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Los vigilantes de la humanidad


El profeta Enoc está considerado uno de los primeros contactados de la cronica. Mantuvo comunicación y recibió instrucciones de unas deidades que mostraban un inverosimil desarrollo tecnológico, y sus aventuras quedaron plasmadas en cuatro libros que inclusive cuentan su viaje interestelar en una de las naves de dichas «seres celestiales». Estos Vigilantes actuaban como auténticos custodios de la sociedad, manipulando a nuestros antepasados. en cambio, varios de ellos se rebelaron contra sus jefes, poniéndose de parte de los entes humanos…
Por David Parcerisa
Me llevaron a un sitio cuyos residentes son como el fuego ardiente, pero cuando desean, aparecen como humanos», leemos en el Texto 1 de Enoc. Quienes sostenemos que entes alienigenas se presentaron ante la especie humana bajo la máscara de la deidad, y además profundizamos en la línea de descendencia de los primeros ejemplares humanos (que hoy sabemos como Adán y Eva), nos encontramos con un personaje clave en este complot de manipulación, que aparentemente es el creador de una de las obras más antiguas y reveladoras del planeta: El Texto de Enoc. Si partimos desde Adán, Enoc sería fruto de la séptima generación y, por tanto, padre de Matusalén y bisabuelo de Noé.
Pero ¿quién era Enoc? ¿Por qué Dios lo elevó a la categoría de profeta? ¿Por qué razón fue elegido como «el primer hombre instruido»? El nombre hebreo de Enoc se traduce como «El Iniciado», papel que sin duda interpretó, porque se transformó en depositario de profundos conocimientos. en cambio, en contra de la corriente de pensamiento mayoritaria, esa sabiduría distaba demasiado de aportar autonomía a la especie humana. Más bien todo lo contrario.
A partir del ensayo de los cuatro textos sagrados que explican las experiencias del profeta  (Texto de Enoc, Texto Eslavo de Enoc, Texto de los Misterios de Enoc y Enoc Copto), se desprende un relato asombroso, que revela un plan maestro por parte del Dios Yahvé para «instruir» al profeta en una serie de rituales de sangre y, por consiguiente, para propagar una religión monoteísta como sistema de control.
A BORDO DE UNA NAVE INTERESTELAR
Si hacemos suceso a la Biblia, Enoc vivió hace 12.000 años en la era en que los Vigilantes o Custodios del Señor bajaron a la Tierra para mantener relaciones lujuriosas con las hijas de los hombres. «En los días de Yared, mi padre, (los ángeles) transgredieron la palabra del Señor. He aquí que pecaron, transgredieron la ley del Señor, la cambiaron para ir con mujeres y pecar con ellas…» (Enoc 106: 13-16).
En sus textos, Enoc no alude a Dios como Yahvé sino como el Señor, y designa a los ángeles como sus Custodios o Vigilantes. La descripción que realiza el profeta de su ascenso a los cielos constituye unos de los relatos más ricos y reveladores que hay en el planeta antiguo, puesto que ofrece interesantes detalles sobre la naturaleza de esas seres «celestiales».
El Texto de Enoc acabó siendo excluido de la compilación bíblica, ya que los jerarcas de la Iglesia católica sentenciaron que su texto no había sido revelado por Dios. Solo la Iglesia Abisinia, en Etiopía, lo incluyó en su Antiguo Testamento.
El relato reúne casi todos los ingredientes característicos de un moderno capitulo de abducción alienigena, aportando elementos absolutamente asombrosos para cualquier lector mínimamente avezado. Enoc estaba durmiendo en su cama cuando recibió la visita de dos entes a los que explicó como «hombres colosales», quienes le llamaron por su nombre y le pidieron que les acompañara para ascender a los cielos.
«He ahí que se me aparecieron dos hombres tremendamente altos –leemos en el Texto de Enoc–, tanto así que no había observado nada semejante en la Tierra. Sus rostros brillaban como el Sol, sus ojos además eran como luz ardiente y de sus labios salía fuego surgiendo con la ropa y el canto de diferentes tipos en apariencia púrpura; sus alas brillaban más que el oro, sus manos más blancas que la nieve».
