Una de las historias más famosas que recoge el Canon Pali sobre la vida del Buda cuenta que, después de haber tenido la experiencia de su despertar o iluminación en Bodhi Ghaya, el Buda emprendió camino en busca de los que serían sus primeros discípulos. En el camino, un hombre asombrado por el semblante luminoso del Buda lo interpeló preguntándole quién era o quién era su maestro. El Buda sencillamente contestó «Estoy despierto» (o como a veces se traduce «soy el que ha despertado»). Al contestar así, el Buda se habría de alguna forma bautizado: la palabra «buda», aunque a veces se traduce como el iluminado, significa «aquel que ha despertado» y deriva de la raíz verbal sánscrita «budh», que significa despertar. De esta palabra también se deriva el término «bodhi» que es considerado el entendimiento logrado por un Buda. Hay también el término «buddhi» que es utilizado en distintos filosofías de la India como una figura particular de inteligencia o discernimiento. Buda es quien ha despertado, ya sea del sueño de un planeta irreal (hacia el estado de realidad o nirvana) o del sueño de la ignorancia.
Aunque la palabra «buda» hace mención al despertar, en los textos del Canon Pali, los cuales son los únicos aceptados como directamente registros de las palabras del Buda para varios académicos y para los que profesan ortodoxamente la religión theravada, no se hace casi ninguna mención a que el planeta es como un sueño. Esta notable metáfora proviene del budismo mahayana, a partir de los Prajnaparamita Sutras (véase el «Sutra del diamante»). Es por ello que para varios expertos que se inclinan a las formas tempranas del budismo, la traducción de «iluminación» hace más sentido que «despertar» (por ejemplo, para Thanissaro Bhikku). Esto se debe a que el budismo theravada no hace énfasis en que el planeta sea una ilusión (aunque evidentemente está ahí ya con claridad el germen de esta noción), sino sobre todo hace énfasis en que el yo individual (atman) es una ilusión y, por supuesto, en la liberación del sufrimiento. A partir de los sutras de la perfección de la sabiduría y del concepto de sunyata (vacuidad) como una ampliación del pratityasamputada (originación dependiente) que hace Nagarjuna, se empieza a utilizar la metáfora del sueño que llegaría a dominar el budismo tibetano y japonés, entre diferentes manifestaciones. En diferentes palabras, al extender la noción de la inexistencia de una esencia (o de un yo) independiente, con existencia inherente, a todas las cosas, necesariamente se deduce que el planeta es como un sueño, es decir, algo que surge solamente a partir de ciertas circunstancias, de la misma forma que un arco iris depende del sol y el agua y de una cierta perspectiva (una mente que observa). Toda las cosas que observamos en la vigilia dependen de ciertas circunstancias, para parecer autenticos, que no están en ellas mismas, sino en su relación con diferentes cosas.
Otro de las historias más significativas que recogen los textos budistas es la que ha sido llamada «las catorce cuestiones difíciles» (caturdasavyakrtavastuni). El Buda se habría negado a contestar catorce cuestiones de orden metafísico y cosmológico, entre ellas, la de si existía un alma o un ser eterno o no (la gran polémica que ha marcado un cierto enfrentamiento entre el budismo y el hinduismo). Existen distintos interpretaciones de esta negativa, la más aceptada normalmente es que el Buda estimaba que estas cuestiones eran una especie de trampa lógica que no aportaba demasiado a sus enseñanzas en ese instante y que pasar el tiempo cavilando sobre cuestiones tan abstrusas es poco práctico. El Buda fue sobre todo un pragmatista, que puso sus enseñanzas al servicio de la liberación (y de hecho la misma doctrina, como un balsa, una vez que cumple el objetivo de llevar al practicante del otro lado de la orilla, debe desecharse). Por otra parte, la tradición budista, theravada y mahayana y demás, considera que el Buda, bajo el árbol bodhi, alcanzó la omnisciencia y por lo tanto debía de conocer las respuestas a esas cuestiones (aunque quizás sabía que no podían ser formuladas de forma satisfactoria utilizando el lenguaje: jamás ha sido posible comunicar o transferir el nirvana o ningún tipo de entendimiento hondo).
