Antonio Longoria y el rayo de la muerte

antonio longoria y el rayo de la muerte
antonio longoria y el rayo de la muerte
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A lo largo de la cronica distintos investigadores han realizado valiosos descubrimientos que no han pasado inadvertidos a los políticos y militares de sus naciones de origen por su potencial bélico. El conocido “rayo de la muerte” de Nikola Tesla podría protagonizar una cronica de ciencia ficción de no ser porque el investigador de origen serbio estaba completamente convencido de que su uso y su creación era posible. Hablamos de un mecanismo para desviar electricidad de la ionosfera terrestre a cualquier parte del planeta desembocando en una inmensa explosión capaz de arrasar pueblos y ciudades enteras en cuestión de segundos. Parecería descabellado todo pero en el interior de la cronica no solo Tesla se aventuró a diseñar una tecnología semejante. Un investigador español afincado en EE.UU. creó además a mediados del siglo XX una tecnología tan mortífera que tuvo que pedir que jamás se utilizase contra ningún civil. Esta es su cronica:

Titular con el descubrimiento de Antonio Longoria

Todas las informaciones parten de la revista de ciencia, tecnología e inventos Popular Science, en donde en la pagina 117 aparece la siguiente información: “Palomas al vuelo caen muertas al instante por la acción de una máquina colocada a una separación de cuatro millas. Este es el logro que supuestamente ha conseguido el doctor Antonio Longoria, de Cleveland, Ohio, quien hace poco ha declarado haber destruido su letal máquina por el bien de la sociedad”.

Según otro artículo de la revista Reading Eagle, de Pensilvania, en su edición correspondiente al 31 de julio de 1934, muy similar en su contenido a lo que fue publicado en demasiados diferentes periódicos de los Estados Unidos por aquellas fechas, encontramos lo siguiente: “Nuevo rayo de la muerte tan poderoso como para masacrar a un ejército. ¡Estados Unidos salvado de una invasión por un rayo de la muerte! (…) Un rayo tan potente que puede matar en unos segundos desde una separación sólo limitada por la curvatura de la Tierra. (…) El rayo torna la sangre en una substancia del color y la consistencia de la glicerina, destruyendo todos los glóbulos rojos y es una ficción del investigador español Antonio Longoria, de Cleveland. Todos los gobernantes del planeta seguramente desearán hacerse con el incognito del doctor Longoria, pero éste no está en venta porque, extrañamente, el inventor del arma de guerra más terrible concebida por la conciencia humana es un pacifista. (…)

La tecnología de Longoria se basaba en principios parecidas a la de los rayos Grindell

 

Una cronica interesantísima: destruir con un rayo láser los glóbulos rojos a través de un láser a separación. Pero horrorizarse con la creación. El contexto en el que aparece esta creación era por supuesto propicio para la creación de nuevas armas ante la inminente situación que se avecinaba en Europa con la entrada de Hitler en Alemania. En este contexto tenemos que exponer lo siguiente:

⦁ Los descubrimientos surgen en el lapso de entreguerras, lapso de preparación y experimentación.
⦁ Edad de oro de publicaciones de ciencia ficción que pudo influir en la imaginería científica de aquella era.

Portada de una conocida revista de ciencia ficción americana en donde ya se hablaba del rayo de la muerte.

⦁ Pacifismo: por demasiado que se hablara de paz en ese lapso se concebía que las guerras del futuro serían devastadoras. Surgió el concepto de rayo de la muerte inclusive anteriormente de ser inventado. Un concepto: un arma tan terrible que su sola referencia hiciera que la guerra fuera olvidada como opción posible en la resolución de conflictos de todo tipo.

