Canales y centros acumuladores de energía en el cuerpo humano

canales y centros acumuladores de energia en el cuerpo humano
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Canales y centros acumuladores de energía en el cuerpo humano (I)

En el post sobre equilibrando los centros de control del cuerpo humano decíamos:

En general, el inconveniente es que jamás hay energía de más. Recordad que el planeta está hecho para que jamás tengamos energía bastante para nosotros mismos, y que la energía que consumimos tenga una calidad pésima (comida de baja calidad, aire contaminado, impresiones y entornos energéticos negativos), de figura que el consejo de ahorrar energía es aun más notable cuando piensas que, por demasiado que te esfuerces, en el planeta occidental, todos sobrevivimos energéticamente, ya que no llegamos a absorber más que la dosis diaria de combustible que necesitamos para existir otro día más. Si no ahorras algo de lo que obtienes, no se puede dar el paso a vivir y desarrollarse.

Para ahorrar energía y usar correctamente la que tenemos, hemos de conocer cómo se distribuye la misma, ya que el sistema energético de nuestro vehículo físico es complejo, y permite que seamos capaces de obrar grandes proezas cuando la vitalidad del mismo es usada correctamente. Tenemos todos varios circuitos interdependientes, los cuales, y a grosso modo, podemos clasificar de la siguiente figura:

– El circuito de conexión entre los chakras principales (a veces llamado el circuito kundalini): son los canales sushumna, ida y píngala de la medicina ayurvédica y diferentes filosofías no occidentales.

– Los centros de almacenaje energético:llamados hornos, calderos o tantiens.

– Los chakras primarios: 7 en el cuerpo físico y dos por encima del mismo (distintos nombres según distintos autores, pero el 8º correspondiente al centro intelectual superior y el 9º correspondiente al centro de consciencia universal, en el centro de la esfera de consciencia).

– Los diversos chakras secundarios o menores

– Los puntos de intercambio energético o circuitos terciarios, que actúan de “intercambiadores” y receptores a lo largo del sistema de canales y del cuerpo etérico.

Cada uno de estos circuitos tiene distintos funciones, tanto a nivel físico, bioenergético como etérico, y, mientras que cada uno puede ser observado como un sistema totalmente independiente, todos están interconectados y realizan labores en montón soportando los requerimientos y funciones mutuas, ya que son partes integrales de las estructuras subyacentes de soporte energético del cuerpo físico, descritas normalmente como componentes del cuerpo vital o etérico que poseemos.

Desarrollo de las funciones superiores del ser humano

Los chakras primarios y sus funciones superiores no pueden ser manifestadas o usadas plenamente (al menos en la mayoría de personas), incluso que las estructuras de soporte de la energía necesaria para ello hayan sido desarrolladas para permitirlo. En demasiados sucesos, si se hacen intentos por desarrollar y usar estos vórtices primarios anteriormente de preparar apropiadamente los canales que los alimentan, la apertura y uso completo lleva un gran numero de tiempo, pues, primero, y por lógica, el sistema energético del cuerpo va a “montar” y poner en marcha los “cimientos” energéticos, para que estos puedan contestar a las nuevas demandas a las que están siendo sometidos, anteriormente que “activar” esas funciones y potenciales latentes que deben ser alimentados. Este desarrollo, normalmente, empieza por la actualización y desarrollo del circuito energético secundario, chakras menores, que, en contestación a la demanda energética de los chakras primarios, cuando queremos que estos vayan más allá de sus funciones “rutinarias”, son los que se ponen en marcha para redirigir y hacer circular los pedidos “extra” de energía solicitada.

Así, nuevas rutas de energía se forman, y las viejas, o las que se localizan bloqueadas, se redefinen y limpian a medida que uno inicia el trabajo con toda la estructura de soporte energético que tenemos. Esto sucede sencillamente como una consecuencia de la necesidad que los chakras primarios imponen encima del montón del sistema distribuidor de energía para los cambios requeridos, y, en general, incluso que estas estructuras de apoyo no se desarrollan al punto en que puedan satisfacer la demanda, la energía no podrá ser redirigida desde las áreas de almacenaje del cuerpo energético, los tantiens, al resto del sistema. Funciona como si de una presa de agua con distintos compuertas se tratara, siendo el retén y balsas de energía principal los tantiens mencionados, de ahí pasando a los circuitos terciarios y secundarios, desarrollando los centros secundarios y los canales de transmisión energética de los chakras, y despues pudiendo abrir estos a su máximo potencial y manifestar las funciones superiores de los vórtices principales.

