6 relatos de viajeros visitando zonas que jamás existieron

6 relatos de viajeros visitando lugares que jamas existieron
6 relatos de viajeros visitando lugares que jamas existieron
6 relatos de viajeros visitando lugares que jamás existieron
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Hay una clase selecta de viajeros que ama localizar y explorar sitios espeluznantes, aunque extraña vez esperan que estos zonas desaparezcan totalmente del mapa sin explicación alguna. Sí, existen relatos de personas que observaron pueblos, moteles o restaurantes a orilla de la carretera, sólo para revelar en el viaje de vuelta que ya no existían.

6 relatos de viajeros visitando lugares que jamás existieron

Gran cantidad de estas historias podrían tener explicaciones totalmente racionales, pero la esencia de iguales es que jamás sabremos lo que sucedió exactamente a estas pequeñas ubicaciones en medio de la nada. Tras leer estos relatos, quizá te asegurarás de que tu auto esté bien cerrado la próxima vez que salgas de excursión.

El baile más espeluznante.

Estaba mudándome a través de Texas y, como acostumbro, manejaba por la noche para evitar el tráfico. Iba acompañado de mi esposa (actualmente ex) y el auto se quedaba sin combustible. Afortunadamente, estábamos cerca de una reducida ciudad sin nombre y en la próxima curva observamos una vieja estación de servicios. Esto habría sucedido aproximadamente a las dos de la madrugada.

6 relatos de viajeros visitando lugares que jamás existieron

Me dirigí a la tienda para pagar la gasolina anteriormente de usar la bomba. En el establecimiento sólo había una luz encendida, y la iluminación adentro era ligeramente superior a la que proporcionaba la Luna afuera. Al entrar, me encontré con el sitio totalmente vacío. No había clientes, ni trabajadores, nada. en cambio, escuchaba una insolita melodía proveniente de una radio que no pude situar. Una pieza de piano muy alegre sonaba en algún lugar a la vuelta de la esquina, y al acercarme a la fuente escuché el sonido de alguien que bailaba.

Aquel raro lugar me hizo sentir un miedo raro, no del tipo que te horroriza y te hace querer huir, pero poseía los pelos de punta y, aunque no podía comprenderlo, sabía que algo andaba muy mal allí. Al doblar la esquina, me topé con un adolescente parado frente a una radio enorme… estaba bailando. en cambio, su baile me resultaba exageradamente desagradable y no coincidía de ninguna figura con el ritmo de la música.

Aunque en la radio se escuchaba algo comparable a un ragtime, este sujeto pasaba sus manos por todo el cuerpo, y aunque poseía los ojos cerrados aparentaba muy feliz haciendo aquel baile. Su danza era demasiado más pausada que la música y definitivamente no seguía el ritmo. Por alguna insolita razón me quedé sin voz. Estaba paralizado en un trance mientras cada parte de mí anhelaba gritar y salir inmediatamente de ese lugar.

Al final, me repuse y le dije: “disculpa, necesito un poco de gasolina”. El adolescente continuó con su baile.

Lo repetí un poco más fuerte, y al final se paró para abrir los ojos y centrarse en mí. en cambio, era como si pudiera ver a través de mí. Caminó en silencio incluso la caja registradora sin decir nada. Le dije: “sólo $20, por favor”.

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El adolescente no contestó y se quedó parado atrás del mostrador, por lo tanto pensé que tal vez no hablaba el idioma y sencillamente estaba avergonzado pues lo había sorprendido bailando, así que dejé el dinero encima del mostrador y salí del establecimiento esperando que encendiera la bomba.

Eché la gasolina, le dije a mi esposa sobre la insolita escena que acaba de ver adentro y apagué la bomba para callar el terrible sonido que producía luchando contra la gravedad para sacar el combustible.

en cambio, lo más raro fue que al retirarnos y ver por el espejo retrovisor, pude ver al sujeto aun detrás del mostrador. Por si fuera poco, el dinero incluso seguía en el mismo sitio donde lo dejé. Como si se tratara de un robot que se apagó después que salí de la tienda.

Pero lo más raro sucedió un par de meses después, cuando regresaba a San Antonio para ver a mi familia y decidimos detenernos en aquella vieja estación de servicio para echarle un vistazo durante el día, ya que se transformó en una especie de broma entre mi esposa y yo. Nos detuvimos en aquel pequeño pueblo… pero todo el establecimiento había desparecido.

El lote donde se ubicaba en la curva ni siquiera existía. Todo estaba cubierto de hierba. No había escombros, iluminación o la vieja bomba. Fue como si alguien tomara la estación completa y se la hubiera llevado. Aparentemente, en aquel lugar no había existido nada durante años.

