Hechos sorprendentes que demuestran que un desastre destruyó civilizaciones como la Atlántida

hechos sorprendentes que demuestran que un cataclismo destruyo civilizaciones como la atlantida
hechos sorprendentes que demuestran que un cataclismo destruyo civilizaciones como la atlantida
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¿Hubo una avanzada civilización de navegantes que cruzó y conocían gran cantidad bien el Atlántico siglos anteriormente de que lo hiciera Cristóbal Colón? Existen viejos mapas que sugieren que los viejos marinos tenían un conocimiento de la tierra jamás anteriormente observado por las culturas antiguas y que el saber actual jamás ha explicado. Hablamos del mapa realizado por Piri Reis en 1513, un almirante turco y supuestamente nadie había navegado ni conocía toda esta parte del planeta.

Los cartógrafos actuales han meditado demasiado sobre la insolita proyección cartográfica utilizada en el mapa y lo hallaron comparable con el que utiliza un submarino nuclear moderno que hace mediciones del planeta. En estos mapas viejos, el centro está en Egipto y esto hace suponer que los viejos cartógrafos realizaban estos mapas en ese lugar.

igualmente el mapa de Piri Reis mostraba un vasto conocimiento de la longitud de las tierras demasiado anteriormente que los mapas realizados por los Europeos, por lo menos con un adelanto de 300 años. En el mapa de Piri Reis se menciona que está hecho con recopilaciones de diferentes mapas demasiado más viejos y por lo tanto es una copia. Son más viejos inclusive que la era de Alejandro Magno.

Si al perfecto conocimiento del planeta, le añadimos las relucientes técnicas de construcción aplicadas, como las que se emplearon para construir las pirámides de Guiza y un sin fin más de objetos y monumentos, un complejo conocimiento de las matemáticas y de la astronomía, podemos deducir que antiguas civilizaciones estaban más avanzadas en lo que corresponde a esos conocimientos, pero los investigadores en el presente no son capaces de ver ni tan siquiera de identificar.

Observamos como estas técnicas y tecnologías eran aplicadas tanto en Egipto, como en las villas de los Andes y en México sobre la misma era. Platón dice que existió esa civilización avanzada tecnológicamente y capaz de surcar los océanos del planeta. Esa civilización era la Atlántida, y según él, al lado con relatos en gran cantidad culturas, estaba colocada en un enorme continente la actualidad desaparecido tal vez porque sucedió una apocalipsis global del que además queda registrado en la mayoría de los textos sagrados de las culturas alrededor del planeta.

asimismo de ser esto mencionado por la biblia y Platón, el texto sagrado de los mayas habla de enormes inundaciones que sacudieron al planeta y lo sumieron en un terrible caos durante meses. Los viejos hablaban del tiempo de caos e inundaciones como el tiempo en el que emergieron las deidades para dar figura a la tierra de Egipto.

El disco solar de los Aztecas alude a 4 ciclos de destrucción. El primero, por inundación, el segundo por provoca de fuego, el tercero, por viento y el último por sangre y guerra. Este disco prevee el fin del planeta debido a un desastre surgido de las entrañas de la tierra. ¿Se refieren estos a volcanes y terremotos?

¿Pudieron estas catástrofes globales en la antigüedad reducir al límite a las poblaciones de humanos y destruir civilizaciones avanzadas? ¿Fue esto la provoca de que la casta humana volviera a un estado salvaje y se ocultara en las cavernas para vivir con una mayor protección ante el caos ambiental del planeta exterior?.

Se sabe en investigaciones hechas en zonas como la fosa de alquitrán de La Brea de California que desde hace 40000 años han existido inclusive en América todo tipo de animales que no se consideraban de este continente, tales como mamuts, elefantes, rinocerontes, osos perezosos gigantes, tigres dientes de sable, camellos, etc. Se sabe que una apocalipsis encima del año 10 500 a.C hizo que todos los grandes mamíferos más grandes que los Coyotes desaparecieran de ese continente. La coincidencia es que esa era supuso el fin de la era glaciar y anteriormente de eso, las temperaturas habían permanecido estables durante miles de años y de repente se elevaron y está datado que entre 3 y 10 años se produjo un aumento de las temperaturas de 5 grados, algo gran cantidad drástico y aterrador, lo que supuso el derretimiento de grandes masas de hielo. El polo norte se desplazo e hizo que la inmensa capa de hielo de 1 kilómetro de espesor de Norteamérica se derritiera súbitamente, lo que provocó esas extinciones de animales.