Antonio Longoria nació en Madrid en 1890 y falleció en Orange, Florida, en 1970. En la lápida, además, aparece un epitafio de lo más misterioso: They said it couldn’t be done! He did it. (¡Dijeron que no se podía hacer! Él lo hizo). Parece que a principios del siglo XX viajó a Estados Unidos, vía Cuba. En el nuevo continente estudió ingeniería y medicina. Durante parte de su vida vivió en Lakewood, cerca de Cleveland al igual que en diferentes localidades próximas a esa ciudad. Estuvo casado y tuvo tres hijos. Tuvo importantes puestos en la industria eléctrica y llegó a vender algunas de sus patentes por importantes cantidades. Estamos ante el vivo ejemplo del “sueño americano”.

Longoria aparece en escena durante los años treinta del pasado siglo por sus patentes vinculadas con el uso de radiación de alta frecuencia para soldar diferentes componentes y, en varios sucesos, licenciadas para la Sterling Electrical Company, empresa de la que Longoria llegó a ser presidente. Ejecutando experimentos para aplicaciones de la radiación de alta frecuencia en el campo de la electroterapéutica, Longoria localizó el rayo de la muerte sin proponérselo y que jamás descubriría su incognito excepto si los Estados Unidos eran invadidos por alguna potencia extranjera.

Antonio Longoria en una imagen de era.

Como pacifista declarado, Longoria aborrecía las armas y estar atormentado por la posibilidad de que una tecnología como la de los rayos de la muerte pudiera dar comienzo a un nuevo conflicto mundial. No se fiaba del uso de su arma tras el fin del orden del presidente Roosevelt y entendía que el complejo militar-industrial norteamericano no dudaría en utilizar su tecnología con fines destructivos. Y es que no era para menos, Longoria había descubierto una forma para lograr que la radiación fuera capaz de destruir glóbulos rojos. Ante esto cabe destacar lo siguiente:

⦁ El investigador español tropezó por casualidad con su rayo mortal mientras investigaba encima del tratamiento del cáncer con radiaciones de alta frecuencia.

Diseños de A. Longoria.

⦁ El rayo mortal es una figura de radiación que tiene una frecuencia precisa capaz de romper a separación los glóbulos rojos de la sangre. El poder de penetración del rayo depende de la potencia del mismo. Para obtener buenos resultados es necesario usar voltajes muy altos, partiendo de unos 80.000 voltios.

⦁ La acción de estos rayos mortales, según sus confirmaciones, es indolora y está basada en cierto mecanismo que convierte la sangre en una substancia sin utilidad, tal y como la luz transforma sales de plata durante el proceso fotográfico.

⦁ Con anterioridad un asociación de investigadores, según apareció en prensa, había comprobado que estas radiaciones eran capaces de matar ratas, ratones y conejos, inclusive cuando los animales estaban resguardados en el interior de cámaras con gruesas paredes metálicas. Estos rayos, según la opinión del doctor Longoria, podrían matar a entes humanos con la misma facilidad.

Diseño industrial del rayo de la muerte de Longoria.

Para completar la información sería interesante exponer las demostraciones de Longoria que aparecen descritas en el número de septiembre de 1934 la revista Modern Mechanix:

“(…) Un descripción parcial de los aparatos, su construcción y de sus principios operativos fue ofrecida hace poco en una sesión del Congreso Nacional de Inventores en Omaha, Nebraska. Observadores privilegiados de una demostración práctica de la máquina declaran que el experimento fue todo un éxito, llegando a ser terrorífico. Perros, gatos y conejos murieron al instante, su sangre se transformó en agua en cuanto el rayo actuó sobre ellos”.

Antecedentes a Longoria

⦁ El pionero británico de la radio Harry Grindell Matthews expuso que había descubierto un arma electromagnética de inverosimil potencia. Jamás pudo probar su hallazgo a nivel público.

Tesla


Imagen de Nicola Tesla.

