Adolf Hitler y la Lanza de Longinos.

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La lanza de Longinos tambien llamada Lanza del Destino, es la sagrada que pertenecía al soldado romano Longinos y que atravesó el costado de Cristo en su crucifixión. Esta llegó a las manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán. En el siglo XX, Hitler, que conocía su concepto místico, se apoderó de ella. La leyenda cuenta que quien posea la lanza, poseerá el planeta.

Las referencias en los textos biblicas

La lanza se menciona solo en el Evangelio de Juan (19:33-34) y no aparece en ninguno de los evangelios sinópticos. En el evangelio se señala que los romanos planearon romper las extremidades inferiores de Jesús, una práctica conocida como crurifragium, que era un procedimiento doloroso de incrementar la velocidad la muerte durante la crucifixión de los condenados a este tipo de castigo. Instantes anteriormente de que los soldados romanos así lo hicieran, observaron que él ya había muerto y por eso pensaron que no había ninguna razón para romperle las extremidades inferiores. Para cerciorarse de que estaba muerto, un soldado lo apuñala con su lanza.
“Pero al llegar a Jesús, como lo observaron ya muerto, no le quebraron las extremidades inferiores, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.”
— Juan, (19:33-34)

El fenómeno de la sangre y el agua era considerado como un milagro de acuerdo a Orígenes (aunque el agua se puede aclarar biológicamente por la perforación del seno pericardial) en cambio, para los católicos tiene un concepto más hondo: Representa la Iglesia (específicamente los sacramentos del bautismo y la eucaristía) que fluyen del costado de Cristo, al igual que Eva surgió del costado de Adán.

Longinos

El nombre del soldado que traspasa el costado de Cristo no es mencionado en la Biblia pero en las referencias más antiguas que se tienen de la leyenda, el evangelio apócrifo de Nicodemo, de fecha desconocida, alrededor del siglo IV, además llamado Hechos de Pilatos, el soldado es identificado como un Centurión llamado Longinus en el que además se menciona a los ladrones crucificados al lado a Jesús: Gestas y Dimas.

Una figura del nombre Longinus además aparece en una miniatura en los Evangelios Ilustrados por Rábula (hoy en dia en la Biblioteca de Laurencia en Florencia) Ilustrados por Rábula en el año 586.

En la ilustración, el nombre Longinus está escrito en griego sobre la cabeza del soldado que perfora el costado de Cristo. Esta es una de las primeras referencias del nombre, si es que no es una inscripción hecha posteriormente.
La tradición Cristiana, refiriéndose a la novela La Lanza de Louis de Whol(1955), lo identifica como Gaius Cassius Longinus.

La Lanza y la Cronica

La Santa Lanza tiene asociada una cronica previa a Jesús que ya la convertían en especial, al haber sido forjada por el profeta Fileas y pasar por las manos de varios viejos patriarcas cristianos anteriormente de terminar en los evangelios. En todo suceso la versión “oficial” nos cuenta como la sangre y agua que manaron del costado de Jesús curaron la casi ceguera que padecía Longinos, mientras que la Santa Lanza fue recogida y puesta a excepto por José de Arimatea al lado a diferentes objetos personales de Jesús, llegando a manos de San Mauricio, comandante de la Legión de Tebas martirizado al lado a sus seis mil hombres por Maximiliano. De aquí pasaría a las de Constantino, dándole supuestamente la victoria en la batalla de Puente Milvio contra Magencio, en las afueras de Roma. Hoy en dia hay cuatro lanzas santas censadas, la más famosa de las cuales se conserva en el Vaticano. La segunda lanza está en París, adonde fue llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando regresó de la última cruzada de Palestina. La tercera es la que se custodia en el museo del palacio Hofburg, en Viena (Austria), además llamada Casa del Tesoro, y es la que posee una genealogía más alucinante, porque fue la que encandiló a Constantino el Grande, a Carlomagno, a Federico Barbarroja y a Hitler. La cuarta lanza en litigio se conserva en Cracovia (Polonia), pero tan sólo es una copia de la vienesa que Otón III regaló a Boleslav el Bravo.

