El incidente de white sands

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EE.UU.: el científico que viajó en un ovni

En mayo de 1964 surge en el panorama de la ufología mundial otra fotografía sumamente polémica. Y la provoca fundamental de esta nueva controversia se concentra casi unicamente en una razón con la que no comulgan los «sumos pontífices» de la ufología de EE. UU.: el creador de dicha imagen se autocalifica como un «contactado».
Me refiero a Daniel W. Fry. Este norteamericano, nacido en 1908, es quizá uno de los «contactados» con un mayor nivel cultural y técnico de cuantos confirman «estar en comunicación o contacto con los tripulantes de los ovnis». Fry fue uno de los principales impulsores del proyecto de evidencias de vuelos de misiles con combustible líquido de la Crescent Engineering and Research Company. Trabajó también para la Aerojet General Corporation en el terreno de evidencias de la base de White Sands. Allí tuvo a su cargo la instalación de instrumentos para el control y guía de misiles.
Se trataba, en suma, de un científico absolutamente escéptico en materia de ovnis. Incluso que llegó el 4 de julio de 1950…

Daniel W. Fry

El incidente de White Sands

Fry era un hombre sereno. Estaba casado y tenía tres hijos. Cuando desempeñaba su trabajo en la Aerojet fue trasladado a la célebre base de White Sands, en Nuevo México (EE. UU.). Como investigador en química, explosivos y cohetes espaciales, Daniel W. Fry recibió el encargo de instalarse en la mencionada base, en el campo de evidencias, para supervisar el funcionamiento de los modernos motores diseñados para un notable plan. Ahí precisamente terminaría la tranquilidad y el escepticismo de Daniel Fry, como lo cuenta en su texto The White Sands Incident (El incidente dic White Sands), publicado en 1954.

«Desde hoy, me cuento entre los más fervorosos defensores de la existencia de los ovnis»

Corría el mes de julio de 1950, cuando Daniel Fry decidió celebrar el aniversario de la Independencia de los Estados Unidos en la población proxima de Las Cruces, para lo cual viajó incluso la terminal de los autobuses que estaba en un campo militar cercano casi desierto. Cuando se dió cuenta de que había perdido el autobús era muy tarde para emprender el vuelta a casa y tomó una habitación en un pequeño hotel. El calor era espantoso y el sistema de aire acondicionado comenzó a fallar; Fry salió del hotel y echó a andar por el campo, sin rumbo fijo. Levantó los ojos para ver los astros y un hecho extraño llamó su atención:
«algo» ocultaba un asociación reluciente de estrellas, «algo» que, por la oscuridad de la noche, no alcanzaba a diferenciar bien y que comenzaba a acercarse al punto dónde estaba Fry. Pensó en echar a correr, pero la curiosidad lo paró. Se trataba de un objeto ovalado, que no emitía sonido alguno y que, conforme se aproximaba a la tierra, disminuía su velocidad, incluso posarse suavemente, en silencio, encima del suelo. Fry, investigador en aeronaves, estaba fascinado: el ingenio no llevaba turbinas, no hacía ruido ni había gases incandescentes que impulsaran su arranque. La apariencia suave en que se posó sobre tierra le demostraba a Fry que se trataba de un objeto erigido con material ligerísimo… Fry se acercó a la nave inmóvil y comenzó a caminar alrededor de ella para observarla mejor. La superficie era metálica, cálida al tacto.
Se sobresaltó al escuchar una voz que le aconsejaba amistosamente que no tocara el casco de la nave. Más molesto por el volumen de la voz que asustado por lo insólito, Fry se cruzó de brazos y esperó que la voz siguiera hablando. «Uno de los propósitos de esta expedición -dijo la voz-, es comprobar el grado de adaptabilidad del ser humano a diferentes medios, ideas y ambientes, así como rastrear mentes abiertas y receptivas con las cuales establecer contacto. ¿Le gustaría ver el interior de la nave?»

