El encuentro del pintor con los humanoides de “ocho dedos”

El encuentro del pintor con los humanoides de “ocho dedos”

25 marzo, 2021 Desactivado Por Alejandro

El 14 de agosto de 1947 se registró el primer suceso denunciado de alienigenas. El suceso fue protagonizado por R. L. Johannis, pintor y escritor.

Todo sucedió mas tarde de iniciarse la era moderna de los “platillos voladores” y ocurrió en Villa Santina, en las proximidades del arroyo Chiarso (Italia). Johannis, mientras pintaba, pudo ver un objeto con forma de lente de 10 metros de ancho. El metal era rojo y estaba encajado en la grieta de una roca en los Alpes italianos.

El encuentro

Dibujo de los humanoides
avistados por R. L. Johannis

El artista manifestó que medían en torno de 1 metro de altura y vestían un mono azul oscuro, comparable a un material plástico, con un cuello y un cinturón de color rojo reluciente. igualmente llevaban cascos esféricos en las cabezas, similares a un gorro de baño, y cuyas cabezas parecían más grandes de lo normal, pero sus rostros no estaban cubiertos. Sus rostros eran de color verdoso, sus ojos eran grandes y color ciruela con una línea vertical en el centro, y no poseían pestañas ni cejas. Cada uno poseía una nariz recta y gran cantidad grande. De boca, sólo poseían una mera rendija que abrían y cerraban continuamente. Sus manos eran como garras, de color verdoso, y con ocho dedos en cada uno, cuatro opuestos a cuatro de la misma forma que nuestros pulgares se oponen a nuestros dedos (retráctiles). asimismo, los entes caminaban como robots y con los brazos colgando.

Debido al susto, Johannis se quedó paralizado. Tras un par de minutos, el pintor agitó su mano, aun con los pinceles, intentando de comunicarse con ellos. Es factible que este gesto fuera interpretado de forma hostil, dado que uno de los humanoides puso su mano en su cinturón y emitió una bocanada de humo. Esto causó que el artista cayera aturdido de espaldas. Después, se vio tirado en el suelo, paralizado y sintiendo como si hubiese recibido una descarga eléctrica.

Después, las dos criaturas se aproximaron a dos metros del artista postrado y se quedaron examinando su caballete. Si bien débil, consiguió darse la vuelta y vio a los entes levantar el caballete que había sido derribado; percibió que era más alto que ambos. igualmente sintió que estaban jadeando pesadamente. 

Los entes caminaron lentamente hacia el platillo que se encontraba en la grieta de la roca. El disco se elevó verticalmente hasta unos 4,5 metros de altura. Allí se mantuvo suspendido, se inclinó un poco y despegó.

La ráfaga de viento originó que el artista cayera al suelo. Posteriormente de dos horas, se sintió capaz de caminar hasta su domicilio.

Cabe sobresalir que Johannis jamás había oído hablar de los platillos volantes.