La tercera es a todas luces la más interesante y sin duda además la más antigua, se trata quizá de “un puñal prehistórico, de la Edad de Hierro, que alcanza 30 cm de longitud. Está partida en dos pedazos que se unen por medio de una funda de plata. En el siglo XIII se le añadió un clavo, pretendidamente uno de los que sujetaron a Cristo en la cruz, en el trozo correspondiente a la punta, aprovechando el canalillo central. El clavo está sujeto a la lanza con hilos de oro, plata y cobre. En el trozo del mango se observan dos diminutas cruces de oro. La reliquia se guarda en un antiguo estuche de cuero forrado interiormente de terciopelo rojo.

por lo visto esta lanza que había estado en manos de Constantino reapareció varios siglos después, en poder de personajes como Alarico el Valiente (410 d.C.), el visigodo Teodorico (452 d.C.) o Justiniano, quienes la usaron de muy diversa forma, para ir a parar a las manos de Carlos Martel durante la batalla de Poitiers en el siglo VIII, en la que derrotó a los árabes (732 d.C.). Pasaría menos de un siglo después a las de Carlomagno, logrando este cerca de medio centenar de victorias. De las suyas pasó como talismán a las de Enrique I el Pajarero, fundador de la Casa de Sajonia y vencedor de los polacos. De los Sajonia se transmitiría a los Hohenstauffen de Suabia, uno de cuyos miembros, Federico Barbarroja, conquistó Italia.

Hitler y la Lanza

Al final la cronica de la Lanza del Destino se torna incluso más apasionante si cabe cuando irrumpe en el siglo XX y termina en manos de un esotérico Adolf Hitler. La cronica se la debemos al reportero y ex militar Trevor Ravenscroft, y éste al matemático y ocultista Walter Johannes Stein, quién interesado en el ensayo del Grial y la Lanza aseguró haber conocido a Hitler anteriormente de la Primera Guerra Mundial. “Y como consecuencia directa de estas investigaciones conoció a Hitler, quien en aquellos tiempos no era más que un don nadie que vivía en una pensión de ínfima categoría en Viena. Porque durante los cuatro años previos al estallido de la primera guerra mundial, además él había desvelado la leyenda del destino histórico del planeta asociada a la Lanza que estaba en la Casa del Tesoro Habsburgo, y además en aquellos días él poseía unos veinte años y soñaba con el día en que la reclamaría como talismán de la conquista del planeta”, escribía Ravenscroft.

El adolescente Hitler se empapó de toda la cronica de la lanza pasando largas horas frente a ella, en el museo de Viena. Tras su primer encuentro con ella supo “en seguida que aquel era un instante notable de mi vida. Y en cambio, no podía adivinar por qué un signo cristiano me causaba semejante impresión. Me quedé muy quieto durante unos minutos contemplando la Lanza y me olvidé del lugar en el que me encontraba. Aparentaba poseer cierto concepto escondido que se me escapaba, un concepto que de algún modo ya conocía, pero que no podía identificar conscientemente…”

Estos detalles que explican la fascinación de Hitler ante la lanza de los Habsburgo proceden del una declaración del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al futuro Führer justo anteriormente de la guerra del 14. Stein, que había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado. Sería un erudito y un aventurero intelectual incluso su muerte, en 1957. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Luego se transformó en investigador en arqueología, arte bizantino primitivo e cronica medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial de la tropa austríaco, fue condecorado por su valor.

En 1928 publicó un excéntrico panfleto, Cronica del planeta a la luz del Santo Grial, que circuló por Alemania, Holanda y Gran Bretaña. Un lustro después, el Reichsführer Heinrich Himmler ordenó que se obligara a Stein a trabajar en el «Buró ocultista» de los nazis, pero Stein huyó a Gran Bretaña. La segunda guerra mundial le sorprendió trabajando como agente del espionaje británico. Después de colaborar en la obtención de los planes de la «Operación Sealion» -la invasión de Inglaterra que proyectaba Hitler- fue consejero de Churchill, como asesor sobre las creencias ocultistas del líder alemán.