Investigaciones realizadas por investigadores en las capas de hielo de Groenlandia, dieron como resultado que en un lapso encima del 10 500 a. C se produjeron cambios drásticos en la tierra acompañados de potente actividad volcánica, gigantescas inundaciones.

A medida que las placas de hielo se derretían a un ritmo acelerado, el nivel de los mares en todo el planeta subía y esto fue lo que hizo con total seguridad que desaparecieran islas-continente como la Atlántida. Se habla de terrenos inundados como la Atlántida pero si esto pasó alrededor de todo el planeta, ¿Qué cantidad de tierra y pueblos civilizados fueron sumergido bajo el mar? ¿Impresionante verdad?


Y volviendo al asunto con el que empezamos, en el mapa de Piri Reis quedaba perfectamente plasmada la costa de la Antártida hoy en dia ocupada por el hielo e increible de conocer con precision miles de años atrás, porque como él bien dejó escrito, su mapa era una copia de diferentes copias de civilizaciones antiguas.

Lo que no podemos negar es que algo sucedió miles de años atrás y demasiado anteriormente de que eso ocurriera, civilizaciones avanzadas con grandes conocimientos estaban en contacto alrededor del planeta, pero el saber actual es gran cantidad miedosa y aunque hayan contemplado evidencias y anomalías no se aventuran a cambiar la «falsa cronica que nos han vendido».

Pero si esto es así que fenómeno pudo ocasionarlo. Esta duda se la hacia un adolescente investigador llamado Charles Hapgood

Maestro de antropología e cronica de el saber Charles Hapgood (1904-1982), cuya influjo sobre autores posteriores ha sido muy notoria, como es el suceso de Graham Hancock. Este investigador norteamericano escribió tres libros ampliamente citados dentro del campo alternativo, dos de ellos muy directamente relacionados con el catastrofismo y el otro más orientado a revelar conocimientos perdidos en tiempos muy remotos.

En el primer ámbito, Hapgood escribió, The Earth’s Shifting Crust (“El desplazamiento de la corteza terrestre”), prologado por Einstein, y Path of the Pole (“El camino del Polo”). En su primera obra, publicada en 1958, Hapgood propuso un escenario hipotético de desplazamiento de la corteza terrestre, supuestamente provocado por la gran masa de hielo ubicada en los polos, lo que pudo llegar a modificar la posición de los propios polos y de grandes masas continentales. En términos geológicos, esto supondría que la litosfera se habría desplazado sobre la astenosfera, una capa inferior fluida o semisólida, que estaría colocada entre 100 y 240 kilómetros por debajo de la superficie terrestre. sin embargo, el núcleo del mundo mantendría la misma orientación axial. Para hacer una sencillo comparación, sería como si la piel de una naranja estuviera suelta y se deslizara libremente sobre los gajos.

Según sus investigaciones, estas alteraciones tendrían lugar cada 20.000 o 30.000 años, con una duración media de unos 5.000 años, y la inclinación del eje no sería jamás superior a los 40º. Como resultado de estos movimientos, Hapgood determinó el polo norte habría cambiado de posición incluso tres veces en el hemisferio norte en los últimos 100.000 años. Por supuesto, tales desplazamientos tendrían tremendos efectos geológicos y climáticos a escala planetaria. sin embargo, Hapgood rectificó en su segundo texto, de 1970, dado que la hipotesis del peso del hielo aparentaba insuficiente. En este momento propuso que dichos cambios se deberían tal vez a fuerzas internas, pero no podía más que especular sobre ello.


Pero sin duda la obra de Hapgood que más colisión provocó en términos de desafío a el saber, fue su texto de 1966 Maps of the ancient sea kings(“Mapas de los viejos soberanos del mar”) que pondría las bases para posteriores tesis y especulaciones encima del mito de la Atlántida. Quizá para gran cantidad personas este texto resulte del todo desconocido, pero si mencionamos que uno de los temas estrella de su obra fue el archifamoso mapa del almirante turco Piri Reis, por lo tanto todo puede resultar demasiado más familiar. En efecto, este mapa es un objeto casi mítico, que ha sido estudiado, citado, y referido incluso la saciedad en la literatura alternativa como sinónimo de uno de los grandes misterios del pasado, incluso llegar inclusive a la categoría de oopart. en cambio, hablar de mito no es lo más adecuado, pues el mapa hay, no es ninguna falsificación, y se guarda celosamente en el Museo Topkapi de Estambul.

