EL ESPEJO EMBRUJADO DE MUSWELL HILL

el espejo embrujado de muswell hill
el espejo embrujado de muswell hill
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Un espejo de los años veinte, un artista y un estudiante:

Estos son nuestros tres protagonistas. El primero en abrir las cortinas de esta cronica fue el artista: Sotiris Charalambous tiene 34 años y es pintor. Llevado por sus gustos estéticos y su admiración por todo lo raro y lo extraño, no dudó en comprar un viejo espejo en Muswell Hill, un distrito del norte de Londres conocido por su estética eduardiana y por un manantial al que en el pasado, le atribuían virtudes medicinales.

Lo llevó a casa en seguida con el plan de situarlo a la entrada de su piso, justo encima de un radiador donde quedaba un amplísimo cosmos libre. A su compañero le pareció bien. Joseph Birch, de 20 años, no le prestó demasiada atención los primeros días, es estudiante y apenas va demasiado por casa, solo para dormir. Actualmente bien, según él mismo explicó, hubo ya unos primeros instantes en que llevar la vista hacia ese espejo le causaba escalofríos. Veía sombras oscuras, movimientos sin explicación que aparecían en la superficie sin que nada en el exterior tuviera su concordancia. ¿De dónde salían esas sombras?

Los primeros días no manifestó nada. Incluso que una mañana, su compañero, se quejó de algo que no podía entender: poseía la espalda llena de arañazos. Estaba agotado, asustado y casi inmovilizado. Había pasado una noche entera sumido en extrañísimas pesadillas, y al amanecer, el dolor en la espalda lo obligó a levantarse para desnudarse, y revelar esas heridas.

Podría se algo aislado, pero desde que el espejo llegó a ese pequeño piso de alumnos y artistas, la mala suerte además empezó a flotar en la casa: contratiempos de dinero, exámenes que se suspenden, la sensación de que están siendo observados, de que no pueden concentrarse, ni investigar, ni pintar… La atmósfera estaba como cargada, como si costara respirar inclusive. Y más incluso: si es normal avisar sombras misteriosas deslizándose en el interior del espejo, lo que percibieron además eran orbs. Esferas que van y vienen cargadas de luz y que flotan por la casa. La situación, como puedes soñar, era insostenible.

¿Y qué hicieron nuestros protagonistas? Intentar vender el espejo. Fueron a una casa de antigüedades, pero no parecieron interesados en él. Se dirigieron a varias más y todos les recibían con incomodidad. ¿A qué se debía? Decían que el marco era de mala calidad, que no era una pieza de interés. Y si bien es cierto que en un primer instante pensaron en romperlo y tirar sus remanentes a un contenedor, el miedo les hizo pensar en las consecuencias que podría tener aquello. Debían hacerlo bien.

Durante esas semanas en que estuvieron pensando en destruirlo, las cosas empeoraron incluso más. Comenzaron a desaparecer pequeños objetos: llaves, cucharas, encendedores, relojes… Por las noches escuchaban súbitos estallidos, para al segundo, levantarse aterrados y revelar el salón desordenado, las sillas movidas, las lámparas balanceándose…

¿Solución? Pusieron a la venta en ebay por un precio de salida de 100 libras, pero añadieron una reducida explicación «que estaba embrujado, que quien lo obtuviera, corría el riesgo de experimentar fenómenos insolitos»…

El espejo se vendió en el 2013, los jóvenes quedaron pues liberados de su presencia sin necesidad de romperlo. Actualmente bien, a día de hoy desconocemos si a los compradores les ha supuesto algún inconveniente o si han probado los mismos fenómenos. Sea como sea, los protagonistas de esta cronica nos advierten de algo notable:

«Piénsatelo dos veces anteriormente de poner en tu casa un objeto de segunda mano. Jamás podemos conocer qué cronica ha dejado atrás».

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