No conocemos qué hubiera contestado el Buda si se hubiera incluido la duda de si el planeta es un sueño o no (se incluyó una duda sobre si el planeta es finito o infinito). en cambio, podemos rastrear respuestas a estas cuestiones que fascinan al ser humano –sean o no prácticas en su camino– en textos posteriores. Por ejemplo, en el «Sutra diamante» se dice: «todos los fenómenos condicionados son como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra…». Con esto alude a todas las cosas que existen en el planeta excepto el nirvana o el estado incondicionado. en cambio, y aquí es donde las cosas se ponen un poco más sutiles, el nirvana no es otro planeta (de hecho no es ni siquiera un lugar). Es este misma realidad fenomenológica sólo que despierta o liberada del sufrimiento y del deseo que lo genera. O, como diría el poeta Paul Éluard, «hay diferentes mundos pero están en éste».
El sutra citado pertenece a la colección del Prajnaparamita. Existen numerosas leyendas sobre estos textos, una de las más llamativas es que fueron textos descubiertos por Nagarjuna, quien los habría escuchado del soberano de los nagas (las serpientes), quien a su vez habría servido de guardián del mismo Buda (prefigurando los textos tesoros tibetanos, los tërmas). De cualquier forma la tradición del budismo mahayana invariablemente atribuye su creadoría al Buda. Se sugiere que nadie más podría haberlos concebido: son la perfección de la sabiduría. Y desde este instante la sabiduría será equiparada con la vacuidad, que es la enseñanza fundamental de Nagarjuna en su camino medio. En el «Sutra del corazón» se dice:
¡Oh Shariputra! un hijo o hija de noble familia que desee adiestrarse en la práctica de la profunda deberá contemplar la naturaleza vacía de los cinco skandhas. La apariencia es vacía; la vacuidad también es la apariencia. La vacuidad no es más que la apariencia; y la apariencia también no es más que la vacuidad. De la misma forma, sensación, discernimiento, factores de composición y conciencia están vacíos. Así pues, Shariputra, todos los fenómenos son vacuidad; sin características.
Aquí tenemos uno de los grandes pilares de una escuela de pensamiento que nos daría algunas de las filosofías espirituales más sublimes de la cronica: el zen, el vajrayana y el hua-yan, entre diferentes. Actualmente bien, para cierta ortodoxia, estos textos son elucubraciones posteriores y incluso cierto punto apócrifos ya que estarían atribuyendo su creadoría al Buda, cuando supuestamente su canon, todas sus enseñanzas, se reducen a las tres canastas del Canon Pali. Y indudablemente hay una marcada diferencia, a partir de aquí el budismo evoluciona a una veta que podría calificarse como cósmica y que varios han descrito como de ciencia ficción. en cambio, si creemos entender que el planeta es en verdad un sueño y que un buda no está limitado por el planeta condicionado, el planeta material, sólido y fijo en el que vivimos (acaso sólo porque creemos en su realidad), por lo tanto no hay tanto inconveniente. ¿Por qué no habría podido el Buda escribir diferentes textos, específicamente orientados a otro tiempo y a otra mentalidad y haberlos preservados utilizando medios que desde nuestro pensamiento limitada podrían parecer supernaturales, para seguir haciendo girar el dharma? O, inclusive, ¿porque no podría el Buda seguir emanando ciertas enseñanzas (como ocurre en el tantrismo, donde se dice que los textos son escritos por la luz misma del cuerpo de la realidad)? Indudablemente en ninguna parte de sus enseñanzas históricas se dice que el nirvana sea la extinción absoluta de la existencia y que el Buda haya dejado de existir. ¿Quién quisiera ser un Buda si esto sólo significara la nada absoluta?