Pues bien, lo que hizo Hapgood fue retomar varios investigaciones previos de diferentes cartógrafos norteamericanos de los años 50 del pasado siglo, entre los cuales destacan Mallery, Walters y Lineham. Estos expertos habían estado trabajando sobre una serie de mapas viejos, y entre los cuales destacaba uno del navegante y cartógrafo turco Piri Reis, fechado en el año 919 de la era musulmana (1513 d. C.). El mapa mostraba la parte más occidental de Europa y de África, el océano Atlántico y las costas orientales americanas. En sus anotaciones Piri Reis afirmaba que todo su trabajo estaba basado en más de veinte mapas precedentes (incluyendo varios de los más recientes, entre los cuales estaban los de Colón) y incluso en ocho mapamundis de la era de Alejandro Magno. Y además añadía: “Un mapa como éste no lo posee nadie la actualidad.”

Estos cartógrafos inmediatamente apreciaron varios hechos muy sorprendentes en el mapa de Piri Reis, como los siguientes:

Era raro el recurso a mapas de una era tan antigua como el siglo IV a. C., cuando una buena parte del mapa se refería a tierras del Nuevo Planeta.
La separación y proporciones establecidas entre Europa y América eran gran cantidad correctas para su era. igualmente, la localización de las Canarias y las Azores era extraordinariamente precisa.
Algunas descripciones de la geografía de América resultaban notablemente avanzadas, ya que el continente se acababa de revelar hacía apenas 20 años. (Pero al mismo tiempo se apreciaban bastantes errores en diferentes partes del continente, en particular en la zona del Caribe).
Los contornos que aparecían al final de Sudámerica correspondían en verdad a la Antártida.

De todos estos hechos, lo que sin duda llenó de perplejidad a estos expertos fue la presencia de una descripción gran cantidad aproximada de la Antártida, pero no tal como se halla en el presente, cubierta de hielo, sino del contorno real de las tierras que subyacen bajo el hielo (según investigaciones contemporáneos del subsuelo antártico). El mapa presentaba unidos el continente antártico y el extremo del cono sur de América por una lengua de tierra, es decir, tal como sucedía anteriormente de la última glaciación, según se había descubierto al explorar el fondo marino por medio imagen aérea de infrarrojos. El inconveniente, obviamente, es que la Antártida no había sido descubierta incluso inicios del siglo XIX.

Por otra parte, ejecutando una conversión del mapa a una proyección actual, las longitudes parecían ser enormemente exactas. A este respecto, Mallery y Walters, del Instituto Hidrográfico de la Marina de los EE UU, observaron que Piri Reis no había utilizado las coordenadas convencionales de su era. Encima del método de proyección utilizado –que poseía en cuenta la esfericidad terrestre— sólo hallaron un paralelismo moderno para tal precisión: la técnica de la imagen aérea, lo cual lógicamente era del todo impensable para el saber del siglo XVI. asimismo, según concluyeron los expertos, el centro de esta proyección, a vista de satélite, debía estar a unos 30º de latitud, próximo a la ciudad de El Cairo, en Egipto. igualmente, la trigonometría esferoide que se necesitaba para realizar los cálculos de la longitud no se conocía en aquel tiempo; esta capacidad científica no se consiguió incluso mediados del siglo XVIII.

Hapgood retomó toda estos datos y se planteó ir un paso más allá. Estudió detalladamente el mapa de Piri Reis al igual que diferentes mapas de la era: el de Oronce Finé (además conocido como Oronteus Finaeus), el de Hadji Ahmed y el de Mercator. Encima del mapa de Piri Reis llegó a la conclusión de que estaba basado en seis fuentes distintos y que la porción final de Sudamérica se correspondía, en efecto, con la parte noroeste de la Antártida, llamadaTierra de la Reina Maud, por supuesto cuando este territorio estaba libre de hielo, para lo cual nos tendríamos que remontar forzosamente a varios miles de años atrás. igualmente, el mapa mostraría unos terrenos prácticamente desconocidos en la era, como la cadena monstañosa de los Andes.