Aun me produce escalofríos pensar en esto.

El restaurante perdido en el tiempo.

Cuando era adolescente, me convertí en un chico insoportable. Para lidiar con este comportamiento mis padres, dos narcisistas, tomaron la decisión de enviarme a trabajar a un vasto rancho ganadero en una remota región de Arizona. Como era un jinete ecuestre en aquella era, en verdad la ganadería no era un área tan ajena a mis aptitudes.

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Durante los recorridos de ganado es normal toparse con viviendas, campamentos y tambien ciudades en el medio de la nada. Todos estos hallazgos son dignos de contarse bajo una fogata, pero hubo uno en particular que jamás podré olvidar.

Hacíamos un recorrido de ganado muy extenso, y si mal no recuerdo habíamos pasado alrededor de tres semanas en el desierto cuando nos topamos con este lugar en medio de un cañón, un sitio ideal para una postal. Se trataba de un restaurante con un diseño antiguo, repleto de detalles cromados al más puro estilo de la costa este. Hacía tiempo que no comíamos nada sustancial, y el líder del recorrido me prometió un batido de leche con motivo de mi cumpleaños. La emoción me desbordaba, y aunque me aparentaba un poco raro, después de pasar tanto tiempo en el desierto ya nada te sorprende verdaderamente.

Por lo tanto, dejamos atrás a varios compañeros para que vigilaran el ganado que descansaba bajo una sombra tras superar un terreno rocoso, y nos dirigimos hacia el cañón para entrar al restaurante. En el momento que pusimos un pie dentro del lugar, el jefe (el vaquero de más experiencia en el asociación) me toma del brazo y duda: “¿este sitio está repleto y todos visten ropa insolita de la era de los 40 o 50?”.

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Mi jefe, al que solíamos llamar “T”, era un tipo duro que dedicó su vida al rancho, por lo que definitivamente había probado cosas misteriosas. Cuando estoy a punto de darle un sorbo al batido de leche, T me vuelve a tomar por el brazo y me doy cuenta que todos los comensales no observan. Mientras tanto, la atmósfera del lugar se siente insolita. Como los sujetos malolientes y sucios que éramos, estábamos acostumbrados a que nos vieran todo el tiempo pero estas personas lo hacían con una expresión de casi miedo y conmoción.

T y los diferentes dos salen lentamente del restaurante, y yo voy detrás de ellos. Salimos sin decir una sola palabra. Estaba tan confundido que sencillamente acepté toda la situación.

Incluso el día de hoy desconozco lo que significaba ese lugar, o si nos tropezamos con alguna distorsión temporal. Por la noche, cuando nos encontrábamos a buena separación de aquel cañón, el jefe me comentó que tal vez retrocedimos en el tiempo. Desde su punto de vista, el restaurante había quedado inmovilizado en una especie de bucle temporal y, si nos quedábamos, además nos atascaríamos allí.

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No sé si verdaderamente creer lo que me manifestó. Eran tipos rudos que solían burlarse y hacer bromas todo el tiempo, pero jamás olvidaré las miradas de aquellos comensales en ese restaurante inmaculado.

¿Cuál pueblo?

Esto le sucedió a un amigo hace aproximadamente veinte años. Acostumbraba trabajar instalando ventanas por lo que habitualmente viajaba con su equipo por el sureste del Reino Unido. Uno de los trabajos que realizaba no le quedaba tan lejos de casa, por lo que decidió ir en su automóvil.

Terminaron el trabajo muy tarde, y ya había oscurecido, por lo que las carreteras estaban solitarias y no había demasiadas personas afuera debido al intenso frío. Conducían por un camino recto cuando pasaron por una población normal y corriente. Observaron las típicas viviendas rurales, un pub y tambien una reducida tienda.

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Cinco minutos después, dos de los tripulantes se quejaban de que necesitaban beber algo para el frío y sugirieron acudir a un pub. Mi amigo les propuso dar la vuelta y regresar al pueblo que acababan de ver. Retornan, recorren el mismo camino de vuelta pero no localizan ningún pueblo. No había más que campos. No tomaron ninguna desviación, por lo que era increible que se hubieran equivocado de ruta. El camino era recto.

Pizza fantasma.

Acostumbraba quedarme con un compañero en el distrito economico de Nueva York. En este momento había salido de viaje y yo me hacía cargo de su felino. En algún lugar de la madrugada, recordé que no había cenado así que salí para rastrear algo de comida rápida. El huracán Sandy había afectado la zona hacía poco, por lo que demasiados establecimientos aun se esforzaban por terminar las reparaciones y mi búsqueda resultó infructuosa.

