Físico asevera que el tiempo transcurre en dos direcciones opuestas

Físico asevera que el tiempo transcurre en dos direcciones opuestas

2 marzo, 2021 Desactivado Por Alejandro

La historia del inicio del cosmos es gran cantidad conocida, pero, quizás, no ocurrió exactamente como nos la han contado y sobre todo como trascurre el tiempo.

Según la hipotesis del Big Bang, hace 13.800 millones de años un lugar más pequeño que un átomo produjo una gran explosión.

A partir de ahí, se creó toda la materia que compone nuestro cosmos, que incluso hoy sigue expandiéndose.

Y además fue justo en ese instante que empezó a correr el tiempo, que desde por lo tanto además avanza imparable. Tic, toc, tic, toc…

La gran explosión lanzó partículas en todas las direcciones, que después se fueron agrupando para formar estrellas, mundos y galaxias que viajan por el cosmos.

El tiempo, en cambio, parece viajar en una sola dirección, continuamente hacia adelante, como una flecha que vuela por el aire.

Pero, ¿por qué si el cosmos y la materia se expanden en todas las direcciones, el tiempo solo se mueve hacia adelante

Un veterano investigador teórico desafía esta idea. En realidad, cuestiona la descripción clásica del Big Bang y propone una nueva concepción del tiempo.

Su nombre es Julian Barbour, un maestro retirado que enseñó física en la Universidad de Oxford, que ha difundido sus investigaciones en las revistas científicas más prestigiosas, y a quien colegas reconocen como alguien con ideas profundas, originales y audaces sobre los asuntos fundamentales del cosmos.

Barbour es el creador de Llegar al punto Jano: una nueva hipotesis del tiempo, en el que propone un cosmos de dos caras, con un tiempo que avanza en dos direcciones y al que le augura un final más esperanzador que la muerte fría que algunas hipotesis le vaticinan a nuestro cosmo

En BBC Planeta conversamos con Julian Barbour para comprender de qué se trata su provocadora idea y cómo nos puede llevar a profundas cuestiones sobre nuestra presencia.

Julian Barbour es reconocido por sus ideas audaces encima del cosmos.

Un cosmos con dos caras

En la leyenda de la antigua Roma Jano era la deidad de los principios y los finales.

Usualmente se le representaba como un hombre con dos caras mirando en direcciones opuestas.

La figura de Jano ilustra muy bien el plan de Barbour encima del inicio del cosmos.

Su propuesta es que en el Big Bang el tiempo no empezó a transcurrir en un único sentido, sino que además pudo iniciar a correr en la dirección exactamente contraria.

Según Barbour, si Jano hubiera estado en el Big Bang, hubiera podido ver como el tiempo comenzaba a avanzar en dos direcciones opuestas, las cuales él podría ver simultáneamente con sus dos caras.

Para comprender cómo arribó a esa conclusión debemos comprender dos conceptos clave: la segunda ley de la termodinámica y la entropía.

Desorden

Barbour recurre a una nueva forma de ver la segunda ley de la termodinámica.

Esta ley establece que un sistema evoluciona continuamente hacia un estado más caótico, pero no al revés.

El ejemplo clásico es una copa de vidrio. Continuamente ocurrirá múltiples posibilidades de que esa copa se rompa y se disperse en mil pedazos, pero conocemos que después de romperse no es posible que esos pedazos vuelvan a unirse para dejar la copa tal como estaba.

Por lo tanto, el vaso es un objeto ordenado que al romperse se desordena, y ese es un proceso irreversible.

En física, a esta medida del desorden se la llama entropía.

La segunda ley de la termodinámica dice que la entropía solo puede incrementar, jamás disminuir.

Por lo tanto, de ahí entendemos por qué decimos que el tiempo avanza en una sola dirección: porque el tiempo solo avanza en la dirección en la que aumenta la entropía.

Entre más tiempo dejes un vaso en una mesa, aumentará el riesgo de que alguien lo tropiece y lo rompa.

Pero después de que esté roto en el suelo, podrán pasar mil años y el vaso nunca se rearmará.