De hecho en los sutras del theravada están ya las potencias para la enseñanzas y para las hazañas mágicas que después se atribuirían al Buda, si bien no son desarrolladas, quizás por esta misma alarma de no perseguir trenes de pensamiento metafísicos. Lo cierto es que el nirvana como es entendido por la tradición, al suponer la continuidad de un tipo de existencia –de una de conciencia liberada de todo apego, límite, sufrimiento y condición– sienta las bases para las fantásticas y incluso psicodélicas descripciones que luego encontraremos en el budismo mahayana, ya sea como especulación metafísica y cosmológica de este enigma o como conocimiento revelado.
El mismo Thanissaro Bikkhu desde su extenso conocimiento del Canon Pali, nos da una pista. En diferentes sutras se habla de una «conciencia sin superficie, sin final, luminosa en todos sentidos…» (DN11, MN 49).
Una conciencia como la del nirvana se explica como ‘sin superficie’, porque no aterriza. La conciencia de los agregados (skandhas) cubre sólo la conciencia que está cerca o lejos, del pasado, presente o futuro (en conexión con el tiempo y el cosmos); la conciencia sin superficie no incluye los agregados.
Continúa Thanissarro Bikkhu:
Un sutra ilustra está conciencia sin superficie que se ha liberado de toda pasión, en la que ya no hay un ‘donde’». Un ejemplo: «El sol entra por la puerta del este de una casa y aterriza [se topa con un límite] en la pared del oeste. Si la pared del oeste, la tierra debajo y las aguas debajo de la tierra fueran removidas, la luz del sol no aterrizaría. De la misma forma, si la pasión por la apariencia, etc., fuera removida, la conciencia no tendría ‘donde’ aterrizar, y se volvería inestablecida. Esto no significa que la conciencia sería aniquilada, sencillamente que, como la luz del sol, no tendría población. Sin población, no estaría definida.
Una conciencia como la luz del sol en un firmamento absolutamente despejado. Y en el mismo ensayo en el que habla encima del nirvana como un verbo, una acción constante más allá del cosmos y del tiempo, señala:
el nirvana desde un comienzo fue entendido a través de la conciencia inestablecida –una que no va ni viene ni se queda en ningún lugar. No hay figura de que algo inestablecido se pueda quedar atorado en algo, porque no sólo no está ‘no localizado’, sino que también está indefinido.
Aquí nos acercamos a la metáfora del budismo tibetano, particularmente del dzogchen y el mahamudra, de la mente como el firmamento o como el cosmos, completa apertura no elaborada, indefinible. Es esta mente libre de todo límite y objeto, que también es llamada la mente natural o la conciencia prístina, la que realiza los actos de proporción cósmica que nos parecen milagrosos por no reconocerlos como meras manifestaciones de la naturaleza del sueño.
Me parece sobre todo interesante el término de «no población» que usa Thanissaro Bikkhu para explicar el nirvana. Este término es usado en la física cuántica para aclarar el fenómeno del entrelazamiento cuántico a través del cual dos partículas pueden estar en contacto instantáneamente sin embargo que se encuentren separadas por distancias casi infinitas. De hecho se utiliza para aclarar la famosa spooky action at a distance con la que Einstein criticaba esta propiedad de la mecánica cuántica que rompía con el paradigma de el saber establecida. Aquí también la utilizaremos para aclarar la enigmatica acción fantasmagórica a distancias de los budas. Tengamos en mente cuando leamos sobre las proezas de los budas que desafían nuestro sentido de realidad que todos estamos hechos de partículas que actuan como budas, al menos en el sentido de que se comunican a distancias incomensurables y entran en estados de superposición (están en todas partes a la vez).