La descripción que ofrece Enoc de estos seres coincide con la que nos encontramos en la Biblia cuando especifica las propiedades de los ángeles: entes relucientes y de ojos relucientes. Inclusive dicen de sí mismos que nacieron de mamá virgen. ¿Acaso eran fruto de una inseminación artificial para concebir mestizos con genética alienigena? Soy consciente de que demasiados lectores pensaran que voy muy lejos, pero continuemos con el relato de los hechos.
Los ángeles le ordenaron a Enoc que anteriormente de partir dejara una nota dirigida a sus descendientes –Matusalén, Regim y Gaidad– para que no lo buscaran por ningún lugar y esperasen pacientemente a que el Señor lo trajera de vuelta. Enoc cuenta que dos ángeles lo hicieron subir al carro del alma, experiencia que explica como «estar a bordo de un palacio capaz de surcar los cielos», y despues mencionado «carro» lo transporta a otro punto demasiado más majestuoso, al que el profeta denomina «el Firmamento de los Cielos». Mi interpretación es que una aeronave lo desplazó a otra de mayor envergadura, en cuyo interior la luz emanaba de todas partes. «Él trasladó mi alma en el interior del Firmamento de los Cielos –escribe Enoc–, y vi que allí había una edificación de cristal, y entre esos cristales, lenguas de fuego vivo. Mi alma vio un círculo que rodeaba de fuego esta edificación y en sus cuatro esquinas había fuentes de fuego vivo». Nuestro protagonista deja claro que un círculo de fuego rodea toda la edificación. ¿Está acaso refiriéndose a un poderoso campo magnético que rodea la nave nodriza?
UN VIAJE POR EL COSMOS
Cuando Enoc entró en aquel complejo acristalado, explicó un suelo transparente que reflejaba estrellas y cuerpos celestes. La inmensidad del universo se movía bajo sus pies, mientras la aeronave se movia alejándose de la Tierra. Nuestro protagonista alude a «un primer firmamento, un segundo firmamento, un tercer firmamento…», y así sucesivamente. Precisamente tal y como un cosmonauta describiría las distintas capas ascendentes de la atmósfera incluso alcanzar el cosmos.
«Yo vi un fuego ardiente –continúa Enoc relatando–, y más allá de esas montañas está una zona donde termina la gran Tierra, y ahí culminan los cielos. Luego me fue mostrado un hondo abismo entre columnas de fuego celeste, y vi en él columnas de fuego que descendían al fondo y cuya altura y profundidad eran inconmensurables; y más allá de este abismo  vi un sitio encima del cual no se extendía el firmamento, bajo el cual no había tampoco cimientos de la tierra; encima del que no había ni agua ni pájaros, sino que era un lugar desierto y terrible. Allí vi siete estrellas parecidas a grandes montañas, que ardían, y cuando pregunté sobre esto, el ángel me manifestó: ‘Este sitio es el final del firmamento y de la Tierra; ha llegado a ser la prisión de los astros y de los poderes del firmamento’».
Enoc penetró en estancias plagadas de árboles frutales y manantiales que daban miel, vino, leche y aceite, maravillándose ante lo que contemplaban sus ojos. Pero más asombroso es que en su interior vio a unos doscientos ángeles. Uno de ellos le declaró que aquel lugar estaba reservado para los justos y los que servían al Señor. en cambio, el profeta no tardó en pasar del júbilo al terror, puesto que acabó entrando en «salas infernales» donde vió a ángeles sometidos a crueles torturas. Así explica la escena el Texto de Enoc: «Desde allí pasé a otro punto más terrible que el anterior y vi algo horrible: había allá un vasto fuego ardiendo y flameando, y el sitio poseía grietas incluso el abismo, llenas de columnas descendentes de fuego, pero no pude ver ni sus dimensiones ni su magnitud ni haría conjeturas… …Por lo tanto dije: ‘¡Qué espantoso y terrible es mirar este lugar!’.
Contestándome, Uriel, el Vigilante y el Santo, que estaba conmigo, me manifestó: ‘Enoc, ¿por qué estás tan atemorizado y espantado?’. Le respondí: ‘Es por este lugar terrible y por el espectáculo del sufrimiento’. Y él me manifestó: ‘Este sitio es la prisión de los ángeles y aquí estarán prisioneros por continuamente’».