Cuando no funciona bien

Cuando este flujo energético no funciona en este orden, y se pretende forzar la apertura o uso de ciertas funcionalidades en el ser humano (por ejemplo, desarrollo de capacidades psíquicas o extrasensoriales a partir del trabajo forzado con los chakras 6, 7, y 8, y las glándulas correspondientes, como habíamos mencionado por ejemplo en el artículo sobre lavisión remota), sin que los flujos de energía que soportan este desarrollo esté presente, es normal que uno empiece a notar fatigas, debilitamiento, dolores de cabeza, contratiempos digestivos, depresión, calambres, molestias, dolores y una variedad de desórdenes emocionales que pueden transformarse en contratiempos temporales, con un abanico de combinaciones y grados de severidad, según el esfuerzo realizado por los chakras y sus órganos asociados para abrirse o ir más allá de sus “límites”, sin que haya un flujo extra de energía que soporte esta apertura, ya que, para poder hacer esto, se absorbe la energía de diferentes partes del cuerpo que no están preparadas para sufrir tal “desnutrición”. Al quedarse ciertas zonas sin un suministro mínimo, por que ha sido redirigido hacia el trabajo con los chakras primarios de figura forzada, el cuerpo físico se resiente allá donde el flujo de qi, prana, etc, no puede reponerse con la bastante rapidez del vaciado de los canales y centros de intercambio energético.

Por eso, para evitar estos contratiempos potenciales, y anteriormente de que cualquier chakra primario sea activado a sus potenciales más altos, todas nuestras estructuras de soporte energético deben ser desarrolladas, educadas y acondicionadas para soportar un mayor flujo de energía, proveniente de los acumuladores principales, de ahí que, el primer paso en el desarrollo de cualquier potencial latente en el ser humano, o de cualquier función más allá de lo “básico” para el funcionamiento correcto del organismo, pasa por estimular y limpiar individualmente los centros secundarios o chakras menores, los puertos de intercambio y las conexiones de las rutas de energía en el sistema de canales. En el segundo nivel de los cursos de terapia de sanación akashica, por ejemplo, hacemos un ejercicio que nos permite “percibir” la energía que llega por los distintos canales entrando por los pies y rastrear bloqueos que impiden que sea dirigida y distruibida correctamente hacia los canales principales y hacia los chakras. en alguna ocasión uno se asombra al revelar cuanto de bloqueados están estos, y que poca energía entra ya siquiera al primer chakras a través de la conexión con la energía de nuestro mundo.

Mientras que este proceso de preparación del sistema de distribución de fuerza vital puede parecer laborioso, brinda grandes recompensas en el desarrollo a largo plazo, ya que, una vez que este empiece,  y se vaya consolidando, la energía empezará a fluir más libremente y más fuertemente a través del cuerpo etérico, lo que, por sí solo, promueve un desarrollo más rápido y más saludable en cada aspecto del cuerpo energético y sus funciones, mientras, que, a su vez, fortifica el sistema inmunológico y diferentes procesos auto curativos que nos permiten mantener una mejor salud física.

El flujo de energía

Como decíamos en la introducción, una persona “promedia”, normalmente, absorbe solo una reducida porción de la energía que necesita cada día. Funcionamos así por diseño del tipo de vida que tenemos y por las estructuras del sistema bajo las que vivimos. Hemos hablado largo y tendido sobre ello en demasiados artículos previos. La energía que necesitamos es absorbida durante el sueño, por medio la ingestión de bebidas y alimentos, a través de la respiración, de la luz del sol, de las cargas energéticas del entorno, etc. Si, por ejemplo, la cantidad promedio de energía “en bruto” que cualquiera de nosotros absorbe fuera de 100 unidades por día (una medida arbitraria, solo a modo de ejemplo), lo cual puede ser bastante para nuestras funciones diarias rutinarias, es totalmente insuficiente si queremos realizar ejercicios de desarrollo bioenergético, de potenciación de facultades trabajando los chakras superiores, etc., ya que, obviamente, el uso de energía aumentará, llegando a necesitar y usar 200 o más unidades de energía (por ejemplo) por día, como mínimo. El inconveniente por lo tanto es, ¿de dónde sale el resto de fuerza vital que necesitamos y que no hemos obtenido con lo que hemos comido, respirado o asimilado energéticamente ese día? Básicamente, este déficit de 100 unidades se tiene que suplir a través de las áreas de almacenaje de energía del cuerpo energético, que veremos con más detalle en el próximo artículo, pues cualquier excedente se va acumulando ahí, además de la energía “base” que todos traemos con nosotros al nacer, y de la que vamos “extrayendo” pequeños depósitos que, a veces, jamás “reintegramos”, produciendo por lo tanto los síntomas físicos de agotamiento energético, como mencionábamos previamente, si las áreas de almacenaje se agotan o se reducen en exceso.

En el siguiente post nos adentraremos en el asunto de los puntos de intercambio energético y de las funciones de los tantiens o acumuladores, y veremos como hacer para mantenerlos llenos, y que “rebosen” hacia el resto de partes del circuito energético y nos permita, por lo tanto si, realizar cualquier tipo de ejercicio “psíquico” superior sin peligro, y sin contraindicaciones.

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