Considérese este conocido pasaje del Brahmajala Sutra:
Yo, un Vairocana Buda estoy sentado encima de pedestal de loto; en mil flores a mi alrededor hay mil budas shakiamunis. Cada flor soporta cien millones de mundos; en cada planeta un buda shakiamuni aparece. Todos están sentados debajo de un árbol bodhi, todos simultáneamente consiguen la budeidad. Todos estos innumerables budas tienen a Vairocana como su cuerpo.
En la Oración de Samantabhadra al Soberano de las Buenas Aspiraciones se lee:
En una partícula hay innumerables partículas, con inconcebibles budas y cielos en los que todos los budas viven en el centro de la sabiduría de todos los bodhisattvas…
Y esta descripción que hace el maestro Robert Thurman de los budas vajradhara (budas primordiales) a partir de su lectura de Tsongkhapa, el fundador de la tradición del budismo gelugpa:
Así por lo tanto, el hecho de que un buda vajradhara esté siempre abrazando a su consorte de sabiduría-intuición… significa que es perpetuamente indivisible del gozo de la libertad orgásmica, experimentando la complementariedad masculina-femenina de la completud orgásmica y su satisfacción en todo instante. Esto nos revela que un ser así no es más que la manifestación del gozo-vacuidad que es indivisible de los cuerpos beatíficos de la verdad infinita, en la que cada átomo y cada surgimiento de energía subatómica se ensayan como la liberación orgásmica de la emanación mágica de la creatividad.
Entre fractales, joyería cósmica y orgasmos holográficos, estas descripciones, que por lo demás no son infrecuentes, me hacen pensar en un sueño lúcido. La vida de un Buda, su estado de conciencia libre de las ataduras del planeta, al parecer la expansión insondable del sueño lúcido de una mente ilimitada. Thurman va más allá y explica el vehículo del tantra budista como un vehículo apocalíptico, es decir, el vehículo de la revelación perpetua, como si el cosmos se estuviera permanentemente iluminando, budificando y lo pudieras sentir en toda su mirífica, maravillosa multiplicidad desde la individualidad, cada uno de sus átomos, cada uno de sus cuerpos en el perpetuo estallido extático de la luz-conciencia.
«Cuando entiende que puede ser demasiados entes simultáneamente, como en la Matrix, se multiplica en demasiados cuerpos porque sabe cómo funciona la estructura y puede ser innumerables entes a la vez que es un ser individual», dice el maestro Thurman, hablando de una propiedad que aparece en el budismo mahayana, el poder de estar en múltiples zonas y en múltiples manifestaciones al mismo tiempo (movido por la compasión), lo que se conoce como el nirmanakaya. De nuevo, esto sugiere el instante en el que entiendes que es un sueño y que puedes hacer cosas prodigiosas, utilizando la no población de la conciencia, porque en verdad todo está hecho de tu mente.
Estos poderes mágicos o siddhis, que aparecen tanto en las leyendas tempranas de la vida del Buda como en los sutras del mahayana, nos sugieren que la realidad es un sueño, una ilusión o lo que la tradición india conoce como el maya, el poder de la ilusión. Otro «mago», Próspero, el protagonista de La Tempestad, entendió que las cosas estaban hechas de la misma sustancia que el sueño, lo cual es la teoría básica que posibilita la práctica de la magia.
Nuestros festejos han terminado. Estos actores nuestros /, como te dije, eran todos espíritus, / y se han fundido en el aire, en sutil aire / y, como la tela sin cimiento de esta visión/, las torres coronadas de nubes, los espléndidos palacios /, los solemnes templos, y la misma gran esfera /, con todo lo que le pertenece, se disolverá,/ y, como este efímero espectáculo, no dejará rastro alguno./ Estamos hechos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños.
Palabras del bardo de Inglaterra que quizás pudiera haber mencionado el Buda, al menos en alguna de sus manifestaciones metahistóricas.
