El quemado: ¿crimen bajo la influjo del demonio? Un suceso del matrimonio Warren

El quemado: ¿crimen bajo la influjo del demonio? Un suceso del matrimonio Warren

11 febrero, 2021 Desactivado Por Alejandro

El matrimonio Warren se ha convertido en un icono de la sociedad popular debido a las películas que han llevado a la gran pantalla varios de sus sucesos más terroríficos. en cambio, las narraciones que hemos conocido a través del cine son solo un mínimo ejemplo del enorme archivo que esta peculiar pareja de expertos de lo paranormal acumularon en el transcurso de su carrera. Debido a Ediciones Obelisco, que está traduciendo las obras de los Warren al castellano, actualmente podemos acceder a bastantes de sus famosos “expedientes”. Por cortesía de la editorial, en Cosmos Enigma os ofrecemos varios de los más impactantes.

Ed y Lorraine Warren se conocieron en 1942. de inmediato, ambos conectaron de forma especial. Cuando Ed le confesó a su futura esposa que, desde que eran un niño, le sucedían cosas misteriosas, Lorraine prestó abundante atención. Ed le contó que la casa en la que vivía cuando era niño estaba embrujada. Múltiples noches se iba a la cama aterrado, dado que las puertas de su armario se abrían y cerraban solas y, además, ante él aparecían distintas rostros que no debían estar allí que le hacían gestos y le hablaban. Lorraine se sintió inmediatamente identificada. A ella le sucedía lo mismo, y tambien era capaz de percibir el aura de los individuos. 

Con el inicio de la II Guerra Mundial, Ed fue denominado a filas y sus aventuras en busca de lo paranormal se hicieron esperar. Pero en 1952, fundarían la NESPR, New England Society for Psychic Research (Sociedad para la Investigación de Fenómenos Paranormales de Nueva Inglaterra), un ente sin ánimo de lucro destinada a auxiliar a quienes aseguraban ser víctimas de sucesos insolitos o espíritus diabólicos. Ante cualquier petición de auxilio, los Warren se dirigían a la casa en cuestión, entrevistaban a sus residentes, evaluaban el suceso y decidían si tomar cartas en el tema o no. Esta es una de sus historias recogida en El Cementerio

El asunto de las posesiones demoníacas sigue fascinando a abundante gente. En la televisión hay cuantiosos proyectos dedicados a ellas, y cada determinado tiempo un texto sobre posesiones se transforma en un fenómeno de ventas.

En 1935, EE.UU. estaba incluso sumido en la depresión económica. Los informativos radiofónicos de la noche y los semanarios en los cines mostraban un país en circunstancias trágicas: colas para conseguir un plato de sopa caliente, hombres tirando piedras a las ventanas de fábricas cerradas o de pie en una acera sosteniendo carteles en los que podía leerse: «Mi hijo precisa comer». Aquellos que vivieron durante la Gran Depresión jamás la olvidarán.

Si bien en Monroe y sus alrededores la situación no era buena, casi todo el planeta poseía algún que otro trabajillo y el día a día era más o menos normal.

En un condado próximo había una cafetería, regentada por una afable chica llamada Marilyn Williams, donde solían desayunar y almorzar bastantes obreros. La comida era buena, los precios razonables y ella continuamente estaba dispuesta a realizar un pequeño préstamo si te conocía y afirmaba que eras una persona decente.

El marido de Marilyn, Darrell, era harina de otro costal. Poseía celos de cualquier hombre que sonriera a su chica. La avergonzaba continuamente discutiendo con los clientes, bastantes de los cuales le dejaban en paz dado que Darrell no era sólo un hombre iracundo, sino además violento. Las narraciones de sus peleas eran legendarias. Era el típico acosador de la escuela que nunca madura.

La voz que salía por su boca no era la suya. Darrel sentía como si otra persona estuviera hablando a través de él, como si no fuera más que una marioneta en manos de otra persona

Después se manifestó que oía voces que le decían que su chica le era infiel. Y a veces, cuando hablaba, cuando le echaba en rostro tales desmanes, la voz que salía por su boca no era la suya. Darrell sentía como si otra persona estuviera hablando a través de él o como si no fuera más que una marioneta en manos de otra persona.

Cierto día, mientras se estaba poniendo una corbata para un acto cívico al que debía asistir, se quedó mirando fijamente el reflejo de su mano en el espejo. La mano con la que se estaba haciendo el nudo… no era la suya. La piel estaba llena de manchas, poseía los nudillos retorcidos por la artritis y estaba cubierta de un vello blanco y grueso.

Velozmente levantó la otra mano para compararlas. Una de ellas no era suya. Por lo tanto levantó la vista para mirarse la rostro. Tampoco era la suya. Durante un breve instante vio el cara de otro hombre, uno mayor, enfadado y malicioso, en el interior de su rostro. Abrió la boca para hablar y una voz que no era la suya pronunció estas palabras: “¡La ramera debe ser castigada!”.

por lo visto, avergonzado y temeroso de que la gente creyera que estaba loco, Darrell sólo habló de lo que le ocurría mas tarde de los sucesos que le provocaron la ruina. en cambio, al no pedir auxilio…

UN EXTRAÑO CRIMEN

Las narraciones sobre los sucesos que condujeron al asesinato se contradicen. Varios afirman que Darrell se volvió psicótico cuando un hombre le regaló un ramo de flores a Marilyn. Diferentes insisten en que se enfadó por otra cosa, algo que no poseía nada que ver con Marilyn.

Los hechos son los próximos: había un mecánico de la población por el que Darrell sentía un odio siniestro.

Un día, Darrell le convenció para que le acompañara hasta una casucha de madera colocada frente al cementerio Unión. Una vez allí, dejó inconsciente al hombre y le prendió fuego.

Según los rumores, fue en el sótano de su domicilio donde el demonio terminó de apoderarse totalmente de él

Darrell huyó de la escena del crimen y se escondió durante un tiempo en el sótano de su domicilio. Según los rumores, fue allí donde el demonio terminó de apoderarse totalmente de él. Darrell no dejó de reírse del hombre que había muerto quemado mientras prometía que la cercana víctima sería su propia chica.

Cuando la policía le arrestó, los declarantes afirman que Darrell no dejaba de hablar en susurros consigo mismo o con otra persona que nadie veía.

VISITAS AL CEMENTERIO

Los vecinos estaban encolerizados y todo el planeta reclamó la pena de muerte. En el condado de Fairfield jamás se había cometido un crimen tan atroz.

En la comisaría, Darrell se enseñó extrañamente reservado. No le contó a la policía prácticamente nada, ni sobre sí mismo, ni encima del móvil del suceso ni sobre la razón que le había llevado a elegir un emplazamiento justo delante del cementerio Union para cometer el crimen.

Jamás le habían oído hablar con una voz distinta a la suya ni con alguien que nadie más veía

sin embargo, durante y mas tarde del juicio hubo múltiples suposiciones sobre la relación que le unía al cementerio Union. Según varios, incluidos miembros de su propia familia, mucho anteriormente del asesinato Darrell se había sentido sobre todo atraído por el viejo camposanto, al que acostumbraba ir a veces en su coche para ver las lápidas y el rústico paisaje de Nueva Inglaterra.

Inclusive en la actualidad siguen insistiendo en que, si bien Darrell era un sujeto conflictiva, no era un asesino…, por lo menos no lo era anteriormente de que sus visitas al cementerio Unión le pasaran factura.

Jamás le habían oído hablar con una voz distinta a la suya ni con alguien que nadie más veía.