En el interior del ovni

Fry luchaba entre la curiosidad científica, el escepticismo y el miedo. Pidió al dueño de la voz que se mostrara, pero éste le manifestó que, lamentablemente, aún no estaba acostumbrado al aire y al ambiente de la Tierra, aclarando que la nave que sc encontraba frente a él no era sino un pequeño transporte destinado, entre diferentes cosas, a recoger muestras de la superficie de nuestro mundo, y que se controlaba desde la nave principal colocada en ese instante a unos 16.000 kilómetros sobre la superficie de la Tierra. Se abrió una pequeña compuerta y Fry entró en la nave para encontrarse en un salón ocupado por cuatro asientos con cinturones de seguridad.
Tomó asiento y pensó que la decoración dejaba demasiado que desear. Sorprendido, escuchó que la voz daba contestación a sus pensamientos: «Ya sé que la decoración no es muy buena, pero resulta funcional.» Fry escuchaba la voz como si resonara en el interior de su cabeza. «¿A dónde le gustaría ir? Me doy cuenta de que es usted un hombre excepcionalmente incrédulo, pero contamos con que el viaje que le propongo le convenza. ¿Qué le parecería si lo lleváramos a Nueva York? Estaríamos de vuelta en media hora.» ¡Media hora significaría una velocidad promedio de 14.000 kilómetros por hora! Fry aceptó, interponiendo la objeción de que no podría constatar la verdad del ofrecimiento dado que no vería nada desde aquella cabina hermética. La voz lanzó una risita burlona y la nave se puso en movimiento. En seguida se iluminé un proyector que lanzó sobre la compuerta
de la nave un rayo de luz violeta. ¡La puerta se volvió totalmente transparente, casi como si no existiera, y Fry comenzó a ver las luces del campo militar de la villa, que se perdían a lo lejos!

Catorce mil kilómetros en unos minutos

Casi no se percibía el movimiento de la nave, y Fry comenzó a ver como la Tierra se alejaba, brillando como un vasto globo, con una fosforescencia verduzca. El firmamento se volvía más oscuro y Fry comenzó a pensar que estaba en la estratosfera. La voz sonó nuevamente en su cabeza: «Ascendimos con cierta lentitud para darle oportunidad de que viera cómo se desvanecían las luces de las ciudades que usted conoce, y se habrá dado cuenta de que, a esta altura, la oscuridad es profunda dado que no hay bastante atmósfera que difunda la luz. Quiero explicarle que conocemos que la gente de la Tierra que ha observado el desplazamiento vertiginoso de nuestras naves piensa que ningún humano podría soportar una aceleración tan tremenda. La verdad es que la fuerza que acelera este vehículo no sólo actúa sobre cada átomo de él, sino también sobre la estructura atómica de todo lo que se encuentra en su interior, incluyendo a los pasajeros. En las aeronaves de ustedes, el tema es distinto: las desplazan por medio de turbinas que producen un impulso sobre una parte de la aeronave. Ese impulso local acelera a la nave, pero no al piloto ni a los pasajeros. El piloto sólo siente la aceleración por su contacto con el asiento y la inercia del resto del cuerpo produce la compresión causante, en sucesos extremos, de la pérdida de conciencia o la destrucción del cuerpo humano si dicha aceleración es desmesurada.»
Fry observó que descendían un poco. Las luces de Cincinnati estaban bajo sus pies. Unos minutos más tarde, ante sus asombrados ojos brillaban los perfiles inconfundibles de la ciudad de Nueva York.

                 

Toma obtenida por Fry el 18 de septiembre de 1964 y su ampliación.

«Ahí la tiene -dijo la voz-. Nuestra nave se sobre a Nueva York desde el ángulo noroeste. Daremos una vuelta completa por encima de ella disminuyendo la velocidad a unos 1.000 kilómetros por hora con objeto de que pueda usted disfrutar del panorama.»

«Mi nombre es Alan y debo transmitirle un mensaje de gran importancia»

«Me llamo Alan, y usted se llama Daniel, ¿no es así?» Fry contestó afirmativamente y la voz siguió adelante, mientras Fry observaba, fascinado, las luces de Nueva York, que giraban a sus pies.

«Vamos a emprender el vuelta, Daniel. Quiero decirle que estoy satisfecho por sus reacciones y que nos gustaría volver a ponernos en contacto con usted. Si no le molesta, lo haremos pronto. Por actualmente, voy a depositario en el mismo sitio donde lo encontramos y pronto volveremos para charlar con usted.»

Fry explicó, mentalmente, que iba a mudarse a California y expuso su inquietud por la posibilidad de que no volvieran a encontrarlo.