Para entender las fabulosas visiones del dharma del budismo mahayana es necesario recurrir a la explicación del sueño. Pero no sólo como una explicación estilo deus ex machina, sino porque el mismo sueño es el dharma, tanto en el concepto de esta palabra como «verdad» o «realidad» como en su concepto de «fenómeno». Todos los fenómenos son un sueño, la realidad de los fenómenos es que son un sueño. Hay la realidad… pero es un sueño. Hay la libertad, y es saberlo (o como dijera Adorno: «arte es magia liberada de la mentira de ser verdad»). Esto no es una interpretación mía. En el sistema lojong o adiestramiento de la mente del budismo tibetano, en uno de sus famosos eslogans, que contiene el método para lograr la bodhicitta absoluta se dice: «Considera todos los dharmas como sueños; aunque las experiencias parezcan sólidas, son sólo memorias pasajeras». La bodhicitta absoluta es la mente del despertar o la mente búdica, lo cual nos quiere decir que el reconocimiento de que el planeta es un sueño es en sí misma la mente búdica. Esto no significa que creer que el planeta es un sueño te hace un buda, sino que saberlo, pasar del plano de escepticismo intelectual en el que se entiende la posibilidad de que el planeta sea un sueño a verdaderamente vivirlo así plenamente, lleva la mente a la budeidad que es su autentica naturaleza.
El maestro budista Dzigar Kongtrul hace un comentario a este eslogan del lojong en su texto Intelligence of the Heart que merece reproducirse aquí:
Los eslogans de la bodhicitta absoluta nos dan un método paso a paso para entender la vacuidad en niveles progresivamente más sutiles. Este eslogan nos pide que observemos las características de nuestros sueños y veamos lo que tienen en común con nuestra experiencia en la vigilia. Los sueños sólo ocurren bajo ciertas circunstancias. Sólo podemos experimentar un sueño cuando estamos dormidos. Esto significa que los sueños no existen «allá afuera» por su propia cuenta. Sólo aparecen cuando un individuo entra en un estado mental particular. Esto es gran cantidad obvio en el suceso de los sueños, pero, ¿cuándo se trata de nuestra experiencia despierta? Cuando estamos dormidos, nuestros sueños nos afectan y convencen de su realidad porque no nos damos cuenta de que estamos soñando. Similarmente, cuando estamos despiertos, estamos convencidos de que las cosas son autenticos porque no nos damos cuenta de que estamos malinterpretando lo que estamos percibiendo. De la misma forma que los sueños son una función de nuestro estar dormidos, los fenómenos diurnos son una función de nuestra falta de entendimiento. Durante el día tenemos varias percepciones que consideramos como «realidad». Por ejemplo, vemos una mesa. Pero nuestra experiencia de la mesa no está basada en ver lo que está ahí. Está basada en ver lo que pensamos que está ahí. Vemos la mesa como un objeto inmutable. Aunque estamos conscientes de que en algún punto la mesa envejecerá y eventualmente será destruida, vemos la mesa de hoy igual que la mesa de ayer o la de mañana. Pero esto no es verdad. Para que la mesa envejezca debe cambiar cada instante. Al darle a este fenómeno, que es un cambio continuo, el nombre de mesa, estamos tratando de fijar con lenguaje algo que no puede ser fijado. Si una mesa no permanece igual, ni siquiera un instante, siempre se está convirtiendo en un nuevo objeto.
La mesa está compuesta por innumerables partículas de energía que están surgiendo y desapareciendo, pero nosotros la vemos como algo sólido e inmóvil. Para un hombre de hace diez mil años no sería una mesa, sería un pedazo de madera o de algún material con una figura extraña y con una función desconocida y quizás poco útil.
