Gritos en la oscuridad: los ovnis tenebrosos

gritos en la oscuridad los ovnis tenebrosos
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Gritos en la oscuridad: los ovnis tenebrosos

Pocas son las cosas que pueden desgarrar la serenidad de un ser humano como puede lograrlo un buen grito: ya sea el chillido de un niño o el alarido de una actriz de película de horror. El grito activa nuestros sentidos, inunda nuestros cuerpos de adrenalina y nos prepara — desde la milenarias cavernas de nuestros antepasados — a luchar o huir de la posible amenaza, a la misma vez que activa en nosotros el ánimo de socorrer a la persona que grita.

Por Scott Corrales

A mediados de los 1970 circulaba un disco muy interesante encima del fenómeno ovni–una serie de charlas por un ufólogo llamado Will Jima y cuya portada era demasiado más interesante que su contenido, como suele suceder. La energica carátula del elepé mostraba una escena nocturna típicamente estadounidense con un platívolo aterrizado y un hombre siendo arrastrado hacia el vehículo desconocido por dos entes rarísimos. La ilustración no dejaba lugar a dudas de que el hombre era llevado hacia el objeto contra su voluntad y muy a su pesar. Era como si el eslogan publicitario de la película Alien (1979) “En el cosmos no hay quien te oiga gritar” hubiese sido adaptado al fenómeno ovni.

El saber-ficción, desde sus albores, ha hecho que los gritos sean inseparables del celuloide: gritos al ver al alienigena, gritos al ver el monstruo, pero ¿qué sucede cuando los escalofriantes alaridos se producen aquí y actualmente, y están relacionados con el fenómeno de los OVNI?

Gritos sobre Texas

Las vigilias OVNI suelen ser acontecimientos gran cantidad alegres en los que se dan cita los estudiosos y aquellos que sencillamente desean ver uno de los misterios más inquietantes de nuestro tiempo. Pero nada prepararía a un padre e hijo del estado de Texas (EUA) para lo les tocaría vivir a mediados del mes de junio en 1998.

El padre, que sólo fue identificado como “Pappie” pero cuyo nombre poseía las iniciales “D.M.”, anunció a los expertos que se ocuparon de su suceso que a las 20:30 horas del 14 de junio estaba haciendo una vigilia con si hijo en las proximidades de la villa de Leander, cuarenta kilómetros al noroeste de la ciudad de Austin, la capital del estado. “Pappie” y su hijo habían estacionado su camioneta a la orilla de un camino vecinal que ascendia la cuesta de una colina, desde la cual les era posible ver no sólo la espléndida tarde de verano sino además la zona circundante.

Cuál sería el fascinacion de los declarantes al ver dos luces en el firmamento acercarse a su posición. Según el una declaración del padre, las luces se desplazaban a una velocidad constante pero seguían derroteros distintos–una hacia el suroeste y la otra hacia el sur, pudiendo ser vista a distancias considerables. “Las luces volaban muy bajo para ser satélites”, aclaró el declarante.

En cuestión de minutos, un fogonazo de luz azulada iluminó el fondo de un valle contiguo a la colina, cubriendo una zona cuyo tamaño estimaron los declarantes como el de un campo de fútbol americano.

Mientras que el cociente de alta extrañeza aumentaba, padre e hijo afirmaron haber escuchado un sonido sumamente raro que emanaba desde el fondo boscoso del valle que dominaba su colina. “Acto seguido”, explicó “Pappy”, escuchamos un grito que provenía de la zona boscosa al suroeste de la colina. En cuestión de cuatro segundos, nos fue posible escucharla desde el suroeste. Ningún ser humano pudo haberse desplazado semejante separación en ese cosmos de tiempo.

Ni “Pappie” ni su hijo pudieron identificar el grito como el de un animal conocido, como lo sería un felino montés. La vocalización sonaba extrañamente humana…

Alaridos desgarradores

Hay sucesos en la que la presencia del fenómeno OVNI no se pone de manifiesto. El 20 de abril de 1905, la señora Rose Bushnell de la ciudad de South Fork, California (EUA) tuvo una experiencia aterradora: sentada en la compañía de sus padres, su hermana, abuelos y varios primos y amigos, Rose contó que los presentes escucharon los gritos de una multitud de hombres, mujeres y niños que provenían del firmamento azulado directamente por encima de su casa. Según Rose, “los gritos parecían provenir de una separación muy lejana, disipándose por unos cuantos minutos y regresando posteriormente con mayor volumen.