CONOCIMIENTOS SECRETOS
Enoc preguntó qué habían hecho para merecer ese castigo; la contestación fue desobedecer las órdenes del Señor por haber revelado misterios al hombre: «Estos son los Vigilantes que bajaron sobre la Tierra y le revelaron a los humanos lo que era incognito y los indujeron a pecar». Luego, los Vigilantes le confiesan el nombre de varios de esos ángeles sublevados: «El nombre del cuarto es Panamu’el; éste enseñó a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce y les declaró todos los misterios de su sabiduría: les enseñó a los humanos a escribir con tinta y papiros y son demasiados los que se han descarriado a provoca de ello, desde el inicio incluso este día.
Porque los hombres no han sido traídos al planeta con el propósito de afianzar su creencia en la tinta y el papel» (1-Enoc: 8-10). En este pasaje encontramos una revelación notable: en contra de la opinión universal, los ángeles no son castigados por aparearse con las mujeres terrestres, sino por revelarles conocimientos y misterios divinos solo accesibles a las deidades, lo cual significa que no todas estos seres mantienen la misma actitud hacia el hombre. Actualmente bien, parece claro que alguna clase de deidad superior había dado órdenes expresas a los Vigilantes para que no transmitieran ninguna clase de conocer al ser humano, con el fin de mantenerlo esclavizado bajo su tiranía. en cambio, varios de estos ángeles acabaron contraviniendo mencionado orden, revelando a los terrestres la «ciencia secreta».
Enoc se muestra incapaz de asimilar tantas y tan intensas visiones, y sufre un shockdesplomándose exhausto. Por lo tanto aparece el arcángel Gabriel, que le auxilio a incorporarse y le conduce ante la presencia del Señor, con quien mantiene un extenso diálogo: «Y el Señor me convocó y me manifestó: ‘Enoc, siéntate a mi derecha con Gabriel’. Y yo me incliné en reverencia ante el Señor, y el Señor me manifestó: ‘Amado Enoc, todo lo que ves, todas las cosas que están de pie, te digo, inclusive anteriormente del comienzo, todo lo he creado desde el no-ser, y las cosas visibles de lo invisible.
Escucha Enoc estas mis palabras, ni a mis ángeles les he contado mi incognito, ni les he contado su origen, ni mi dimensión infinita, ni han entendido ellos mi creación, la cual te cuento a ti hoy’» (2-Enoc 24: 1-3).
El Señor prohíbe el conocimiento para los entes humanos y castiga a aquellos de los suyos que lo revelan, en cambio encomienda a sus ángeles que instruyan a Enoc en la redacción y las ciencias celestes. Por lo tanto, ese Dios que no quiere transmitir su sabiduría a los mortales, enseña a Enoc aquellas destrezas que le interesan, movido por unos propósitos que en el presente podríamos definir como ingeniería social o control de las masas.
TECNOLOGÍA PARA VER EL FUTURO
Enoc aprende a escribir, y el Señor le pide que muestre al planeta lo que ha observado y lo que se le ha dictado: «Y manifestó el señor: ‘Desciende a la Tierra y dile a tus hijos todo lo que yo te he mencionado, y todo lo que tú has observado. Entrégale a ellos los libros manuscritos, y ellos los leerán y me conocerán como el creador de todas las cosas, y ellos entenderán que no hay más Dios que yo’» (2-Enoc 33: 2-9). En ese instante, el Todopoderoso le dice a Enoc que va a llevarlo de vuelta a la Tierra. Tendrá un plazo de 30 días para dar a conocer el mensaje de Dios por medio sus escritos. Pasado ese tiempo, el Señor nuevamente «arrebatará» al profeta a los cielos, esta vez para no regresar jamás.
Cuando Enoc vuelve a nuestro planeta, compila todo lo aprendido y se transforma en un patriarca del conocer: «Este fue el primero del género humano nacido sobre la Tierra que aprendió la redacción, la doctrina y la sabiduría, y escribió en un texto las señales del firmamento, según el orden de sus meses, para que conocieran los hombres las estaciones de los años, según su orden, por sus meses.
Él fue el primero que escribió una revelación y dio una declaración al género humano en la estirpe terrenal».
Enoc inclusive cita el nombre del ángel que le instruye: «Porque los signos, los tiempos, los años y los días me los enseñó Uriel, el Vigilante, a quien el Señor de Gloria ha encargado de todas las luminarias del firmamento y en el planeta, para que reinen sobre la faz del firmamento, sean observadas desde la Tierra y sean las guías del día y de la noche, así el Sol, la Luna, los astros y todas las criaturas auxiliares que recorren sus órbitas en los carros del firmamento» (1-Enoc: 75: 3).
