Cosmoclimatología, una hipotesis alternativa para el cambio climático

cosmoclimatologia una teoria alternativa para el cambio climatico
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La cosmoclimatología es una ciencia interdisciplinar que estudia las relaciones entre el clima de la Tierra y los procesos que ocurren en el universo, como la intensa lluvia de rayos cósmicos, entre diferentes factores astronómicos que han influido en el cambio climático como fenómeno natural universal. El clima es cambio continuo, dado que los agentes causales son dinámicos. La cosmoclimatología asume que los cambios climáticos observados tienen una destacada correlación con el flujo de rayos cósmicos que la Tierra ha recibido en los últimos millones de años. No debe sorprender que el Sol una vez más, ejerce un papel jefe en este proceso, favoreciendo o disminuyendo la llegada intensa de estas partículas que vamos a ver a continuación. Lo más alucinante de esta hipotesis es que reúne fenómenos microcósmicos (física de partículas) con fenómenos del macrocosmos (astrofísica) para aclarar el funcionamiento de dispositivos desconocidos incluso actualmente, un nuevo horizonte de el saber muy prometedor.

En los comienzos de la investigación fueron denominados rayos, pero en verdad tratamos con astropartículas. Los rayos cósmicos son en su mayoría núcleos de átomos, protones, neutrinos, que bombardean la Tierra continuamente viajando a una velocidad proxima a la luz. No se han encontrado incluso la fecha partículas más energéticas en el cosmos, pues tienen incluso cien millones de veces más energía que cualquier otra partícula conocida. El ensayo de los rayos cósmicos consintió revelar nuevas partículas subatómicas como el positrón y el muón, inaugurando el saber física de partículas elementales.

Cosmoclimatología, una teoría alternativa para el cambio climático

 

Introduccion

Los Rayos Cósmicos (RRCC), fueron descubiertos por el investigador austríaco Victor Hess (1883-1964), en uno de sus vuelos en globo aerostático, se jugaba la vida subiendo a más de 5000m, detectó la llegada de partículas energéticas a la atmósfera en 1912, las calificó como “radiación penetrante proveniente del cosmos”. Esta foto histórica tiene más de un siglo:

Cosmoclimatología, una teoría alternativa para el cambio climático

El interés creciente por este hallazgo llevó a incesantes investigaciones investigadores, y en 1930, los astrofísicos W. Baade (1893-1960) y F. Zwicky (1898-1974) ya sugerían que esta radiación era resultado de explosiones de estrellas, ellos son quiénes acuñaron el término supernova. esta deducción es provisional pues la procedencia precisa de los RRCC es incluso un enigma, se acepta normalmente el origen intra y extra galáctico resultado de explosiones de estrellas. sin embargo, precisamente este año 2013 un equipo astrofísico del Instituto Max Planck de Astronomía en Heidelberg estudiando la supernova SN1006 parece haber resuelto este enigma (NIKOLIC, S. et al. An Integral View of Fast Shocks Around Supernova 1006. Science 5 April 2013. Vol. 340 no. 6128 pp. 45-48. DOI: 10.1126/science.1228297) y (ACKERMANN, M. et al. Detection of the Characteristic Pion-Decay Signature in Supernova Remnants. Science 15 February 2013. Vol. 339 no. 6121 pp. 807-811. DOI: 10.1126/science.1231160)

en alguna ocasión no somos conscientes que el propio sistema solar viaja a través de la galaxia, y incluso más notable, la propia galaxia viaja a su vez a través de la inmensidad del cosmos. Es fundamental tener esto en cuenta ya que la cantidad de rayos cósmicos que abordan la Tierra ha oscilado con el tiempo incluso unos valores cien veces superiores a los actuales. Considerar la cosmoclimatología seriamente permitirá entender mejor la cronica paleoclimática y las variaciones naturales del clima, gran cantidad de ellas más extremas, que han sucedido siempre en nuestro mundo. Es increible eludir toda explicación que no incluya al astro soberano, que ha gobernado y sigue rigiendo el clima en todo el sistema solar. igualmente el propio Sol está sometido a la influjo de factores siderales muy poderosos, cuya mecánica desvela cuantiosos ciclos de duración muy variada, los más conocidos son los ciclos solares de 11 años, pero existen diferentes más largos que demuestran que el ensayo del Sol como del resto de los astros no ha hecho más que iniciar y nos aporta una información extraordinariamente valiosa.

