Akenatón y Abraham: el Faraón y el Patriarca ¿una misma persona?

Akenatón y Abraham: el Faraón y el Patriarca ¿una misma persona?

14 febrero, 2021 Desactivado Por Alejandro

El faraón Akenatón reinó en Egipto durante el período denominado Imperio Reciente entre los años 1353 y 1336 anteriormente de nuestra era, habiendo sido considerado como una de las figuras más enigmáticas de la antigüedad. Se lo representaba en esculturas con llamativos rasgos andróginos, ojos grandes y un cráneo alargado, todo lo cual resultaría curioso para quienes divisaran en el arte de la era una conceptualización uniforme de la fisonomía de los faraones. Se trataba sin ninguna duda de un hombre distinto al montón, no sólo por aquellas notas distintivas a nivel físico, sino además por su impronta y sus ideas religiosas que para la coyuntura serían revolucionarias y hasta heréticas.

En efecto, fue este faraón, quien en su llegada al trono desterraría -aunque no por mucho tiempo- el politeísmo habido en Egipto, sustituyéndolo por el culto hacia un único Dios: Atón, deidad representada con un disco solar. Esta medida sería revolucionaria y fuertemente resistida por sus súbditos, situación que derivaría, al final, en la caída del propio Akenatón y de su gran esposa real, la mítica Nefertiti, reconocida en el transcurso de los siglos por su impactante belleza.

Akenatón. (Public domain)

 

El patriarca Abraham además recibiría la revelación directa del Dios único, Yahveh, y esta no sería la única semejanza que existe entre ambos personajes, habría muchísimas más, sumadas a las sugerentes casualidades entre dos historias de vida prácticamente calcadas y a algún error histórico inserto en el texto del Génesis que se contrapone seriamente con la evidencia arqueológica, lo que nos permite ahondar incluso más en la tesis esbozada por los hermanos Messod y Roger Sabbah, quienes en su texto «Les secrets de l’Exode», mantienen que el Abraham bíblico no sería otro más que el mítico faraón Akenatón.

Resulta una autentica paradoja que Abraham, uno de los padres del judaísmo, quien introdujera el monoteísmo tanto en Canaán como en Egipto, haya transcurrido como una impactante historia en las páginas de La Biblia, y que no exista registro o evidencia alguna que permita otorgarle verdad en el suelo arqueológico. Hasta el día de hoy no se han encontrado remanentes componentes que acrediten seguro que el patriarca existió, lo que no sucede con Akenatón, del que obran infinidad de elementos que dan cuenta de su vida, obra, reinado, vínculos y relaciones humanas.

Lo exibido nos hacen creer (o repensar) que pudiera ser factible esta conexión, o cuanto menos transitar el suelo de la duda con relación a dicha probabilidad.

Vayamos a las escenas de la vida calcadas de ambos personajes.

Como dijimos anteriormente, Akenatón y Abraham accedieron por revelación directa a un único Dios con distinto denominación. Los dos tuvieron por esposa a una chica que a los ojos de la gente resultaba de una belleza inconmensurable, Nefertiti y Sara, respectivamente. A todo suceso, nos detendremos en el mensaje que dejan los escritos bíblicos en Génesis 13, versículos 11, 12, 13 y 14, con relación a la figura de Sara:

“Estando ya próximos a entrar en Egipto, manifestó a su mujer Saray: Mira, yo sé que eres una chica bella. Los egipcios, en cuanto te vean dirán: Es su chica; me matarán, y a ti te llevarán. Di, pues, que eres mi hermana para que me traten bien, en consideración a ti, y yo viva debido a ti. Realmente, cuando Abram entró en Egipto, los egipcios observaron que la chica era muy bella”.

Abraham. (Public domain)

A esta altura resulta cuanto menos dudoso que hablemos de Sara como una chica de edad avanzada, o que fuera convincente la teoría que intenta hacerle creer Abraham a los egipcios de que ambos dos, él mayor de 75 años, y Sara, fuesen hermanos. ¿Será una mención contundente a la belleza de Nefertiti? Sigamos con más «casualidades»…

Había una segunda chica en la vida de Abraham, como además la hubo en la de Akenatón.

Veamos qué dicen los escritos bíblicos:

“Saray, esposa de Abram, no le había dado hijos, pero poseía una esclava egipcia, que se llamaba Agar. Y manifestó Saray a Abram: Dado que Yavé me ha hecho estéril, toma a mi esclava por chica a ver si por medio de ella tendré algún hijo” (Génesis 16, versículos 1 y 2).

Lo mismo habría sucedido con Akenatón y Kiya, ambas mujeres habrían sido convocadas para la concepción de un heredero, y se afirmaba que podría haber un paralelismo entre Ismael, el hijo de Abraham y Agar, y el mismísimo Tutankamón, el presunto descendiente derivado de la unión entre Kiya y Akenatón, si bien vale decir que investigaciones arqueológicos recientes han concluido que Tutankamón sería hijo del faraón pero con una de sus hermanas, descartándose para la comunidad científica que el soberano niño fuera el fruto del amor entre Akenatón y Kiya.

Kiya. (Public domain)

En este sentido, ¿podríamos llegar a concluir que la historia de Abraham y Sara en La Biblia, fue una aclimatación de la vida de Akenatón y Nefertiti? Hay una mención en Génesis 24, versículo 10, advertida por los hermanos Sabbah en su texto, que es la presencia de camellos, los que a la postre eran desconocidos en Canaán y Egipto, hasta siglos mas tarde de la era de los patriarcas (2.000-1.500 a. C.).[1] Esta incongruencia alimenta un misterio que sólo podría zanjarse a partir de confrontar los remanentes mortales de ambos personajes, dado que sólo de esta forma cobraría fuerza y vigor la versión oficial que concibe a los dos profetas como entes humanos independientes el uno del otro que transitaron el globo terráqueo.

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Durante bastantes años se especuló con la destrucción de la momia de Akenatón a manos de sus detractores quienes se encargaron de borrar la mayor parte de las referencias habidas encima del faraón hereje bajo la pretensión del olvido liso y llano. En la actualidad se ha tenido por desechada esta tesis, habiéndose concluido a partir de investigaciones de ADN sobre los remanentes de Tutankamón, que una de las momias encontradas en la sepulcro KV55 del Valle de los Soberanos en Egipto sería la de su padre, Akenatón, lo que nos llevaría indefectiblemente a la Sepulcro de los Patriarcas, sitio divino de la antigua metrópoli de Hebrón, al sudoeste de Cisjordania, en Palestina, donde se estima que estaría sepultado Abraham, con la pretensión de develar este enigma.

Akenatón y Abraham, ¿la misma persona?

No habría certezas con relación a ello, dado que varios contraponen la cita bíblica de Génesis 23 que habla de un suelo comprado por Abraham en Hebrón para sepultar a Sara, con aquella de Hechos 7, versículo 16, que hace mención a Siquem -actual Nablus, al norte de Cisjordania- como el lugar donde se encontraría la Sepulcro de los Patriarcas, lo que alimenta incluso más este misterio, que no encuentra puntos de apoyo al instante de ensayar y descartar teoría de trabajo, solo la duda, la inquietud y sugerentes semejanzas que nos llevan a cuestionar el orden establecido.

Akenatón y Abraham… ¿un mismo hombre?