Stein jamás publicó sus memorias, pero anteriormente de morir se hizo amigo de un ex autorizada de comandos de Sandhurst, actualmente reportero, Trevor Ravenscroft. Utilizando las notas y las conversaciones de Stein, Ravenscroft publicó en 1972 el texto Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.

¿Qué atrayente podía ofrecer la Santa Lanza, un signo cristiano, para el ex católico y violentamente anticristiano Adolf Hitler? Ya se había entregado a violentos desvaríos antisemitas, era un devoto discípulo del Anticristo de Nietzsche y sostenía su condena del cristianismo como «la última consecuencia del judaísmo».

Parte de la contestación se encuentra en una tradición ocultista medieval vinculada con la cronica de la Santa Lanza. Como cuenta el evangelio de San Juan, el soldado romano que hirió el cuerpo de Cristo cumplió, sin saberlo, las profecías del Antiguo Testamento (los huesos de Cristo no serían rotos). Si no hubiese hecho lo que hizo, el destino de la sociedad habría sido distinto. Según San Mateo y San Marcos, la autentica naturaleza de Cristo fue revelada en ese instante al soldado, que se llamaba Cayo Casio Longinos: «Viendo el centurión que estaba frente a Él de qué forma expiraba, manifestó: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». (San Marcos, 15:39)

Para la mentalidad ocultista, un instrumento usado para un propósito tan notable se transforma en un foco de llegar mágico. Y, como dice suscintamente Richard Cavendish, hablando del Grial y la Lanza en su texto El soberano Arturo y el Grial:
“Una cosa no es sagrada porque es buena. Es sagrada porque contiene un poder enigmatico y terrible. Es tan energica para el bien o el mal como una fuerte descarga eléctrica. Si es mal usada, por importantes y comprensibles que sean las razones, las consecuencias pueden ser catastróficas para personas completamente inocentes”.
Según Stein, Hitler poseía conciencia de este concepto ya en 1912; de hecho, fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres se conocieran. En el verano de 1912, el doctor Stein compró una edición de Parsival, romance encima del Grial del poeta alemán del siglo XIII Wolfram von Eschenbach, a un librero ocultista de Viena. Estaba llena de comentarios manuscritos en los márgenes, que mostraban una combinación de sabiduría ocultista y racismo patológico. En las guardas, su anterior propietario había anotado su nombre: Adolf Hitler.

A través del librero, Stein localizó a Hitler y pasó gran cantidad horas con él, horrorizado pero fascinado. Aunque pasarían años anteriormente de que el mísero pintor de cromos diera los primeros pasos por el camino del poder, poseía ya un carisma maligno. A través de su tortuoso discurso, una obsesión destacaba nitidamente: poseía un destino místico que cumplir y, según Stein, la lanza era la clave.

Hitler explicó a Stein cómo había adquirido la lanza su especial concepto para él: “Lentamente me apercibí de una presencia energica que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había probado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un vasto destino me aguardaba… una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del alma de mi pueblo”.
Hitler jamás declaró la naturaleza de su «visión», pero Stein afirmaba que se había observado a sí mismo un cuarto de siglo después en la Heldenplatz, frente al palacio Hofburg, dirigiéndose a los nazis austríacos y a los desconcertados ciudadanos vieneses. Allí, el 14 de marzo de 1938, el Führer alemán anunciaría su anexión de Austria al Reich alemán… y daría la orden de llevar los atributos de los Habsburgo a Nüremberg, hogar espiritual del movimiento nazi.