El sabio Nikola Tesla (1856-1943) llegó a calcular que la Tierra recibe del Universo una energía tremenda que estimó en 200 billones de voltios, por supuesto esto es energía descomunal. Y toda ella nos está dando en la ionosfera, una parte siempre está penetrando en el mundo, sobre todo en los polos. La entrada intensa de estas partículas está regulada por la actividad intensa o declinante del Sol, que ejerce un papel fundamental en el flujo de rayos cósmicos que recibe la Tierra.

En el video podemos ver, además de una estupenda música, el roce producido en la ionosfera por la radiación cósmica, que incluye diferentes gran cantidad partículas además de los RRCC, que fueron confundidos un tiempo con los rayos gamma, por esta razón se les acabó además llamando rayos. En los años 30 del siglo XX fue el Premio Nobel de Física Robert Milikan (1868-1953) quien los denominó rayos cósmicos (rayos por la mencionada desconcierto con los rayos gamma, y cósmicos porque proceden del Cosmos). El halo verde evidente en el video es el gas ionizado, energía prácticamente ilimitada que recarga el mundo con billones de electrovoltios y kiloamperios. Si en la Tierra tuviéramos nuestros ojos adaptados para ver los RRCC, en la superficie siempre veríamos un raro «nevar» en todas partes.

Los RRCC sólo se pueden contemplar con una máquina especial llamada cámara de niebla, que fue inventada en 1929 por el físico ruso Dimitri Skobelzyn (1892-1990). Podemos ver a continuación un práctico video que reproduce una de estas cámaras de niebla, que inclusive se puede construir en casa. Lo que se aprecia son rayos cósmicos secundarios (astropartículas que han ido no encontrando energía encontrando cada vez mayores cantidades de átomos, sobre todo oxígeno y nitrogeno, interaccionando con la nube de electrones o el núcleo. Los Rayos Cósmicos secundarios serían electrones/positrones, piones cargados y neutros, muones, neutrinos…). En esencia, la interacción de los Rayos Cósmicos con los núcleos atmosféricos genera una auténtica cascada de partículas que llegan al suelo. La existencia de extensas cascadas de partículas secundarias fueron descubiertas en 1938 por el físico Pierre Auger (1899-1993), que será uno de los creadores del CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear) y del CNES (National Center for Space Physics) o Centro Nacional para la Física del Cosmos.

La interrelación Sol y Rayos Cósmicos.

El Sol ha sido y sigue siendo el piloto principal de los cambios climáticos del mundo. No vamos a desarrollar todos los ciclos solares que existen (ciclo Hale de 22 años, ciclo Gleissberg de 80-90 años, ciclo Suess 150-200 años, o el Hallstattzeit de 2300 años…) que combinados acumulan consecuencias importantes. Los ciclos solares repercuten en los además cuantiosos ciclos naturales terrestres interdependientes que expresan el pasado, presente, futuro y constante cambio climático. Sencillamente repasemos que el descubrimiento del ciclo solar más antiguo y conocido se atribuye al sabio alemán H. Schwabe (1789-1875), que buscando un mundo muy cercano al Sol que de haber existido hubiera sido Vulcano, y estudiando las observaciones de diferentes astrónomos adivirtió que el número de manchas solares no era constante a lo largo del tiempo sino que aumentaba y disminuía en ciclos de 8-13 años (promedio de 11 años), su hallazgo fue verificado más tarde recibiendo el nombre de ciclos Schwabe.

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Poco después el astrónomo inglés Edward Walter Maunder (1851-1928), reveló la relación entre las manchas solares y la actividad magnética solar, se percató que ciertos fenómenos naturales como las auroras boreales eran provocadas por el magnetismo solar (viento solar), que además afectaba a demasiados aparatos de medición terrestre. Su investigación determinó la existencia del “Mínimo solar Maunder” (una cota baja del ciclo Suess) que fue un período acaecido entre los siglos XVII y XVIII, el período más frío de la Reducida Era de Hielo que vivimos y de la que nos venimos recuperando con una natural subida de temperaturas como ha sucedido siempre.

