¿Podría el entrelazamiento cuántico aclarar la comunicación telepática?

¿Podría el entrelazamiento cuántico aclarar la comunicación telepática?

19 marzo, 2021 Desactivado Por Alejandro

concepto de telepatía ilustración digital

Hace unos años, un experimento dejó a un sujeto de evidencia en la India comunicarse con alguien en Francia sin hablar ni escribir. Más tarde ese año, otro grupo desarrolló una interfaz telepática que dejó a dos personas colaborar utilizando sus mentes para jugar un videojuego. Pero estas modalidades telepáticas para nuestros aparatos tecnológicos parecen análogas si se compara con la telepatía psíquica que bastantes de nosotros experimentamos en algún instante de nuestras vidas. ¿Podría el entrelazamiento cuántico cerrar la brecha?

Investigación de telepatía

La comunicación cerebro a cerebro, o lo que la mayor parte de nosotros podría llamar telepatía, se está desarrollando hoy en dia para edificar interfaces más avanzadas y convenientes para la tecnología que usamos hoy. Si bien es gran cantidad lento en este instante, estas interfaces pronto pueden usarse para manipular mediante telepatia aparatos inalámbricos, dominar prótesis y comunicarse de nuevas maneras.

Nuestros cerebros son una intrincada red de neuronas y sinapsis que transmiten señales eléctricas que se convierten en recuerdos, comandos e ideas. Y cuando estas neuronas transmiten datos de un lado a otro, a su vez crean ondas cerebrales u oscilaciones sincrónicas que añaden y transfieren información a través de distintas segmentos del cerebro.

En la actualidad, esas ondas cerebrales se pueden traducir externamente por medio el uso de electroencefalografía o un casquillo de EEG. Estos gorros de natación salpicados de electrodos miden constantemente las señales eléctricas del cerebro en distintas regiones, traduciéndolas a datos que pueden apuntar de qué parte del cerebro proceden esas señales y cuáles son sus intenciones generales.

En un experimento de 2014, los expertos consiguieron un vasto avance con una nueva interfaz que permitía que las señales del cerebro de un individuo manipularan un exoesqueleto robótico, lo que dejó a un hombre que en algún momento estuvo paralizado proyectar la patada inicial en la Copa del Planeta. los investigadores implicados en estos ensayos admiten que presagian un futuro en el que esta tecnología se volverá tan habitual, que navegaremos por Internet y manipularemos nuestros aparatos utilizando solo el pensamiento.

Por lo tanto, ¿hay la telepatía?

En este sentido, la comunicación telepática ha comprobado ser esencialmente factible, pero ¿qué pasa con el tipo de sucesos telepáticos que experimentamos de forma natural? La mayor parte de los individuos han probado algún tipo de PES raro, ya sea en forma de precognición, clarividencia, intuición o proyección remota.

Pero si este fenómeno se midiera en la figura en que funcionan las interfaces cerebrales, esperaríamos ver cosas como una desintegración de la señal de las ondas cerebrales a largas distancias o la interferencia de diferentes emisiones de ondas cerebrales. Sin embargo, cuando experimentamos fenómenos ESP, parece insensible a estas cosas. ¿Pero por qué?

La hipotesis de la resonancia mórfica de Rupert Sheldrake propone una idea por la cual todos los equipos autoorganizados en la naturaleza se enlazan a un tipo de memoria colectiva que no está almacenada en el cerebro. Sin embargo, esta memoria heredada hay psíquicamente y se puede acceder a ella sin importar la separación.

Una apariencia de este concepto es que la memoria se transmite a través de la genética, pero no en el sentido de que los datos esté escrita en nuestro ADN. Por contra, Sheldrake proporciona el ejemplo del fracaso del Plan Genoma Humano, que no pudo predecir si la dolencia o los atributos físicos se transmitirían en función del ADN de uno.

Inclusive para algo tan sencillo como la altura, resultó que los datos conseguida de la secuenciación genética dio solo un cinco por ciento de confianza para predecir la altura de la progenie de los individuos, si se compara con el 80 por ciento de confianza en sencillamente medir la altura de los padres.

