, esto es, a menor número de residentes mayor número de avistamientos.

El embalse de Benagéber

Vista del embalse con el muro de la presa o espaldón al fondo y el aliviadero a la izquierda

El embalse de Benagéber, se halla situado en el río Turia, en el municipio del mismo nombre, en la provincia de Valencia, Comunidad Valenciana, España.

El plan de embalse fue idea de José Marqués, ingeniero de caminos natural de Liria, interesado en la regulación de los caudales del Turia y en la desviación de sobrantes para concebir una zona de riego en el llano de Casinos-Llíria. Fue incluido en el Plan de Obras Hidráulicas de 1912. En 1931 la Dirección General de Obras Hidráulicas aprobó su edificación y el plan fue encargado a Fausto Elío y Torres. Diferentes discrepancias entre la dirección general y el ingeniero de caminos motivaron el encargo de un reciente plan a Carlos Dicenta, al final aprobado. a lo largo de la Segunda República fue bautizado como «embalse de Blasco Ibáñez». Las obras fueron inauguradas en 1933 por Niceto Alcalá-ZamoraManuel Azaña e Indalecio Prieto. La edificación determinó en el año 1955, rebautizándose como «embalse del Generalísimo». El actual embalse de Benagéber ocupa 722 ha, con una capacidad máxima de 228 hm³. Tiene una presa de gravedad y un aliviadero tipo morning-glory y de él parte el canal Campos del Turia, que abastece una notable zona regable entre los términos de Casinos y Bétera.

La edificación del pantano causó el abandono de la villa de Benagéber, cuyos residentes tuvieron que desplazarse a un reciente núcleo erigido a escasos kilómetros del embalse, que conserva el nombre de Benagéber, y a diferentes dos edificados más próximos a Valencia, San Antonio de Benagéber San Isidro de Benagéber.

El pantano forma parte a la Confederación Hidrográfica del Júcar y es utilizado para diferentes actividades recreativas, existiendo una reserva natural de animales en una de sus penínsulas con una extensión de 365 ha, la reserva de Valdeserrillas.

Los sucesos 

Los cuatro sucesos se observaron entorno al pantano de Benagéber, que en el pasado se denominaba pantano del Generalísimo, donde encontramos un paraje solitario y agreste; dos de ellos pertenecían a los años 1964 y 1973, respectivamente, otro de mayo de 1974 y el último de octubre de 1974.

  • Primer suceso

La fecha  no se conoce con precision, finales del verano o principios del otoño de 1973. El sitio, la carretera que bordea el embalse (carretera local CV-390) que se dirige a TuéjarLuis Giménez conducía una furgoneta “Renault”, acompañado por el hermano de su novia, Juan Cifuentes, que por aquel por lo tanto estudiaba quinto curso de bachillerato. Iban en dirección al pantano, hacia el kilómetro 3 observaron una luz rojiza, cuya superficie tendría un metro cuadrado, de forma tetraédrica, con facetas “como un diamante”. Estaba posada en un montículo a unos 20 m. de separación. De repente, la luz se apagó. Lo insolitos es que un kilómetro más abajo observaron un coche aparcado, Juan precisó que era un “Seat 127” de color amarillo, si bien no fueron observados sus ocupantes.

  • Segundo suceso

El siguiente suceso forma parte a la era más crítica de observaciones en la zona del pantano. Luis Giménez Illueca, era un adolescente de 28 años, matarife de profesión, su nivel de investigaciones quedó restringido al quinto curso de bachillerato, durante un lustro fue marinero y prestó el servicio militar en la Armada. Sus padres, eran dueños de un bar en las proximidades del pantano, a donde acostumbraba ir todos los fines de semana. Con asiduidad le acompañaba Juan Nebrera Otero, novio de su hermana, soldador de profesión, de 22 años de edad por aquel por lo tanto, a quien dejaba de vez en cuando en Tuéjar de vuelta a Valencia.

Sitio cercano del kilómetro 6 donde Luis Giménez Illueca paró la furgoneta “Renault”

La observación se provocó sobre las 10:00 de la noche del domingo 19 de mayo de 1974. Ambos regresaban a Valencia en la misma furgoneta del suceso anterior que era conducida por Luis. Marchaban por esa misma carretera, la que conduce a Tuéjar. Al salir de un túnel próximo al embalse, en donde empieza la subida al puerto de Mataparda, observaron algo comparable a “relámpagos” al lado contrario del puerto. Al comienzo pensaron en la cercanía de una tormenta, pero se percataron que el firmamento nocturno estaba limpio de nubes y estrellado. Poco mas tarde de rebasar el puerto, un collado de 850 m. de altitud encima del nivel del mar, distinguieron, a su izquierda, seis o siete destellos muy “seguidos”. Continuaron un trecho y detuvieron el vehículo en el kilómetro 6, a la altura de un camino que conduce a un observatorio forestal. Allí se percataron que a la altura del kilómetro 8, a media falda entre la carretera y la cumbre, una “cosa colorada” que estaba desplazándose lentamente a nivel del suelo y que despedía una poderosa luz intermitente, “era una luz, un tipo de foco o reflector, que se desplazaba con una luz roja detrás”.