La ausencia de manchas solares significa que existió una bajísima actividad solar y por tanto, una bajada global de temperaturas, esto produjo desastres en cadena por casi todo el planeta, ruina agrícola, hambre, hubo heladas que provocaron congelaciones de ríos como el Támesis, el Ebro, el Sena, o el Ródano, inclusive el mar Báltico se llegó a congelar totalmente permitiendo el paso de un ejército sueco a Dinamarca en 1658, hecho que está pasando de nuevo en estos últimos años, decenas de cruceros quedaron atrapados hace poco entre diferentes demasiados efectos que se pueden contemplar en casi todos los naciones del globo. El mínimo Maunder es sólo uno más de demasiados diferentes mínimos solares que afectaron a escala global, como el que padecemos hoy en dia (bautizado como mínimo solar Eddy, primero del nuevo milenio y que acaba de iniciar). En el último milenio hemos tenido 5 mínimos solares (Oort, Wolf, Spörer, Maunder y Dalton). La cronica está salpicada de máximos y mínimos solares bien documentados con períodos de calentamiento y enfriamiento globales. El cambio climático no es nuevo, no es una situación anómala, sino que es algo que siempre ha ocurrido.

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En 1908 fue el astrofísico George Ellery Hale (1868-1938), inventor del espectroheliógrafo, quien demostró que las manchas solares estaban asociadas a fuertes campos magnéticos que determinaban intensas fases de actividad solar, (ciclos Hale de 22 años). Así pues, conocemos que la Tierra siente los cambios cuando el número de manchas solares crecen o disminuyen. Teniendo en cuenta estas breves nociones podemos actualmente abordar la interrelación de nuestra estrella con los Rayos Cósmicos y cómo influye en el sistema climático de la Tierra. El ensayo de estas partículas extraordinarias formó parte de los proyectos de investigación en la carrera espacial USA-URSS.

Los primeros satélites Explorer que fueron enviados en 1958, estaban equipados con contadores Geiger, eran capaces de contar el flujo de radiación, al igual que el satélite soviético Sputnik III, verificaron que en alturas de 2000-2800 Km el número de partículas se reducía incluso cero. Es decir, no registraban concentraciones de partículas parecidas a las encontradas en menores alturas, lo cual resultaba cuanto menos que intrigante. Fue por lo tanto, cuando el jefe del proyecto de radiación cósmica, el físico James A. van Allen (1914-2006) entre diferentes investigadores abordaron esta cuestión. Una posible explicación que resultó ser la correcta señalaba que la disminución a cero podía deberse a una saturación de partículas que dejaban inoperativos los instrumentos de medición. Para evitar posibles derrumbes de aparatos el Explorer IV fue con medidores “blindados” con plomo para protegerlos de la alta radiación que se esperaba localizar, que de hecho así fue, pero demasiado más alta de lo imaginable.

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En esta foto de 1958 podemos ver de izquierda a derecha. Dr. William H. Pickering, jefe del JPL (Jet Propulsion Laboratory), el Dr. James Van Allen (físico nuclear de la Universidad de Iowa), y el Dr. Wernher von Braun, (ingeniero aeroespacial, uno de los más importantes diseñadores de cohetes del siglo XX) sostienen un modelo a escala del primer satélite estadounidense, el Explorer I.

Los datos aportados por las sucesivas misiones hallaron la existencia de dos regiones de radiación de alta energía que circundan la Tierra. Este descubrimiento espoleó la investigación y así modernos satélites con mayor alcance, los Pioner, que rebasaron los 100.000Km de altitud mostraron que teníamos dos bandas de alta radiación rodeando a la Tierra (en el esquema inferior coloreadas en verde), fueron llamados “cinturones de radiación Van Allen” en honor a este físico estadounidense, son dos cinturones que rodean la Tierra cargados con partículas de alta energía.