Sin embargo, esta memoria colectiva parece transmitirse en el interior de grupos de la misma especie que coexisten juntos, y cuanto más unido es un grupo, más fuerte hay un vínculo psíquico.

En la naturaleza, esto se puede ver en el comportamiento de bandadas de aves o peces. Cuando estos animales pululan en cardúmenes o murmuraciones, permutan bruscamente de dirección sin chocar entre ellos. Esta mentalidad de colmena es algo incomprensible por la ciencia, mientras que es posible que haya evidencia de algún tipo de comunicación telepática.

Pero, ¿cuál es el mecanismo tras todo esto? ¿Podría explicarse por medio la hipotesis cuántica?

La factible explicación cuántica

A los físicos no les gusta lo que se está convirtiendo en una hipotesis trillada de que puede haber un vínculo entre la física cuántica y nuestro pensamiento; sin embargo, parece haber cada vez más evidencia de una conexión.

Einstein no era el mayor fanático del entrelazamiento cuántico, y lo desechó como “acción escalofriante a separación”, porque no encajaba en su hipotesis general de la relatividad. Pero el entrelazamiento cuántico es actualmente un concepto probado que se utiliza para la computación cuántica, y varios físicos admiten que podría desempeñar un papel en nuestro pensamiento.

Sir Roger Penrose propuso por vez primera el plan de una conexión entre los procesos cuánticos y la conciencia, y velozmente fue condenado al ostracismo por ello. El plan fue considerada un sacrilegio para sus colegas materialistas, que pensaban que la conciencia era un producto físico del cerebro.

en cambio, hubo otra ola de aceptación de esta hipotesis apoyada por el estudio del estimado físico de UC Santa Bárbara, Matthew Fischer. Su hipotesis le llegó  mientras se recuperaba de la depresión.

A Fischer le recetaron antidepresivos que los encontraron altamente efectivos y capaces de sacarlo de su depresión. Pero se asombró al conocer que la medicina moderna verdaderamente no tiene idea de por qué los antidepresivos funcionan de la forma en que lo hacen para afectar la función cerebral.

Fischer investigó un poco y localizó un experimento en el que los investigadores administraron a ratones dos isótopos distintas de litio y observaron su comportamiento. Localizó que los ratones que recibieron litio-6 mostraron comportamientos maternos más fuertes si se compara con los que recibieron litio-7. ¿La única desigualdad entre los dos iones? Giro nuclear.

El giro nuclear determina cuánto tiempo puede mantenerse un átomo en un estado entrelazado o cuánto tiempo continua coherente. Con espines más bajos, el núcleo del átomo interactúa menos con los campos eléctricos y magnéticos, lo que ralentiza su decoherencia. En el cerebro de los ratones, el litio-7 con un giro más alto se descodificaría muy rápido, pero el litio-6 funcionó, a pesar de únicamente una desigualdad de peso de un neutrón.

Esto llevó a Fischer a el plan de que el litio podría interactuar con el cerebro a través del entrelazamiento cuántico: para determinadas sustancias químicas, el giro debe ser el correcto para enredarse con las neuronas del cerebro. Esto poseía la profunda participación de que nuestra cognición puede involucrar procesos cuánticos.

Dean Radin es uno de los nombres más notables que estudia lo que él llama “mentes enredadas”. Radin es el investigador jefe del Instituto de Ciencias Noéticas y ha empleado la mayoría de su carrera al ensayo de los fenómenos psíquicos, bajo la premisa de que el entrelazamiento cuántico puede cerrar la brecha entre una función a simple vista paranormal y la ciencia demostrable.

Radin dice que, según la ciencia del siglo XVII, o la física newtoniana, es sencillo considerar la telepatía y los fenómenos psíquicos como paranormales, pero actualmente que se ha testado el entrelazamiento cuántico y que los objetos alejados se pueden conectar a grandes distancias, psi podría potencialmente transformarse en un , función natural.

En este sentido, es factible que el cosmos en sí sea un objeto único, enredado en sí mismo, y además nuestros cerebros. Y si la física cuántica es capaz de probar esto, podría cambiar toda nuestra concepción de la realidad y la conciencia misma.