Del planeta en las manos, a la pérdida

La toma de posesión del tesoro constituyó un gesto de benevolencia asombroso, considerando que Hitler despreciaba a la morada de Habsburgo, a la que estimaba traidora a la casta germánica. en cambio, el 13 de octubre, la lanza y diferentes objetos fueron cargados en un tren blindado provisto de una guardia de SS, y cruzaron la frontera alemana. Fueron instalados en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina, donde Hitler pensaba instalar un museo de guerra nazi. Stein afirmaba que, cuando Hitler tuviera la lanza en su poder, sus ambiciones latentes de conquista empezarían a crecer y florecer.

Si los conocimientos de Hitler sobre la cronica de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas encima del destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control. La leyenda parece haber sido confirmada por una inquietante coincidencia que marcó el final de su conexión con la Lanza.

Después de los potentes bombardeos aliados de octubre de 1944, durante los cuales Nüremberg sufrió enormes daños, Hitler ordenó que la lanza, al lado con el resto del tesoro de los Habsburgo, fuera enterrada en una bóveda construida sobre todo. Seis meses después, el Séptimo Ejército norteamericano había rodeado la antigua ciudad, defendida por 22.000 SS, 100 panzers y 22 regimientos de artillería. Durante cuatro días, la veterana división Thunderbird martilleó a estas formidables defensas incluso que el 20 de abril de 1945 -el día en que Hitler cumplía 56 años- la bandera americana victoriosa fue izada sobre las ruinas.

Durante los días siguientes, mientras las tropas norteamericanas localizaban a los supervivientes nazis y comenzaba el largo proceso de los interrogatorios, la Compañía C del Tercer regimiento del Gobierno Militar, al mando del teniente William Horn, era enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Por casualidad, un proyectil había facilitado su tarea, volando una pared de ladrillo y dejando a la vista la entrada de la bóveda. Después de algunas dificultades con las puertas de acero de la misma, el teniente Horn entró en la cámara subterránea y echó una ojeada a la polvorienta oscuridad. Allí, sobre un lecho de descolorido terciopelo rojo, (www.mundooculto.es) estaba la fabulosa lanza de Longinos. El teniente Horn extendió la mano y cogió posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. La fecha, 30 de abril de 1945, está registrada en los textos de cronica.

Y, por escépticos que sean los críticos sobre de Walter Stein, el ocultismo en general y las leyendas de la Santa Lanza en particular, además es un hecho histórico que a unos centenares de kilómetros de separación, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler eligió esa tarde para coger una pistola y quitarse la vida. Al finalizar la guerra y tras un intento fallido de traslado, la lanza es recuperada por los Aliados. Al final estos, a pesar de la fascinación que al parecer sintió por ella el general Patton, la retornaron a sus legítimos propietarios regresando con el resto del tesoro a las vitrinas del museo vienés de Hofbrug.

Por lo tanto, Ravenscroft mantuvo que la lanza entró en territorios Estadounidenses el 30 de abril de 1945; específicamente, bajo el control del 3er ejército conducido por el general George S. Patton.
Y además se cumple la leyenda de que la pérdida de la Lanza significaba la muerte, al suicidarse Hitler. Patton se fascinó por el arma antigua e hizo verificar su autenticidad, mas no pudo utilizar la lanza, pues poseía órdenes del general Dwight Eisenhower de que la regalía completa de Habsburgo incluyendo la lanza de Longinus debía ser devuelta al palacio de Hofburg. Es interesante ver que George Patton, en su poema a “través de un cristal oscuro”, curiosamente se postula como Longinus en el Transcurso de alguna vida anterior.

En 1947, EEUU devolvió la lanza, pero varios sospechan que se trataba de una réplica. Si esto suena descabellado, otra hipotesis sugiere que los nazis engañaron a los americanos; tras dejar una copia en Nuremberg, enviaron el original a Sudamérica. La más rocambolesca de todas es la versión de un submarino nazi camino de una base secreta en la Antártida, donde aguarda la llegada del IV Reich.

El rotativo británico The Sunday Times publicó hace poco un ensayo metalúrgico de la lanza realizado para un documental de la BBC. Se confirma la cautela del museo vienés: la reliquia coincide con diferentes lanzas carolingias en el museo Británico. No es romana, es del siglo VIII.

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