 

⦁ Entre los más de 700 inventos patentados, el nombre de Nikola Tesla en el presente suele asociarse, principal y quizá injustamente, a este «rayo de la muerte» mencionado en su necrológica. Empezó a proyectarlo a principios del siglo XX y en 1917 la prensa se hizo eco de él. Según la revista «Madrid investigador», éste podía «emitir, a través del aire, una onda eléctrica que haga estallar a gran separación los explosivos del adversario». «Puede afirmarse casi con seguridad –declaraba Tesla a la misma revista–, que esta es la última guerra (en mención a la primera guerra mundial) en que la pólvora y los explosivos decidirán la lucha. La guerra futura se hará por medio de la electricidad. El cañón resultará impotente para el arma del porvenir. Se ha llegado al límite».

Dibujo de una de las espectaculares demonstraciones públicas que hacía Nicola Tesla.

⦁ Tesla experimentaba con un sistema de transmisión de datos a separación que abarcaría todo el globo y se trasladó en el laboratorio de Wardenclyffe (Long Island).Y aquí llegamos a las vísperas del 30 de julio de 1908, precisamente anteriormente del “suceso Tunguska”. Tesla anunció que estaba en posesión de una nueva arma a la que llamaba “El Rayo de la muerte”, capaz de mandar un rayo electromagnético a centenares de kilómetros y arrasar grandes extensiones de tierra. Lo mejor de todo es que justo días anteriormente de que ocurriese el suceso Tunguska,

Esquema encima del incidente Tunguska que pudo involucrar a Tesla.

Tesla mandó un telegrama a su amigo Robert Peary que precisamente estaba tratando conseguir ser el primer hombre en pisar el Polo Norte. El mensaje venía a decir algo así: “Amigo Peary, voy a mandar un rayo cerca de por dónde tu andas y ya me dirás que tal queda todo…” Al parecer que el bueno de Peary volvió sin haber presenciado nada anormal en su zona, pero en ese mismo instante una gran bola de fuego arrasaba Tunguska. por lo visto Tesla se sorprendió de los resultados devastadores y desarmó el arma aludiendo ciertos errores de cálculo.

Jamás se ha llegado a probar al 100% qué fue lo que ocurrió esa mañana de 1908 pero además hay investigaciones que dicen que la hora del experimento y la explosión no son compatibles. Una hipotesis adicional expone que el rayo de Tesla pudo influir sobre otro objeto que al final fue el que cayó sobre Tunguska. En todo suceso podemos comentar lo siguiente:

⦁ El plan «mortal» de Tesla –además conocido como «rayo de telefuerza»– seguía adelante, y en la década de 1920 el ingeniero declaraba que estaba diseñando una torre que podía lanzar un enorme rayo de partículas ionizadas, capaz de desintegrar un avión a más de 330 kilómetros de separación y hacer desaparecer a la gente como si de hormigas se tratara. Supuestamente, ésta disparaba rayos de 60 millones de voltios, capaces de volatilizar el acero, aunque su efectividad se vería mermada en las largas distancias por la curvatura de la Tierra.

La torre de Wardenclyffe, el modo de cambiar el planeta según el investigador más notable de la cronica.

⦁ En la prensa de 1934, el «rayo de la muerte» aparentaba ya una realidad, que «El siglo futuro» definía como un arma de «60 millones de voltios, muerte y exterminio a 400 kilómetros de separación». En la revista «Blanco y Negro» se hablaba del mismo como un objeto capaz de «exterminar a separación un ejército de 1.000.000 de hombres».

⦁ Nikola Tesla se empeñó en defender el valor investigador de su obra más allá del militar, definiéndola como «la mayor auxilio que tiene la provoca de la paz internacional, porque, empleando la transmisión de energía por el aire, cada nación de la tierra se hará inexpugnable a las invasiones». Afirmaba Tesla que si entregaba este «rayo de la muerte» a cada país para que lo utilizase como arma defensiva, terminarían las guerras que tanto odiabaUna especie de equilibrio basado en la fuerza, como el que se daba en la Guerra Fría. Pero subrayaba, además, las inverosimiles ventajas que traería en terreno comercial e industrial, revolucionando los equipos de producción y transporte.

 

Imagen de Nicola Tesla en su laboratorio de Nueva York.

Por ufopolis

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