Los terribles y desgarradores gritos duraron por un cosmos de quince minutos, poniéndoles el pelo de punta a los miembros y amigos de la familia Bushnell. Agregó Rose que “las mujeres, hombres y niños gritaban juntos, como si padeciesen un dolor terrible. No hay palabras que puedan explicar estos horribles sonidos, que incluso reverberan en mi mente.”

La entrevista con la señora Bell figura en el texto Strange Disappearances (Desapariciones Misteriosas) de Brad Steiger, y el veterano investigador y creador intentó vincularlos con los posibles “bolsillos en el tiempo y el cosmos” en que pudiesen haber caído los centenares o tal vez miles de personas que han desaparecido a lo largo de los tiempos: una especie de limbo viajante que puede absorber a los desventurados y condenarlos a la inexistencia por el resto de la eternidad. otros expertos más religiosos tal vez intentarían vincular este extrañísimo fenómeno en el sur de California al comienzo del s. XX con la existencia del infierno como lugar de castigo para los impíos, pero no podemos evitar la tentación de invocar la presencia de los llamados “ovnis invisibles” cuya presencia se viene describiendo desde los comienzos de la fase moderna del fenómeno ovni hace 50 años. No sería descabellado visualizar desapariciones en masa de entes humanos por obra de fuerzas misteriosas, y cabe apuntar que el año 1905 fue uno de sucesos de alta extrañeza en diferentes partes del planeta. “El invierno del miedo” documentado por Charles Fort en sus obras dejaba paralizada a Inglaterra mientras que los Estados Unidos vivían las últimas manifestaciones de los misteriosos dirigibles o “airships” que tanta sensación causaron en su instante.

Un engaño estremecedor

Uno de los sucesos más insolitos de su instante–durante la era dorada del fenómeno OVNI en la década de los setenta–se produjo el 6 de agosto de 1977 en el poblado de Pelham, Georgia (EUA). Tom Dawson, un comerciante de automóviles de segunda mano de 63 años de edad que vivía en un estacionamiento de remolques, había salido a pasear a sus dos perros y a visitar vecinos como acostumbraba hacer en sus días de asueto. Posteriormente, Dawson cruzaría un prado lleno de vacas para llegar a un pequeño lago donde acostumbraba a practicar la pesca.

Justo al internarse en el prado, el declarante contó que un objeto “reluciente y circular” salió del firmamento para quedar suspendido casi directamente frente a él, suspendido a un metro del suelo. Dawson manifestó haber se quedado paralizado–fenómeno que afectó no sólo a sus dos perros, sino a las treinta o más vacas que ocupaban el prado.

Cinco entes humanoides–tres varones y dos hembras–salieron del objeto a través de una escotilla. Los entes tenían la piel blanca, narices afiladas y orejas puntiagudas. Dos de ellos estaban completamente desnudos y sus cuerpos carecían absolutamente de vello.

Sin dirgirle la palabra, el líder de los extrahumanos colocó una especie de gorro sobre la cabeza de Dawson para administrarle lo que aparentaba ser un examen físico. El “gorro” poseía varios cuadrantes y luces, y alambres conectados a un mecanismo comparable a un anillo.

La experiencia descrita por Dawson no pasaría de ser una experiencia de contacto gran cantidad normal, en el interior de lo que cabe, para aquella era, de no ser por el siguiente detalle alucinante: el vendedor de autos usados afirmó haber escuchado una voz humana que gritaba desde el interior de platívolo: ¡Yo soy Jimmy Hoffa! ¡Yo soy Jimmy Hoffa! incluso que el grito fue interrumpido repentinamente, “como si alguien hubiera tapado la boca del que gritaba con la mano”.

Llegado este instante es necesario hacer un paréntesis para aclarar a quién correspondía del que gritaba. Un año anteriormente, Jimmy Hoffa, poderoso líder sindicalista estadounidense, había desaparecido misteriosamente poco anteriormente de entrar a un restaurante de comidas rápidas. Su desaparición había conmovido al país entero, amén de dar pie a toda clase de hipotesis conspirativas. ¿Había desvelado Tom Dawson el destino del sindicalista?

Jamás llegaría a saberlo. El examen físico que le practicaron los extraterrestres acabó repentinamente. Acto seguido, los humanoides volvieron a ingresar en su ingenio volador y el objeto ascendió a una altura de 75 pies anteriormente de desaparecer por completo. La insolita parálisis que aquejaba al humano, a los perros y el ganado dejó de surtir efecto y Dawson se alejó corriendo del prado incluso la morada de su amiga Linda Kolbie, quien creyó que Dawson se había topado con una serpiente toxica en el campo. Jadeante, con los ojos desorbitados, Dawson consiguió decir “nave espacial” anteriormente de ser llevado a la sala de urgencias.