En el camino de vuelta al apartamento, encontré un sitio con una doncella parada afuera que me manifestó: “pizza gratis”. No soy de las personas que suelen ignorar este tipo de ofertas, así que me volví hacia la doncella y ella repitió la frase mientras abría la puerta de aquella reducida pizzería. Ingresé totalmente seguro de que me darían algo de pizza gratis.

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Y sí, terminé con dos rebanadas grandes y a continuación de dirigí a casa para pasar la noche, pero anteriormente compartí una rebanada con el portero del condominio.

Al día siguiente, caminé exactamente por el mismo sitio y no encontré ninguna pizzería. Incluso el día de hoy, aun suelo contar mi cronica de la pizza fantasma.

Sigue al conejo.

Mis abuelos solían administrar una granja de tamaño considerable, y todos los nietos solíamos ayudar durante las vacaciones de verano. Nos habían mencionado que cada vez que viéramos un conejo, lo matáramos con la azada o la escopeta. En aquella era poseía aproximadamente 12 años cuando vi un pequeño conejo en la plantación de frijoles, y no quería que el abuelo lo viera, por lo que intenté ahuyentarlo. Lo seguí incluso la maleza pues, normalmente, acostumbraba perderlos de vista cuando llegaban incluso este lugar.

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en cambio, este conejo me llevó incluso unas antiguas ruinas de un granero. Es algo normal en el sitio, y suelen ser sitios muy interesantes por dentro, así que entré para echar un vistazo. Curiosamente, las herramientas estaban en buenas circunstancias y había heno fresco. Creí que había cruzado a la propiedad de otra persona, así que inmediatamente salí de este lugar. Le pregunté a mi abuelo sobre esto, y me manifestó que su propiedad se extendía demasiado más allá, por lo que era increible que hubiera abandonado su terreno en ese poco tiempo que estuve ausente, así que repetimos el recorrido pero fue increible localizar el viejo granero.

Cada verano que trabajé en la granja volvía a revisar pero jamás lo encontré de nuevo. No es algo espeluznante, pero siempre me he preguntado qué sucedió aquella vez.

La colina perdida.

Cuando mi hermano y yo teníamos 10 y 12 años, respectivamente, la familia organizó una caminata empezando por el cementerio para adentrarnos en el bosque, no muy lejos de nuestra casa. Mis hermanos y yo solíamos explorar ese bosque todos los días. Inclusive habíamos acampado anteriormente en este lugar, por lo que lo conocíamos a la perfección.

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Como sea, la familia se ubicó en el sitio habitual al lado al arroyo mientras mi hermano y yo fuimos a explorar la zona. Nos topamos con una colina enorme que jamás habíamos observado anteriormente. Estaba llena de objetos que parecían las pertenencias personales de alguien. Era como si hubieran volteado una casa para sacudirla y llevarse la construcción. igualmente observamos un cumulo de “X” pintadas sobre los árboles, como si los fueran a talar en algún instante.

Recorrimos la colina un poco cuando creímos escuchar a mamá gritándonos. Por lo tanto, nos dimos vuelta y caminamos aproximadamente 20 metros por la colina incluso llegar al punto donde estaban nuestros padres. Todo esto quizá llevó unos 45 minutos… según nosotros.

En cuanto como mamá nos vio, nos dio la paliza de nuestras vidas. De hecho, habíamos estado deambulando por el bosque casi cuatro horas. Jamás nos observaron subir a la colina y recordó que la última vez serpenteábamos por un camino que bordea al arroyo, pero jamás nos vió subir una colina a escasos veinte metros de separación. Ella y nuestro padrastro peinaron el bosque durante todo ese tiempo gritando nuestros nombres sin poder localizarnos.

Abogamos por nuestra cronica y tambien intentamos mostrarle la colina. Así que la llevamos por el mismo camino pero la colina ya no estaba. Durante años exploramos aquellos bosques decididos a localizar la colina. Cubrimos millas y millas más allá del camino que hicimos ese día.

Mientras crecíamos íbamos mapeando nuestras incursiones. Incluso la fecha, la colina sigue sin aparecer. Jamás la volvimos a localizar. Tampoco localizamos los insolitos muebles, la ropa y los diferentes artículos del hogar que estaban dispersos sobre la colina. Quizá terminamos alejándonos demasiado más de lo que pretendíamos, pero siempre me pareció raro que jamás pudiéramos volver a ese lugar.

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