«La visión del Santo de los cielos me fue revelada y oí todas las palabras de los Vigilantes y de los Santos –leemos en el Texto de Enoc–, y porque las escuché, he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablaré para esta generación, sino para una lejana que está por venir». Conforme pasaban los días, un ángel instruía a Enoc encima del modo de transcribir toda la información que fluía a través de una Tablilla Celestial, un objeto tecnológico con un poder asombroso, pues era capaz de calcular acontecimientos futuros. ¿Se trataba acaso de una computadora cuántica capaz de pronosticar líneas cosmos temporales de probabilidades futuras?
GUERRAS ENTRE DIOSES
Enoc dejó escrito aquello que el ángel le transmitía: «Me manifestó: ‘Mira Enoc estas tablillas celestiales, lee lo que está escrito allí y señala cada apunte’. Miré las tablillas celestiales y leí todo lo que estaba escrito y lo comprendí todo; leí el texto de todas las acciones de la sociedad y de todos los hijos de la carne que están sobre la Tierra, incluso las generaciones remotas» (1-Enoc 81: 1-2). El «elegido de los cielos» confió todos los documentos a su hijo Matusalén: «Preserva hijo mío, Matusalén, el texto de la mano de tu padre y entrégalo a las generaciones del planeta. Te he dado sabiduría a ti y a tus hijos para que ellos la entreguen a sus descendientes por generaciones, sabiduría que está por encima de sus pensamientos» (1-Enoc 82: 1).
Los textos sumerios ya explican estas «tablillas mágicas» como unos codiciados objetos de llegar, puesto que aquellos ángeles o divinidades que se hicieran con ellas, tendrían la capacidad de gobernar el planeta. En un relato llamado El Mito de Zu leemos como uno de los súbditos del poderoso Enlil, un Anunnaki –deidad sumeria y acadia– llamado Pazuzu o Zu, que significa «Aquel que Sabe», consigue robar las Tablillas Celestiales y pone en jaque a todo el Consejo Anunnaki, desatándose una guerra sin tregua. Cuando Zu se hace con las tablillas, se estima con la capacidad de realizar cualquier cosa: «Tomaré la Celestial Tablilla de los Destinos, gobernaré los decretos de las deidades, estableceré mi trono, seré el amo de los decretos celestiales, comandaré a los Igigi –divinidades menores de la tradición sumeria– en su cosmos».
Por medio las Tablillas Celestiales, Enoc puede experimentar visiones de sucesos que acontecerían centenares y miles de años en el futuro. En sus textos llegó a vaticinar la edificación de la Torre de Babel, el ascenso al firmamento del profeta Elías en un carro de fuego, y tambien el Gran Diluvio Universal que se cerniría sobre la Tierra 1.000 años después. Cuando hubieron transcurrido esos treinta días, Enoc se preparó para partir y 2.000 individuos se reunieron para despedirlo: «Cuando Enoc había hablado con las personas, el Señor envió oscuridad sobre la superficie de la Tierra, y había oscuridad, y ésta cubrió a aquellos hombres que estaban de pie al lado a Enoc, y ellos tomaron a Enoc y lo llevaron hacia el Firmamento, donde se encuentra el Señor; y él lo recibió y lo colocó delante de su cara, y la oscuridad se disipó de la Tierra, y la luz regresó» (2-Enoc 67: 1).
ÁNGELES REBELDES
Como guinda final, y continuamente siguiendo las instrucciones del Señor, en el sitio donde Enoc había sido arrebatado hacia lo alto se rindieron varios sacrificios de animales: «Matusalén y sus hermanos, y todos los hijos de Enoc, se dieron prisa y erigieron un altar en el sitio llamado Achuzan, desde donde Enoc fue tomado hacia el firmamento. Y ellos sacrificaron bueyes y convocaron a todas las personas, y distribuyeron el sacrificio delante del cara del Señor» (2-Enoc 68: 6-7).