«Eso no significa nada, Daniel. Su mente es buena receptora» tal vez en parte porque está adiestrada para manejar imágenes y ideas abstractos. Donde quiera que se encuentre, podrá escucharme cuando lo llame. Más aún, debo confesarle que fue debido a su capacidad receptora como logré entrar en su mente hace tres noches. Usted estaba acostado pero no lograba conciliar el sueño porque había tenido un día de trabajo muy pesado. ¿Recuerda?»

Fry lo recordó al instante.

«Usted se levantó de la cama, encendió un cigarrillo y volvió a acostarse. Comenzó a aclarar contratiempos matemáticos mentalmente incluso que se quedó dormido. Me avergüenza admitirlo, pero su mente estaba tan abierta que penetré incluso el fondo de ella, al grado de que le aseguro que lo conozco mejor que usted mismo. Lo que encontré en su mente fue gran cantidad satisfactorio, aunque no totalmente idóneo. Descubrí que ciertas penas y frustraciones le han dejado cicatrices de rencor, de resentimiento, aunque (y eso fue lo que estableció mi convencimiento de que sería un buen contacto) me di cuenta de que esas mismas penas lo habían impulsado a desarrollar un buen grado de comprensión y de percepción subjetivas.»

La nave descendía al mismo tiempo que comenzaba a reducir la velocidad. Las luces de la villa donde Fry pensó que pasaría una noche tranquila y tediosa, comenzaban a aparecer bajo sus pies. Se posó suavemente en el campo y los reflectores de la cabina se encendieron; la voz de Alan le indicó que podía quitarse el cinturón de seguridad y Fry se puso de pie. Curioso, observó la cabina tratando de grabar en su mente incluso el más mínimo detalle. En ese instante, le llamó la atención un emblema grabado en el respaldo del asiento.

El árbol y la serpiente del paraíso perdido

El diseño era facil. La representación simplista de un árbol y una serpiente. La impresión que sintió Fry al identificar el símbolo fue tan energica, que Alan la percibió y dejó huir un sonido de alarma.

«¿Qué ocurre, Daniel? ¡Ah!, ya me doy cuenta. Ha reconocido nuestro símbolo y se imagina cuál es su concepto. Bien, era de esperar. Cualquier terrestre lo habría reconocido. Lo que siento es que tengamos tan poco tiempo y que aún deba decirle tantas cosas. Nuestros ancestros vivían en la Tierra, como se lo habrá imaginado al ver el emblema; estaban muy avanzados y vivían en el sitio que las leyendas de los terrestres llaman Lemuria o Mu. Por otra parte, el desarrollo científico del continente de la Atlántida también era muy avanzado, al extremo de que sus científicos aprendieron a manejar la energía atómica con más destreza de la que ustedes tienen hoy en dia. Había cierta rivalidad entre ambas naciones y el desenlace era inevitable. Pero por actualmente, no me queda tiempo para decirle nada más, Daniel. Descienda de la nave, y pronto me pondré en contacto con usted. No, no piense que no volveremos a encontrarnos. Le advierto que aún no he cumplido con la parte más notable de la misión que se me ha encomendado: el mensaje que usted deberá transmitir a la sociedad. Adiós, Daniel. Más bien, incluso pronto..

Fry abandonó la nave y, como un sonámbulo, comenzó a alejarse de ella. No había transcurrido ni siquiera una hora. Unos metros más adelante, se volvió para mirar la nave. La compuerta se había cerrado y una banda de color anaranjado iluminaba como un cinturón fantasmagórico al ovni, que súbitamente despegó de la Tierra a una velocidad increíble. El aire producido por el despegue de la nave hizo que Daniel cayera al suelo. Cuando se levantó, los astros brillaban serenas y no quedaba del ovni otro rastro que un circulo de yerba aplastada encima del campo.

Diferentes contactos

A este primer «contacto» con la enigmatica nave y la no menos enigmática «voz» le siguieron diferentes encuentros con los entes del cosmos. Así lo ha relatado Fry en sucesivas oportunidades y públicamente. En total -según Fry- se registraron cuatro «contactos», entre 1950 y 1954.
Por supuesto, varios expertos no aceptan las manifestaciones de Daniel W. Fry, aunque tampoco disponen de argumentos sólidos como para probar que el científico y antiguo escéptico miente.
¿Dónde está la verdad? En mi opinión, tendrá que llegar el día en que estos «contactados. sean estudiados en profundidad. Quizá por lo tanto sepamos incluso dónde llegó su fantasía y incluso dónde la verdad…

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