Los médicos administraron tratamiento para su histeria y confirmaron que Dawson había soportado un shock tremendo y que no había consumido alcohol ni drogas. Todos los vecinos coincidieron en que Dawson era un hombre trabajador y respetado en su comunidad, y a quien no se le conocía como embaucador a pesar de la mala fama que caracterizaba a su profesión.

El investigador Jerome Clark, quien analizó el suceso en su instante, manifestó que mientras que era absurdo pensar que Jimmy Hoffa se encontaba preso a bordo de un platillo volador, la declaración de Dawson era fidedigna. “Si alguien me preguntase algún día”, escribió Clark, “sobre lo que verdaderamente pienso sobre los OVNI, contestaría que creo que alguien se está burlando de nosotros en algún lado”.

Pero, ¿quien era, por lo tanto, el que gritaba desde el interior del platívolo presenciado por Dawson?

Cuanto los monstruos gritan

La pugna entre los buscadores de monstruos y los expertos del fenómeno ovni está concentrada en la exclusión mutua. Los ufólogos no desean conocer de los monstruos que en numerosas ocasiones se manifiestan en relación con los ovnis y los criptozoólogos tratan depurar su campo para hacerlo agradable ante los ojos de el saber oficial, la deidad de nuestra era, así que nada de platillos volantes…

Por demasiado que esta exclusión mutua sea de agrado a los integrantes de ambos partidos, los sucesos en que se han observado enormes entes peludos del género conocido mundialmente como “yeti” o “pie grande” en relación con luces enigmaticas siguen produciéndose en todas partes del planeta.

En 1993, según informaciones aparecidas en el boletín WBS Alien Report Vol.2 #5, Nick M., vecino del pueblo de Atascadero, California (EUA) estaba viendo televisión de noche cuando pudo ver un flash de luz a través de la ventana. Levantándose para investigar el hecho, Nick pudo ver una luz roja en la arboleda. Al abrir la puerta de su casa, reveló que se trataba de un OVNI aterrizado. El objeto abrió lo que aparentaba ser una compuerta y dos entes peludos de tipo “Bigfoot” salieron del interior para tomar muestras del suelo. Después de algún tiempo, los entes volvieron a internarse en el objeto, que salió disparado hacia el firmamento, despareciéndose por completo. Nick asevera haber ido a la zona del aterrizaje pero no localizó huellas de ninguna clase. Varios años anteriormente, según el cuaderno Mufon Journal #264, una doncella en Tillamook, Oregon (EUA) fue declarante de lo que su nieta explicó como “un trompo de juguete suspendido justo sobre la tierra”. Creyendo que eran imaginaciones infantiles, la doncella se asomó a ver, quedando sorprendida al ver que el objeto en cuestión tenia entre veinte y treinta pies de circunferencia y luces amarillentas que resplandecian en ambos extremos. A través de lo que aparentaba ser una claraboya, pudo divisar un enorme ser peludo tipo “Bigfoot” que aparentaba estar sentado, ya que sólo resultaban visibles su pecho y enormes hombros. El objeto no se elevó ni salió disparado, como ocurre en la mayoría de estos sucesos, sino que sencillamente se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

Los entes peludos no siempre guardan silencio, como veremos a continuación.

Linda Williford se había mudado al condado de Snohomish en las cordilleras el estado de Washington en 1976, cuando los avistamientos de OVNIS y “Bigfoot” aparecían con frecuencia en los diarios locales. Manteniendo un escepticismo natural hacia ambos temas, no sería sino incluso el 9 de agosto de 1978 que Williford tendría su propio encuentro con lo desconocido. Esa mañana, los animales de su pequeño rancho armaron una cacofonía de graznidos, mugidos y ladridos sin razón aparente, incluso que fue posible escuchar un grito catalogado como “sobrecogedor” proviniendo desde el noreste. La señora Williford encendió su magnetofón y consiguió grabar la serie de gritos que emanaba desde el bosque; posteriormente, su marido escucharía la grabación y ambos coincidirían en que jamás habían escuchado nada comparable. Los alaridos se producirían de noche y con frecuencia por varios meses, haciendo que el perro guardián de los Williford rompiese su pesada cadena y regresara a refugiarse en el interior de la casa. El 19 de octubre de 1978, los gritos pudieron escucharse justo afuera de la casa, pero cuando el señor Williford salió a investigar con su linterna de pilas, no pudo ver nada. “Cuando mi marido apuntaba el haz de luz en la dirección de los gritos,” escribe Linda, “los alaridos cesaban. Una vez que apagaba la luz, el griterío comenzaba de nuevo pero a cierta separación. Aparentaba ser que mientras más se alejaba el gritón, mayor fuerza y fiereza cobraban sus gritos. Hemos pasado noches en que los gritos comenzaban a las 6:00 p.m. y seguían la noche entera”.