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En estos cinturones quedan atrapados entre gran cantidad partículas los RRCC a lo largo de líneas de fuerza magnética. Como nota simpática, cabe apuntar que esta captura de partículas había sido ya predicha por un astrónomo aficionado, N. Christofilos (1916-1972), que en su instante envió su trabajo pero nadie le prestó atención; sólo cuando diferentes llegaron a la misma conclusión se le reconoció el mérito y desde por lo tanto a la captura de partículas en los cinturones de Van Allen se le llama «efecto Christofilos». Suele pasar. Dejaremos para otra ocasión la peculiar entrada a la Tierra de los RRCC a través de los polos magnéticos, que casualmente son donde se forman los agujeros de ozono y donde los hielos crecen y decrecen como ha sucedido durante miles y miles de años.

«Creo que no hay ningún investigador que no esté de acuerdo en que el campo magnético interplanetario desempeña un papel crucial en la transferencia de energía desde el cosmos interplanetario al campo magnético de la Tierra».

Dr. GORDON ROSTOKER. Departamento de Física. Universidad de Alberta.

En la imagen inferior la Tierra es representada como un pequeño pequeño granito (escudado por su campo magnético o magnetosfera fuertemente «deformada» no es simétrica como se esperaba, expresada en azul) en lucha titánica contra el abismal campo magnético de nuestra estrella, vibrando con el viento solar (causante además de las tormentas magnéticas terrestres). El alcance del viento solar rebasa más allá de Plutón delimitando la heliosfera (o “atmósfera” solar; vivimos en el interior de la «atmósfera» solar). Estar en el interior de la heliosfera significa que todo lo que sucede en el Sol nos afecta de forma contundente, condicionando todos los ciclos naturales que afectan al clima del mundo que son muchísimos y dependientes.

En los años 60 del siglo XX investigadores daneses comenzaron a sospechar que los rayos cósmicos juegan un papel fundamental en la formación de nubes. A finales del siglo XX, dos emimentes físicos daneses Henrik Svensmnark y Eigil Friis-Christensen, analizando los registros satelitales se percataron que los cambios en la nubosidad dependían de la intensidad de los Rayos Cósmicos que llegaban a la troposfera. Habían desvelado que cuando hay mayor radiación cósmica, sucede una mayor formación de nubes. (SVENSMARK, H. y FRIIS-CHRISTENSEN, E. «Variation of Cosmic Ray Flux and Global Cloud Coverage. A Missing Link in Solar-Climate Relationship». Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics, Vol. 59, No. 11, pp. 1225-1232. 1997)

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En base a este descubrimiento, el Sol nuevamente juega un rol determinante debido a que la cantidad de radiación cósmica que llega a la Tierra está determinada por el viento solar, que a grosso modo hemos observado que son infernales «llamaradas» de plasma caliente que lanza el Sol cargadas de iones y magnetismo que alcanzan la Tierra y se extienden más allá del mundo enano Plutón.

El comportamiento del Sol en función de sus ciclos, decide la cantidad de rayos cósmicos que penetrarán en la Tierra, pues el viento solar actúa como un “soplador” que expulsa buena parte de los RRCC lejos de nosotros, debilitando su influjo en la Tierra. El flujo continúo supersónico de partículas ionizadas que nos lanza el Sol (viento solar o plasma magnetizado) nos está acribillando, pero el magnetismo terrestre lo modifica y nos protege formando una cavidad llamada magnetosfera que está dispuesta asimétricamente ya que el viento solar la deforma (lineas azules). Esta modificación o configuración defensiva de la magnetosfera terrestre comporta un efecto secundario en lo que corresponde a la penetración de los rayos cósmicos, al parecer que el flujo de entrada de las partículas es muy superior en los polos magnéticos que en el resto del mundo, donde casualmente están los hielos Ártico y Antártico. En diferentes palabras, los polos Norte y Sur son los puntos más vulnerables del mundo a la entrada de las partículas más energéticas que se conocen en el Cosmos, los rayos cósmicos.