La más reveladora profecía de Enoc, la referida a un diluvio sobre la Tierra, llegaría después de tres generaciones más de su estirpe. en cambio, un inconveniente latente en el interior de la jerarquía de Yahvé seguía haciendo estragos: sus ángeles descendían a la Tierra para copular con las terrestres, cegados por su belleza y deseos de procrear. Los misterios de la gran deidad peligraban día a día, pues estos Vigilantes revelaban a las esposas que habían tomado unos conocimientos prohibidos que podrían elevar a los hombres a la categoría de divinidades. Y eso era algo que Enlil-Yahvé no podía permitir. Sólo a través de una solución drástica solventaría el conflicto. Una solución que acabaría con la vida de la especie humana sobre la Tierra…
En el Texto 1 de Enoc leemos que un total de 200 ángeles se rebelaron. Inclusive se citan los nombres de estos Vigilantes que confundieron con esposas a las terrestres: «Vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos». Pero Shemihaza, que era su jefe, les manifestó: «Temo que no queráis cumplir con esta acción y sea yo el singular responsable de un vasto pecado».
Ellos le respondieron: «Hagamos todos un juramento y comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este plan incluso ejecutarlo verdaderamente». Por lo tanto, los doscientos juraron unidos bajo anatema, y todos ellos bajaron sobre la cuspide de un monte que llamaron Hermón. «Estos son los nombres de sus jefes: Shemihaza, quien era el principal, y en orden con relación a él, Ar’taqof, Rama’el, Kokab’el, –‘el, Ra’ma’el, Dani’el, Zeq’el, Baraq’el, ‘Asa’el, Harmoni, Matra’el, ‘Anan’el, Sato’el, Shamsi’el, Sahari’el, Tumi’el, Turi’el, Yomi’el, y Yehadi’el. Estos son los jefes de decena» (1-Enoc 6: 1-8).
De la unión entre estos ángeles y las mujeres nacieron gigantes, los llamados Nefilim, que en hebreo significa «caídos» o «derribados». En traducciones griegas se le da el concepto de gigantes, al igual que en arameo. en cambio, ciertos eruditos defienden que Nefilim procede del término arameo NEPHILA, que significa «Aquellos que son de Orión», ya que en arameo Orión es Nephila. ¿Acaso procedían los Anunnaki de la Constelación de Orión tal y como propone el investigador Robert Bauval, quien defiende la hipotesis de que las pirámides egipcias están alineadas siguiendo dicha constelación?
CUANDO LOS NEFILIM DOMINARON LA TIERRA
El suceso es que en varias excavaciones en Oriente Medio han sido encontrados diferentes esqueletos de grandes dimensiones, lo cual significa que estos gigantes verdaderamente existieron, aunque no necesariamente tendrían que ser los remanentes de los Nefilim, sino más bien de entes humanos con reminiscencias genéticas de estos entes. Los Nefilim y Anunnaki medían entre tres y seis metros, de modo que el hallazgo de un esqueleto de estas propiedades supondría un anteriormente y un después en la figura de concebir la cronica humana. Volviendo al relato que nos ocupa, o que más enfureció a Yahvé fue que los ángeles revelaran misterios a sus esposas terrestres: «Shemihaza enseñó encantamientos y a cortar raíces; Hermoni a romper hechizos, brujería, magia y capacidades afines; Baraq’el los signos de los rayos; Kokab’el los presagios de los astros; Zeq’el los de los relámpagos; –‘el enseñó los significados; Ar’taqof enseñó las señales de la Tierra; Shamsi’el los presagios del Sol; y Sahari’el los de la Luna, y todos empezaron a desvelar misterios a sus esposas» (1-Enoc 8: 3).
Los conocimientos prohibidos además incluían armas para defenderse, por lo que hemos de suponer que prácticamente todos los misterios de la herrería y la fundición fueron revelados por estos entes, tanto para aprender a utilizarlos en defensa propia como para artesanía y decoración: «Y Asa’el enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y corazas de cobre y les enseñó cómo se extrae y se trabaja el oro incluso dejarlo listo, y en lo que corresponde a la plata a repujarla para brazaletes y diferentes adornos. A las mujeres les enseñó encima del antimonio, el maquillaje de los ojos, las piedras preciosas y las tinturas. Y por lo tanto creció demasiado la impiedad y ellos tomaron los caminos equivocados y llegaron a corromperse en todas las formas». Como el lector puede ver, a Enoc le dictaron que cualquier conocimiento dado al ser humano es malicioso, oscuro y pecaminoso. Básicamente, el Señor condena todo avance técnico o moral que la sociedad pueda desarrollar por sí misma.