Segundo de los objetos observado en las cercanías del pantano el 19 de mayo de 1974

La figura del objeto que portaba la luz no pudo distinguirse, la luz intermitente recordaba de una ambulancia pero mucho más grande y más intensa; sus destellos iluminaban 10 o 12 m. de carretera y eran de color anaranjado, “de color rojizo tirando a blanco”. Los dos jóvenes se confesaron entre ellos que poseían temor, que lo sentían, pese a lo cual decidieron continuar su camino y averiguar qué era aquello. Cuando Luis se disponía a arrancar la furgoneta, cosa que no llegó realizar, apareció desde detrás de un monte situado a su izquierda, un elemento de forma discoidal con dos salientes en forma de boveda, uno superior, más grande y pronunciado y otro inferior. El objeto estaría a unos 300 m. de separación y calcularon su circunferencia del tamaño “de un camión”, era de color rojizo y de bordes mal definidos. El OVNI, subió silenciosamente 25 o 30 m., permaneció estático durante unos segundos y bajó vertiginosamente, volviendo a quedar escondido por el monte. De mientras, el primer objeto continuaba su movimiento, a una velocidad que asemejaron al caminar de una persona, recorriendo a ras de suelo la falda del monte para posteriormente desaparecer volando en dirección Norte. En ese instante, Luis, arranca la furgoneta y siguen camino hacia Tuéjar. Cinco minutos mas tarde de comenzar la marcha siguieron viendo los raros “destellos” del comienzo, pero al llegar a esta población ya no se divisaba nada anormal.

Antiguo puesto abandonado de la Guardia Civil en las cercanías del pantano

A la semana siguiente Luis, Juan y una dotación de la Guardia Civil del puesto del pantano, recorrieron la zona sin que fuese encontrado rastro alguno de huellas o señales.

  • Tercer suceso

Antigua Casa Forestal en las cercanías del embalse, en la zona llamada Pico Franco

Serían las 00:15 horas del 13 de octubre de 1974. Hubo cuatro declarantes, el principal, un francés que por aquel por lo tanto contaba 24 años, ingeniero de montes, licenciado en letras y teniente de complemento del Ejército del Aire francés (piloto de caza a reacción con más de 2.500 horas de vuelo). Iba con una amigo, Juan, y les acompañaban dos amigas de veintiún años. El adolescente piloto conducía un automóvil, marca “Citroën 64” por una pista en dirección a la Casa Forestal, cuando observaron en la lejanía unos “relámpagos” que se asemejaban a los que preceden a las tormentas de verano, de color azul blanquecino.

Cuando estaban en las proximidades de la Casa Forestal, en una cota de 610 m., observaron entre ellos y la casa, a unos 200 m. de separación, un objeto luminoso, totalmente esférico, cuyo circunferencia sería de unos 10 m. (mayor que un camión), suspendido a unos 3 m. del camino. Su color, azul y blanco, y su luminosidad, se mantuvieron invariables en el transcurso de toda la observación.

El adolescente piloto francés, paró el coche e intentó dar la vuelta, pero el lugar era angosto y no había cosmos bastante para la maniobra. Puso las luces de cruce y unos 20 s. mas tarde, la esfera luminosa se esfumó por completo de su vista, “como si se hubiese apagado de repente”.

a lo largo de el tiempo que duró la observación, el adolescente piloto puso la luz larga y no fue reflejada por la esfera luminosa. Escasos segundos mas tarde de que el objeto desapareciera, volvió a alumbrar el camino con la luz larga, y al no ver nada anormal continuaron con la excursión, a pesar de que las dos chicas estaban muy asustadas, casi histéricas. Al día siguiente, impulsado por la curiosidad, volvió al sitio donde apareció el fenómeno pero no halló ningún vestigio que pudiera vincularse con la observación de la noche anterior. En el transcurso de la observación no se oyó ningún ruido, ni se produjeron anormalidades en el motor del vehículo, ni fallos en los faros. La radio no estaba encendida.