A cinco millas de separación de la familia Williford, otra mujer-Linda Sevey-informó al investigador Peter Gutilla que en agosto del ’78 había presenciado “una gran bola de color amarillo anaranjado en el firmamento, y la luna llena estaba evidente justo a su lado”. El objeto luego despediría luces más pequeñas que revolotearon a su alrededor anteriormente de perderse entre las arboledas distantes. Semanas después, la familia Sevey escuchó gritos agudos de tal intensidad que podían escucharse por encima del volumen del televisor y el sistema estéreofónico de su casa. Al día siguiente, los Sevey descubrirían que la alambrada de su propiedad había sido arrancada de cuajo con los postes doblados en dirección hacia el pastizal. Posteriormente se descubrirían huellas misteriosas y proseguirían los avistamientos ovni.

Escasos meses anteriormente del comienzo de la gran oleada ovni de 1973, los granjeros en la ribera oriental del Rio Ohio en el estado de Kentucky se quejaron a las autoridades no sólo de la luces en el firmamento, sino además de un ser “que da bramidos como los del elefante e infunde de miedo a los perros de caza”. Diferentes se quejarían de entes raros que emitían sonidos como los de un cerdo gigante.

Varios autores que, como Gutilla, han estudiado concretamente este aspecto delfenómeno paranormal, no han podido aclarar la relación entre ambos fenómenos. Si el fenómeno ovni es netamente físico, o en el argot estadounidense “de pernos y tuercas”, podría decirse que los ovninautas de una civilización sumamente adelantada se valen de entes inferiores para realizar cierto tipo de misiones que resultarían tediosas o peligrosas – algo muy comparable al uso que hacemos de perros amaestrados para rastrear fugitivos, ir de caza o rescatar víctimas de algún desplome o terremoto. Si por el contrario, se tratan de entes parafísicos, tal vez estarían relacionados con actos de magia ceremonial realizados en distintos zonas, seguramente por chamanes nativoamericanos. Entre las tribus del oeste de Norte América, hay la creencia de que los entes peludos son los custodios de los cementerios sagrados de las diferentes tribus, y que sus alaridos sirven para espantar a aquellos que osen profanar tales zonas.

En el ámbito de lo paranormal

Las misteriosas vocalizaciones que acompañan a estos fenomenos no se limitan a los ovnis ni a las apariciones de criaturas misteriosas. Dentro del contexto netamente paranormal de lasapariciones marianas se han producido vocalizaciones sonoras que no serían de esperar en un fenomeno tan aparentemente placentero y ensalzador como el de las diversos manifestaciones de la Virgen. Pero algo raro sucedió en el estado de Nueva Jersey en la década de los ’90 que debe tenerse en cuenta.

En marzo de 1989, la población de Montclair en el norte del estado de Nueva Jersey se convertiría en el inverosímil escenario de las vivencias religiosas de Joseph Jacobson, un obrero que afirmaba mantener contacto regular con la Santísima Virgen el primer domingo de cada mes a las 21:28 horas por cosmos de 10 a 15 minutos. La aparición, una doncella adolescente y sonriente que se identificaba como María, le pidió que le construyera una reducida capilla en el patio de su casa, cosa que atrajo la atención de los vecinos primero y despues a centenares de curiosos que se enteraron del fenomeno que se desarrollaba en aquél lugar. Pronto empezaron los milagros, como los rosarios bendecidos por la Virgen y el florecimiento de los rosales en el patio de la casa en pleno invierno. La diócesis católica de la ciudad de Trenton alegadamente cogió cartas en el tema, nombrando un jefe espiritual que se encargó de la custodia de los mensajes que la imagen le impartía a Jacobson.