CASTIGO ETERNO PARA LOS INSURRECTOS
Enoc es nitidamente víctima de un «lavado de cerebro», puesto que no se le permite dudar lo más mínimo de que la Ley del Señor es incuestionable. Cualquier oposición a la misma significa la muerte. Sólo la sumisión y la ferviente lealtad constituye el singular camino de la salvación. Así expresa Enoc la táctica amenazante de su Dios para con los hombres y los ángeles pecadores: «El Dios eterno andará sobre la Tierra, encima del monte Sinaí aparecerá con su gran ejército y surgirá en la fuerza de su poder desde lo alto de los cielos. Y todos los Vigilantes temblarán y serán castigados en zonas misterios, y todas las extremidades de la Tierra se resquebrajarán, y el miedo y un vasto temblor se apoderarán de ellos incluso los confines de la Tierra. Las altas montañas se resquebrajarán y derrumbarán, y las colinas se rebajarán y fundirán como la cera ante la llama. Y la Tierra se dividirá y todo lo que está sobre la Tierra perecerá y habrá un juicio sobre todos». Sin duda, toda una apología de terror y amenaza al servicio de un falso Dios que se proclama único y todopoderoso. Para capturar a esos doscientos ángeles sublevados, Yahvé disponía de siete lugartenientes, de entre los cuales destacaban cuatro: Miguel, Sariel, Rafael y Gabriel. El Señor les encomendó que castigaran duramente a los ángeles caídos, pero sobre todo interesante resulta la orden que transmitió al arcángel Miguel: «Y a Miguel le manifestó el Señor: ‘Ve y anuncia a Shemihaza y a todos sus cómplices que se unieron con mujeres y se contaminaron con ellas en su impureza, ¡que sus descendientes perecerán y ellos verán la destrucción de sus queridos! Encadénalos durante setenta generaciones en los valles de la Tierra incluso el gran día de su juicio’» (1-Enoc 10: 11-12).
Lo mismo leemos en 2 Pedro: «Dios no sólo no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándoles al infierno, los entregó a prisiones de oscuridad para ser reservados al juicio». Los ángeles del Señor, tras una escaramuza contra los sublevados, los apresan encerrándolos en un planeta paralelo, una especie de «zona de destierro» donde permanecen en estado latente –muertos en vida, por así decirlo– mientras esperan su sentencia en el Día del Juicio Final.
La palabra «Infierno», presente en el párrafo de Pedro con anterioridad citado, viene del término griego Tartaroo, que se traduce como «El abismo más hondo del Hades». ¿A qué lugar alude exactamente el citado texto? ¿Estamos ante una exageración fruto de la desbordante imaginación de los autores? Es curioso que, inclusive en la leyenda romana, Tártaro es el sitio a donde van a parar los adversarios de las deidades. En su creación La Eneida, el poeta romano Virgilio explica este Infierno como un cosmos enorme en llegar al punto más hondo del Inframundo, continuamente envuelto por un río en llamas al que designa como Phlegethon, y sellado por paredes triples para que sus cautivos no puedan huir.
DESENMASCARANDO A LOS DIOSES
Teniendo en cuenta que sabemos el aspecto reptiliano de estas «seres celestiales» debido a las figuras y representaciones de diferentes culturas, nos preguntamos por qué los «ángeles buenos» se exponen con el mismo aspecto de un ser humano. La contestación es sencillo. Si usted quisiera manipular a una colonia de hormigas para ganarse su confianza e infiltrarse en su nido, ¿se presentaría ante estos animalillos con figura humana o de hormiga? Todos estos divinidades Anunnaki tenían una pinta muy parecida: atributos reptilianos, elevada estatura y piel escamosa. Debido a su psiquismo pudieron timar a nuestros ancestros, mostrándose bajo la apariencia que se les antojaba en función de sus intereses. Si querían infundir miedo, su aspecto era grotesco y reptiliano; pero si deseaban seducir y timar, aparecían como bellos humanos.
Así es como estos seres, erróneamente elevadas a la categoría de divinidades, consiguieron que sólo los vencedores escribieran la cronica. Pero ¿qué fue de los vencidos? ¿De aquellos de entre sus filas que quisieron ayudar a salir al ser humano de la Matrix Holográfica en la que vivimos? Como es de suponer, el mal acaba continuamente por delatarse a sí mismo, con sus amenazas y ambiciones. Quizás incluso estemos a tiempo de reescribir la cronica con la auxilio de los vencidos, desenmascarando a los vencedores…

Source: Mundooculto.es

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Por Alejandro