Con todos estos datos sobre la mesa, Charles Hapgood llegó a la conclusión de que en tiempos inmemoriales, en la última era glacial, una avanzada civilización marítima fue capaz de cartografiar con gran precisión todo el mundo tal como era en esa era. Combinando la hipotesis del desplazamiento de la corteza terrestre con la geografía expuesta en aquellos viejos mapas, Hapgood ya pudo entrever una posible solución al enigma. Lo que es hoy en dia la Antártida habría sido un continente atlántico que originalmente estaba situado gran cantidad más al norte (unos 30º) y que habría disfrutado, por tanto, de un clima relativamente templado. Al producirse la última oscilación de la corteza terrestre, el continente se habría movido incluso su posición actual, en el polo sur. Lógicamente, este territorio se habría enfriando progresivamente y habría quedado al fin cubierto totalmente por los hielos. Así pues, los mapas empujaban a pensar que debió existir una civilización con los conocimientos y medios necesarios para realizar una cartografía tan precisa de una Antártida tan distinto de la actual.

La comunidad científica no dio crédito a las hipotesis de Hapgood y las rebatió con diferentes argumentos. Para resumir, diremos que las críticas se centraron en la carencia de evidencias (o en la tergiversación de éstas) de las confirmaciones de Hapgood. Encima del mapa de Piri Reis se ha puesto en duda que la porción de tierra que se aprecia al Sur de América sea verdaderamente la Antártida libre de hielos, a pesar de algunas vagas similitudes. Los expertos consideran que en verdad se trataba de una continuación de las costas sudamericanas a partir de Brasil. Aquí tenemos una extensa zona que sorprendentemente tuerce hacia el este, gran cantidad indefinida e imprecisa, tal vez fruto de primeras exploraciones (Piri Reis acredita aquí el uso de fuentes europeas), pero en ningún suceso sería la Antártida. Sobre la cadena de montañas sudamericanas que aparece en el el mapa (los Andes, según Hapgood), no habría nada de particular en ello pues al menos dos mapas de inicios del siglo XVI, que quizá fueron la fuente de Piri Reis, ya mostraban esquemáticamente esa misma cadena montañosa, si bien difícilmente podrían tener fiabilidad geográfica. igualmente se ha rebatido el plan de que el mapa refleje una proyección con el Cairo como centro y que se tratase de una cartografía aérea, dado que tal proyección no coincide con la posición y contornos de las tierras mostradas en el mapa.

Al final, encima del asunto del desplazamiento de la corteza terrestre, demasiados investigadores han mencionado un inconveniente de tipo técnico llamado rebote isostático, que es el equilibrio entre los bloques adyacentes de la corteza, que descansan sobre una capa plástica. Este fenómeno afectaría al crecimiento o decrecimiento del nivel de las aguas. En la práctica, si se produjera el deshielo de la Antártida, el rebote isostático provocaría una elevación del terreno y compensaría a su vez el aumento de nivel de las aguas. asimismo, el hielo no se podría acumular indefinidamente, sino que al alcanzar un grosor determinado se acabaría por fundir, sublimar o separar en trozos que flotarían encima del agua (los icebergs). Por consiguiente, un desequilibrio en la corteza causado por la acumulación de hielo en los polos se entiende prácticamente increible.

en cambio, el maestro norteamericano ya había sembrado una semilla que no tardaría en dar sus frutos. Uno de sus jóvenes seguidores, el bibliotecario canadiense Randy Flemming, recogió el declarante y prosiguió sus investigaciones incluso transformarse en el presente en el mayor impulsor –al lado con Graham Hancock– de la hipotesis de que la actual Antártida un día fue… la Atlántida.

Nota final: aunque en el planeta anglosajón se hace mención al trabajo de los Flemm-Ath como pioneros de la hipotesis de la Antártida como posible ubicación de la Atlántida, el propio Graham Hancock me declaró que ya anteriormente un investigador italiano, Flavio Barbiero, había lanzado esta propuesta en 1974, en un texto titulado Una civiltà sotto ghiaccio («Una civilización bajo el hielo»). Como Hapgood, Barbiero veía el origen de los cataclismos en un desplazamiento de la corteza terrestre, pero estimaba que el detonador de este proceso habría sido el colisión tangencial de un vasto cometa o meteorito sobre la superficie del mundo.

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