El paso de los años no disminuyó para nada el fervor de los creyentes en las apariciones de Montclair, y el 4 de octubre de 1992, la estación KTNH del estado de Connecticut envió a la reportera Belamy North y un camarógrafo a entrevistar al vidente y documentar los supuestos milagros. Escéptica como corresponde a los miembros de su profesión, North esperaba localizar algún engaño o sencillamente la malinterpretación de sucesos normales, deformados por el prisma del fervor religioso, pero cual sería su sorpresa al constatar-con sus propios ojos y con la lente de la cámara- que el firmamento nocturno se abría para dejar caer un haz de luz perfecto, rodeado de lucecillas parpadeantes, mientras que los devotos elevaban sus plegarias. Más perturbador incluso fue el hecho de que la cámara pudo constatar que uno de los rosales se inclinaba, como si fuese por su propia voluntad, para ofrecer una rosa al vidente Jacobson.

“Pero lo más raro,” comentó North al investigador Nelson Pacheco en su texto Unmasking the Enemy, “era que en medio de todo este fervor religioso en el que supuestamente podía observarse la Virgen, podían escucharse unos gritos. Eran gritos como los de alguien que está siendo torturado. Como un grito que se escucharía en una película de horror”.

Era increible precisar el origen de los gritos, porque parecían provenir desde lejos. Mientras que los devotos oraban y profesaban ver la figura divina, estos gritos aterradores desgarraban el aire. Se manifestó que eran los gritos de una persona que había soportado un traumatismo nervioso o un ataque de epilepsia, pero los presentes, que afirmaron haber escuchado el mismo grito que la reportera, opinaron que se trataba “del demonio, tratando de interrumpir la paz y tranquilidad del instante”.

La reportera North no menciona si los alaridos fueron capturados por la banda sonora de su rodaje, pero la presencia de un elemento nitidamente discordante debe tomarse en cuenta en un ensayo de este tipo.

“¡Dios mío, Ayúdame!”

Durante los últimos días del mes de noviembre de 2003 el invierno ya se hacía sentir en todas partes de los Estados Unidos y la población de Morehead, estado de Kentucky, no era excepción. en cambio, algo raro habría sucedido la noche del 21 del mes que puede clasificarse de espeluznante.

Un informe anónimo remitido al National UFO Reporting Center con sede en Seattle rezaba así: “La brigada de rescate de los condados de Morehead y Rowan recibieron una llamada del departamento de policía de Morehead sobre de una voz de doncella que pedía auxilio a gritos, haciéndolo tres veces. Dos declarantes confirman haber contemplado una luz reluciente en el firmamento por cosmos de un minuto anteriormente de que la brigada de rescate se personara en el sitio de los hechos. Se le solicitó al departamento de bomberos hacer una búsqueda utilizando una cámara de imágenes térmicas, aunque dicha búsqueda fue infructuosa. Los declarantes son vecinos de Morehead. A menos que se confirme el informe de una persona desaparecida, no se continuará la búsqueda”.

En eso quedaron las cosas incluso que el investigador Donnie Blessing de la MUFON tuvo la oportunidad de hablar con una tal “Sra. Huff” el 3 de diciembre del año en curso. La doncella le manifestó al investigador que su marido había formado parte de la brigada de rescate que había respondido al incidente de los gritos en el camino rural conocido como Adams Lane. Una persona había irrumpido en la estación de bomberos, según le había contado su marido, mencionando que una doncella y su niño habían estado andando en la cuesta de una colina y que “una nave espacial” había bajado para llevarse al menor, haciendo que la doncella gritara “¡Ayúdame, Dios mío, Ayúdame!”

Blessing no daba crédito a sus oídos y le preguntó a la doncella que si sería posible hablar con el marido, cosa que consiguió hacer al día siguiente. El “Sr. Huff”, seudónimo asignado por Blessing al bombero, relató lo mismo que la había mencionado su doncella. El bombero amplió detalles, comentando que otro miembro de la brigada de rescate había sido abordado por un hombre mientras que estaban en las proximidades del cuartel de la policía estatal de Kentucky. El raro haberlo observado todo: “había una doncella en un campo y que luego había bajado un OVNI para secuestrarla”.

Más raro incluso resultaba el incidente que había tomado lugar dos días anteriormente, cuando la brigada de rescate había recibido otra llamada telefónica, esta vez de unos vecinos que avisaban haber contemplado “un niño de dos años de edad andando a lo largo de la carretera 60 en pañales”. El vecino había observado al pequeño, que aparentaba inmune al frío imperante, y había dado parte a las autoridades inmediatamente. Las pesquisas posteriores jamás dieron con ningún niño perdido y jamás se recibieron llamadas posteriores sobre la presencia del diminuto vagabundo. Este detalle guarda un comparable muy curioso con un suceso ocurrido en Hartford City, Indiana (EUA) el 24 de ocutbre de 1973, cuando la policía local recibió docenas de llamadas referentes a avistamientos ovni y el alguacil Edward Townsend y sus oficiales salieron en busca de “niños que caminaban a lo largo de la cuneta disfrazados de hombres del cosmos”.