La principal consecuencia del descubrimiento de Svensmark, resumido de la forma más sencilla, incluye que cuanto más fuerte sea el viento solar, menos radiación cósmica penetra, se forman menos nubes, hay más calentamiento del mundo. Cuanto más débil sea el viento solar, más bombardeo de RRCC, se forman más nubes, bajan las temperaturas. Los rayos cósmicos tienen la virtud de ionizar las moléculas del aire creando focos de condensación para el vapor de agua favoreciendo la formación de nubes.

El plan básica es que la actividad solar puede hacer que aumente o disminuya la nubosidad, lo que a su vez tiene un efecto encima del enfriamiento o el calentamiento de la superficie terrestre. Los agentes intermediarios son los rayos cósmicos, que proceden del medio interestelar, principalmente de las explosiones de las supernovas.

La clave es que cuando hay menos rayos cósmicos hay menos cobertura de nubes que conlleva un mundo más cálido. Está constatado que la caída de la actividad solar es un hecho, hemos tenido un máximo solar que ha estado desviando los RRCC otorgando temperaturas benevolentes, más calientes, que siempre han concepto prosperidad, mejores cosechas, desarrollo de ecosistemas tal y como ha sucedido en el Ártico, detalle que no hallarán en la propaganda ordinaria del «asústeles a muerte» que sigue una agenda de distinta a el saber. Actualmente, por vez primera en este nuevo milenio, el Sol está entrando en un período de menor actividad, por tanto los RRCC no serán desvíados como ha sucedido con el efímero y breve calentamiento final del siglo XX (que registró un máximo solar histórico). La caída récord en la actividad solar siguiendo las observaciones empíricas invita a la formación de mayor cobertura nubosa lo que contribuirá a un enfriamiento global.

Estas observaciones se han analizado en Asia, concretamente en China (XIA; X. LAGEO, Institute of Atmospheric Physics, Chinese Academy of Sciences, Beijing, 100029, China), se ha verificado que la cobertura de nubes sobre China disminuyó significativamente durante el período 1954-2005. esta deducción refuta la cada día más agujereada hipotesis del calentamiento global antropogénica, obcecada en que el calentamiento supuestamente de CO2 tiene que causar un aumento de vapor de agua y la nubosidad. Otro detalle de la investigación sostiene que la reducción de la capa de nubes no está vinculada a los aerosoles de origen humano, cediendo el mérito al mecanismo natural, seguramente a consecuencia del aumento de la actividad solar en virtud de la hipotesis de Svensmark al lado a diferentes dispositivos naturales.

«Las nubes son la sombrilla de la Tierra, y si se producen cambios en la cobertura de nubes por cualquier razón, tenemos el calentamiento global o el enfriamiento global».

Dr. ROY SPENCER. Climatólogo. Universidad de Alabama.

El ensayo de la cosmoclimatología es un causa muy interesante en la comprensión de los cambios climáticos viejos no provocados por el hombre, la actual política de castigo contra los gases invernadero es ciega y tendenciosa, cuando ni siquiera se han desvelado las causas naturales que llevan funcionando millones de años y que siempre han determinado cambios, demasiado más bruscos, prolongados, y que no son nada nuevo en la cronica terrestre.

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En la presente gráfica, (adaptada del trabajo SHAVIV, N. J. And VALZER, J. Celestial Driver of Phanerozoic Climate? GSA Today (july 2003), Vol. 371, pp. 323-325) abordamos el período Fanerozoico (últimos 545 millones de años), en el que la Tierra experimentó demasiados cambios climáticos, destacamos 8 grandes cambios climáticos, sobre todo largos (50-90 millones de años de duración), con una variación en las anomalías de unos 5ºC que se alternan configurando edades más cálidas y más frías. A su vez, podemos definir ciclos menores en el interior de los ciclos más largos. Si nos centramos en el último millón de años conocemos que hubo cerca de 10 edades de hielo y cada una abarcó sólo 100.000 años de duración jalonadas por períodos interglaciares de unos 10.000 años. La correlación entre el flujo de Rayos Cósmicos y los cambios climáticos son notablemente consistentes.

