Los astrónomos ‘pierden’ un agujero negro supermasivo en el cúmulo donde debería estar

los astronomos pierden un agujero negro supermasivo en el cumulo donde deberia estar
los astronomos pierden un agujero negro supermasivo en el cumulo donde deberia estar
Imagen compuesta del cúmulo de galaxias Abell 2261 en los rayos X, la luz infrarroja y la zona evidente del espectro



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La mayor galaxia del cúmulo Abell 2261, observable en la constelación de Hércules, es conocida por tener uno de los bulbos galácticos más grandes del cosmos, que de forma estimada aglomera el mayor número de estrellas conocido en el interior de un núcleo.

Las hipotesis cosmológicas atribuyen este gigantismo excepcional al efecto gravitatorio de un agujero negro supermasivo proporcionalmente grande, o inclusive dos agujeros en fusión, que estaría situado en el centro galáctico. sin embargo, varias observaciones con los más potentes telescopios orbitales no encontraron rastro alguno de la presencia de tal agujero o agujeros en el lapso de la evolución de ese enorme cúmulo que la separación nos deja ver.

Son mas o menos 2.700 millones de años luz los que nos separan del centro de Abell 2261 y hubo cuatro observaciones entre los años 1999 y 2018, durante un total de 35 horas y media, cuyos resultados la NASA ha recogido en un comunicado esta semana.

En los investigaciones previos se supuso que la galaxia era producto de una fusión y podría contar con un agujero negro igualmente fusionado, el cual se hundiría en el centro galáctico. En este suceso se podría esperar que el objeto, invisible al ‘engullir’ toda la luz que tuviera a su alcance, interactuara con los astros circundantes y expulsara algunas de ellas lejos del centro galáctico, pero este efecto no se ha comprobado.

Más tarde las observaciones con el radiotelescopio VLA (Reciente México, EE.UU.) efectivamente encontraron algunas pruebas de la actividad de un agujero negro, pero ocurrida 50 millones de años anteriormente de los instantes observables. No hubo indicios de que esta galaxia principal del cúmulo contuviera aun ese agujero central mas tarde de la fase de fusión.

Ni huellas de retroceso, ni de material sobrecalentado
los investigadores estimaron que hay por lo menos dos signos indirectos de que podría haberse producido una fusión entre dos agujeros negros. El primero es que la zona central de la galaxia posee tantas estrellas que su número está cerca del límite de lo factible, y el segundo, que la concentración más densa de estrellas en la galaxia se observa a más de 2.000 años luz del centro, lo cual es sorprendentemente lejos.

Una teoría obligó a los astrofísicos a rastrear además estrellas que podrían haber sido arrastradas por el agujero negro ‘en retroceso’. Esto representa que el producto de la fusión de dos agujeros negros supermasivos —incluso más masivo— sería enviado a toda velocidad desde el centro de la galaxia hasta su periferia y en dirección opuesta a los rayos de luz que recibimos en la Tierra.

La búsqueda se llevó a cabo por medio del telescopio Hubble y, posteriormente, del Observatorio Chandra de Rayos X. Los astrofísicos de la Universidad de Michigan y diferentes instituciones socias de la NASA inspeccionaron tres grupos de estrellas cerca del centro galáctico y inspeccionaron o trataron de establecer si los astros de estos grupos están girando a velocidades suficientemente altas como para indicar que cerca de ellas se encuentra un agujero. La tarea que se plantearon incluía además localizar algún material sobrecalentado que produjera rayos X a medida que caía hacia el agujero, pero no lo detectaron.

Por lo tanto, el agujero negro, que debería medir entre millones y miles de millones de veces la masa del Sol, sigue siendo considerado desaparecido y su presencia no la confirma ningún procedimiento conocido.

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