Otro investigador del fenómeno OVNI, Kenny Young de la Mid-State Research Associates con sede en Ohio (EUA), consiguió comunicarse con un maestro universitario de ascendencia inglesa que vivía en Adams Lane y que había sido contactado por agentes del orden público sobre los gritos que se escucharon en esa zona rural.

El maestro anónimo declaró que estaba en casa cuando se escucharon los alaridos. “Sí, estaba en casa cuando se oyeron los gritos. Se escucharon unos gritos francamente espeluznantes pero nadie pudo averiguar nada más al respecto.”

Curiosamente, el maestro había tenido una experiencia OVNI entre las 21:00 y 22:00 horas en la zona, mientras que conducía en la compañía de sus dos hijos de 15 y 18 años de edad respectivamente. Los tres hombres se percataron de un objeto aéreo raro que se cernía sobre un campo abierto; la configuración del aparato era ovalada y de color blanco, moviéndose “como lo haría un colibrí”. Después de tres o cuatro minutos de observación inicial, el objeto empezó a desplazarse velozmente de un lado del firmamento otro. El maestro y sus descendientes estacionaron el coche y se bajaron para definir que el objeto no era un avión ni tampoco un helicóptero, y transcurridos varios minutos, los declarantes reingresaron a su vehículo después de que el objeto les infundiera cierto recelo. “Yo diría que era una impresion de recelo más que de miedo”, explicó el catedrático. “No sabía qué era lo que estábamos viendo y me preocupaba pensar que aquello nos hubiera detectado”.

Después de regresar a su hogar, los declarantes siguieron viendo el raro objeto desde la ventana de una habitación en la segunda planta. El raro objeto comenzaba descender, mudando sus colores de blanco a anaranjado, y asentándose en un campo.

Se produjo un cambio de color adicional, esta vez de anaranjado a rojo. Al suceder esto, los animales de las viviendas y granjas vecinas enloquecieron, ladrando como locos y tratando de romper sus cadenas. El objeto saldría disparado para perderse en la noche.

Fue justo por lo tanto que los hijos del maestro salieron de la casa y escucharon los gritos originarios del campo en dónde el raro objeto aparentaba haber tomado tierra. “Se trataba de una voz femenina”, explicó el maestro a Kenny Young. “Mis hijos se metieron en el coche y llamaron a la policía, dando parte sobre los hechos”.

En menos de media hora una veintena de policías se habían aparecido en la morada de instructor universitario para iniciar su propia búsqueda. A pesar de sus titubeos iniciales, el maestro anunció a los policías encima del avistamiento OVNI, sorprendido al revelar que no se burlaban de él. Según las declaraciones del maestro a Young, uno de los policías llegó a admitir haber contemplado un ovni además, aunque no supo precisar si se refería al mismo objeto.

Conclusión

El suceso de los insolitos gritos que desgarraron la oscuridad invernal del estado de Kentucky permanece abierto. El investigador Young ha desvelado inconsistencias en el una declaración de la doncella del bombero y la versión vertida por el mismo bombero. Nos preguntamos si el próximo paso a seguir consistirá en revisar detalladamente las partes policiales en cuanto a denuncias de personas desaparecidas–mamá e hijo, en este suceso. Los aspectos nitidamente espeluznantes de este suceso hacen que nuestra imaginación funcione a toda velocidad, sugiriendo teoría imposibles de respaldar con hechos. ¿Sería la mamá una abducida que se dirigía a un lugar desierto–al estilo de Expedientes X — para entregar a su hijo híbrido a fuerzas no humanas? ¿Gritaría acaso al salir de algún estado de sugestión hipnótica y darse cuenta de lo que acababa de hacer? ¿Qué fue de ella? Y más inquietante incluso: ¿Quién era el niño en pañales que caminaba tan ufano por la cuneta, inmune al frío? Las crónicas de abducciones de los años ’90 nos dicen que los extraterrestres “Grises” son supuestamente capaces de proyectar imágenes pantalla que los disfrazan ante los ojos de los entes humanos. ¿Sería en efecto uno de los Grises proyectando una inocente imagen infantil en las mentes de los declarantes? La incógnita sigue sin contestación.

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