Luego Dzigar Kongtrul cuenta una cronica muy ilustrativa. Estaba en un bello jardín disfrutando de la naturaleza cuando pisó el excremento fresco de un felino, lo cual le produjo un disgusto inmediato. Mientras se debatía en qué hacer para limpiar sus zapatos comenta:
Por lo tanto noté una mosca que estaba disfrutando enormemente del excremento. Fue sobrecogedor notar que todo el inconveniente –la suciedad, el olor ofensivo– todo estaba en mi mente, todo era una proyección. La mosca fue una gran maestra. Me recordó cómo todo es así; toda la experiencia no es más que la experiencia subjetiva de la mente… Las cosas no tiene una naturaleza intrínseca. En los sueños ninguno de los fenómenos que aparece tiene sustancia, pero esto también es cierto para la vigilia…
En verdad todas nuestras experiencias –ya sean de placer, dolor, enojo, alegría, etc.– son proyecciones de nuestra mente. Inclusive el color, el sonido y el olor y demás sensaciones no existen en los objetos sino solamente en su interrelación con nuestra mente. Es la ilusión de la continuidad y la solidez de las cosas las que nos hace olvidar que al final son proyecciones de nuestra mente. Se puede objetar que si uno se deja atropellar por un automóvil que se mueve a alta velocidad, morirá seguramente (y por lo tanto el automóvil debe ser sólido y real). en cambio, si seguimos las enseñanzas budistas, la muerte no es el fin de la existencia y el sitio donde uno reaparece es la consecuencia de nuestro estado mental –como también lo fue ese automóvil que nos atropelló–, el agregado o la congregación de nuestras proyecciones mentales. De la misma forma que un suceso en cierta figura dramático o extraordinario nos puede despertar o sencillamente cambiar de escenario en el interior de un sueño, así en la vigilia un suceso como el con anterioridad descrito nos puede hacer despertar o cambiar de planeta, para seguir soñando.
Vivimos de sueño en sueño, de cuerpo en cuerpo, de planeta en planeta, pero varios consiguen despertar y esos son los budas. Cuando uno despierta en un sueño, cuando uno tiene un sueño lúcido, uno no entra de repente en otro planeta, en una nueva dimensión superior o algo así. Lo único que cambia es la percepción y el miedo que podemos sentir: al conocer que es un sueño, el planeta deja de tener poder sobre nosotros y el sufrimiento cesa. Pero la realidad del planeta sigue siendo sueño, mente (aunque despierta). Otra figura de decirlo es: el estar despierto es nirvana y el hecho de que pensemos que el planeta es real es samsara (o maya), pero ambos no existen separados, no son dos cosas. La diferencia solamente estriba en conocer que es un sueño o no. Un buda por lo tanto es alguien que está despierto en el sueño, que ve las cosas como un sueño y por ello ha erradicado la posibilidad de sufrir. Al saberse sueño, es libre y su libertad no tiene límites porque es un sueño.
A mi juicio la única forma de aclarar las fantásticas descripciones del budismo pero también las fantásticas propiedades de la naturaleza como las ha revelado la física cuántica es contemplando el plan de que el planeta es un sueño, la metáfora preferida de todo los contemplativos y artistas que se han preguntado por la naturaleza de la realidad (y tambien hoy en día el saber considera seriamente que el planeta puede ser una simulación); la misma física del cosmos hay en originación dependiente, coemerge con la conciencia que la observa. Ésta inclusive podría ser la función espiritualmente evolutiva que contesta al enigma de por qué soñamos: para darnos cuentas de que la realidad es, como el sueño, una proyección de la mente. Pero si todo es un sueño, por lo tanto también el Buda Shakiamuni y todos los infinitos budas y todas sus tierras puras no son más que ilusiones, ni siquiera ellos existen más que como sueños. El Buda es un sueño pero tiene una función venerable, ayudarnos a despertar. Y hay algo más, y éste es el incognito abierto del budismo mahayana: lo que más facilita nuestro viaje de descubrimiento de la realidad como sueño –lo que más aclara nuestra visión y hace lúcida nuestro pensamiento– es ayudar a que los diferentes despierten. De alguna forma enigmatica ésta es la función de esta infinita procesión de mundos oníricos, crear escenarios que sean propicios para el despertar.
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