en el interior de los últimos 1000 años se han detectado demasiados períodos cortos 50 años más cálidos y con cambios más bruscos que cualquier otro encontrado en el tímido y escueto optimo cálido final del siglo XX. Es la consecuencia que se desprende del examen exhaustivo del equipo investigador de Caltech y la Universidad de Harvard que incluye toda suerte de registros históricos, dendrocronología, glaciología, cambio de isótopos en las muestras de hielo, sedimentos lacustres, maderas, corales, estalagmitas, microfauna de sedimentos, etc. Las variaciones de la temperatura atmosférica no obedecen a las concentraciones de CO2 y diferentes GEI, pero tales variaciones sí son coherentes respecto a los cambios en la actividad del Sol(SOON, W. et al. 2003. Reconstructing Climatic and Environmental Changes of the Past 1000 Years: A Reappraisal. Energy & Environment, Vol. 14, pp. 233-296.) y (SOON, W. and BALIUNAS, S. 2003. Proxy Climatic and Environmental Changes of the Past 1000 Years. Climate Research, Vol. 23, pp. 89-110).

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Los precarios comienzos que llevaron a probar la hipotesis cosmoclimática elevada por la DTU (Technical University of Denmark) fueron lo suficientemente sólidos como para recibir el observado bueno de uno de los laboratorios de investigación más importantes del planeta, el CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear) que es el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, unas instalaciones de más de 600 hectáreas integradas con aceleradores de partículas (desde el antiguo Sincro-ciclotrón al más moderno Colisionador de Hadrones). Así se puso en marcha el plan CLOUD que profundiza en la acción de los rayos cósmicos, las nuevas investigaciones reflejan importantes cambios en el paradigma del cambio climático, equivocado de raíz ha arruinado la economía mundial de las naciones con la errada reducción del beneficioso CO2 que es uno de los gases más valiosos para los ecosistemas de mundo. Jamás tuvimos los niveles de CO2 tan bajos desde el Jurásico, su subida es fruto natural esperada como ha sucedido en edades pasadas. El modelo actual asevera que las nubes son resultado del clima, pero se confirma que es al revés, es decir, que el clima es consecuencia de las nubes.

El 25 de Agosto de 2011, la revista Nature publicó los resultados que apoyan la influjo de los Rayos Cósmicos en el Cambio Climático. La publicación viene apoyada por más de 60 investigadores de distintos campos. La Cosmoclimatología está recibiendo el apoyo necesario del planeta investigador, los astros influyen en nuestro clima, los rayos cósmicos pueden provocar todo un cambio climático. Nuestra comprensión del clima va a aumentar sustancialmente y los modelos climáticos tendrán que rehacerse. La investigación de Svensmark publicada en Nature se titula sin ambages: “El papel del ácido sulfúrico, amonio y rayos cósmicos galácticos en la nucleación”. (Role of sulphuric acid, ammonia and galactic cosmic rays in atmospheric aerosol nucleation. Nature 476, 429–433. 25 August 2011. doi:10.1038/nature10343).

A pesar de las clásicas movimientos del establishment por denostar y bloquear el avance de el saber climática anclada en los Gases Invernadero, como estuvieron anclados por décadas los continentes de Wegener, experimentos en Dinamarca y diferentes naciones han comprobado que los rayos cósmicos intervienen en la formación de cúmulos moleculares que originan las nubes y por extensión la cobertura planetaria. Las investigaciones seguirán adelante porque los investigaciones iniciales sugieren procesos químicos en el aire incluso actualmente desconocidos.

«El resultado fuerza nuestra hipotesis de que los rayos cósmicos originarios de la galaxia están directamente implicados en el clima de la Tierra… / …Actualmente queremos concentrarnos en los detalles de la química inesperada que ocurre en el aire, al final del largo viaje que trajo a los rayos cósmicos desde estrellas que explotaron».

HENRIK SVENSMARK. Físico solar. Danish National Space Center (DNSC). DTU.

La Cosmoclimatología es resultado del esfuerzo interdisciplinario que ha tenido lugar en la última década, incluye físicos solares, químicos atmosféricos, geólogos, meteorólogos, inclusive físicos de partículas. Una extraordinaria cooperacion que abre muchísimas posibilidades en el avance investigador de la climatología, supone además la superación del reduccionismo cartesiano que permitirá entender mejor el montón de los procesos naturales que afectan a nuestro clima.

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