Igual pasa en el cosmos, entre más pasa el tiempo más aumenta su entropía.

Pensar fuera de la caja

Las leyes de la termodinámica se establecieron durante la Revolución Industrial, cuando los ingenieros intentaban fabricar máquinas de vapor más eficientes en las que se desperdiciara menos energía.

La segunda ley señala que a medida que la energía se transfiere y se transforma, parte de ella se elimina. En términos prácticos, se desperdicia.

Para Barbour ahí radica el inconveniente, porque esta segunda ley se hizo pensando en cilindros y máquinas donde la energía y el calor pasaban de un sitio a diferentes confinados en el interior de un cosmos delimitado

Para él, el error está en pensar que lo que sucede en un cosmos cerrado es lo mismo que ocurre a gran nivel en un cosmos que no tiene límites.

En palabras de Barbour, literalmente «hay que pensar por fuera de la caja».

Aumento de la complejidad

Veamos el ejemplo que utiliza Barbour.

Si ponemos un cubo de hielo en el interior de una caja, la entropía aumentará de esta forma: primero poseeremos un cubo muy ordenado, es decir, con baja entropía.

Después ese cubo se derretirá y el agua se derramará por la caja, la entropía va aumentando.

Al final, el agua se podrá evaporar y sus partículas se repartirán de forma indistinguible por toda la caja, la entropía arribó a su máximo nivel.

En un cosmos sin límites, dice Barbour, esas partículas de agua podrían seguir viajando y, debido a la gravedad, ir uniéndose a diferentes partículas hasta formar nuevas construcciones más complejas, que irán creciendo en todas las direcciones del cosmos…y en el tiempo.

Por lo tanto, según Barbour, lo que te determina el paso del tiempo no es el aumento de entropía, sino el aumento de complejidad, sin límites de tiempo ni de cosmos.

Un futuro alentador

En la visión tradicional de la física, la entropía aumenta implacablemente con el paso del tiempo, eso quiere decir que algún día nuestro cosmos llegará a su máximo estado de entropía: se ocurrirá expandido tanto que será un desorden total.

Haz de cuenta que el cosmos es un frasco lleno de canicas, en algún instante, ese tarro se romperá y las canicas quedarán dispersas de forma caótica.

Ese es el futuro que varios investigadores le auguran a nuestro cosmos.

Al tiempo que el cosmos se extiende y aumenta la entropía, el calor y la energía se irán disipando hasta que todo quede frío e inerte.

Es lo que los investigadores llaman la «muerte térmica» o «La gran congelación».

Barbour, en cambio, se aventura con un pronóstico más optimista.

En su hipotesis, la flecha en el tiempo no avanza inevitablemente hacia la entropía total, por contra, lo que él pronostica es un cosmos cada vez más complejo y más estructurado que va creciendo sin fronteras.

En realidad, en vez de disipación, Barbour prefiere decir que la energía se esparce.

Él no estima que el tiempo nos esté llevando en una sola dirección hacia una entropía que convertirá todo en un montón de partículas indistinguibles entre ellos.

Su visión es la de un cosmos cada vez más variado y dinámico, donde no faltará el calor y la energía para seguir creciendo en todas las direcciones del tiempo y el cosmos.

Carpe diem

Para Barbour, su concepción del tiempo y del cosmos lleva implícito un mensaje para la vida.

«Carpe diem», aprovecha cada día, dice el físico de 83 años.

No importa cuál sea el destino del cosmos a nivel cósmico, la verdad es que por actualmente cada ser humano vive con una certeza indiscutible, avisa.

«No quiero ser melancólico, pero tú y yo vamos a morir«.

Por eso, al igual que su visión del tiempo y el cosmos simboliza un cambio respecto a las nociones tradicionales de la física, Barbour estima que cada quien podría tener un cambio de actitud hacia la vida, pensando en el bien de los demás.

«Creo que podemos salvar el planeta si la gente se hace a el plan de ser mejores personas con los demás«.

Y sobre todo, concluye el investigador, no importa en qué dirección avance el cosmos, «mi consejo es que ¡no pierdan el tiempo!».