Historias De Sumeria

Historias De Sumeria

9 abril, 2019 Desactivado Por Sandra


Según los textos sumerios: Anteriormente, en los días viejos, Alalu era soberano del Firmamento; Él, Alalu, estaba sentado en el trono. El poderoso Anu, el primero entre las deidades, de pie ante él, se inclinaba ante sus pies, y ponía la copa en su mano. Durante un total de nueve períodos, Alalu fue soberano en el Firmamento. En el noveno período, Anu le dio batalla a Alalu. Alalu fue derrotado, huyó ante Anu. Descendió a la oscura Tierra. Abajo, a la oscura Tierra fue;  en el trono se sentó Anu.  Así pues, la epopeya atribuye a la usurpación del trono, la llegada de un «soberano del Firmamento» a la Tierra. Una deidad llamado Alalu  fue obligado a abandonar su trono (en algún lugar de los cielos), y a huir para salvar su vida, «descendió a la oscura Tierra». Pero ése no fue el final. El texto sigue relatando cómo Anu, a su vez, fue destronado nuevamente por Alalu en la tierra (medio hermano de Anu, según algunas interpretaciones)

Durante un total de nueve períodos, Anu fue soberano en el Firmamento; En el noveno período, Anu tuvo que hacer batalla con Alalu. Anu consiguió soltarse de Alalu y huyó. Huyó Anu, elevándose hacia el firmamento. Alalu salió tras él, y lo agarró por los pies; tiró de él hacia abajo desde los cielos.
Le mordió los genitales, y la «Virilidad» de Anu, al combinarse con las tripas de Alalu, se fundió como el bronce. Según este antiguo relato, la batalla no terminó con una victoria total.
Aunque castrado, Anu se las arreglo para huir incluso su Morada Celeste, desterrando a Alalu de la Tierra.
¿Quiénes fueron esos Divinidades del Firmamento y de la Tierra?

Entes divinos y en cambio, muy humanos, encabezados siempre por un panteón o círculo interno de doce deidades.
No hay duda de que las «palabras de antaño»,
Que durante miles de años constituyeron la lengua de las enseñanzas superiores y los textos religiosas, era la lengua de Sumer.
Tampoco hay duda de que los «divinidades de antaño» eran las deidades de Sumer; en ninguna parte se han hallado registros, relatos, genealogías e historias de divinidades más viejos que los de Sumer
Los sumerios estaban encabezados por un panteón de Grandes Divinidades, gobernados por una Asamblea de Deidades, y estaban relacionados entre ellos.
En el instante en que se excluye a sobrinas, sobrinos, nietos y demás, emerge un asociación de deidades demasiado más pequeño y coherente donde cada uno juega un papel, con determinados poderes y responsabilidades.
Los sumerios creían que había divinidades que eran «de los cielos». Los textos que hablan de los tiempos de «anteriormente de que las cosas fueran creadas»
Citan a varios de estos divinidades celestiales, como Apsu, Tiamat, Anshar, Kishar.
Entre los dos grupos estaban los Divinidades del Firmamento y de la Tierra, los llamados «divinidades viejos».
Éstos eran los «divinidades de antaño» de los relatos épicos, y, según las creencias sumerias, habían bajado a la Tierra desde los cielos.
No eran simples deidades locales.

Eran divinidades nacionales -o, mejor aún, divinidades internacionales.
Varios de ellos estaban presentes y activos en la Tierra, aun anteriormente de que hubiera Hombres en ella. De hecho, se estimaba que la existencia del Hombre había sido el resultado de una deliberada empresa creadora por parte de estos divinidades.
Eran poderosos, capaces de hazañas que estaban más allá de las capacidades o de la comprensión de los mortales.
en cambio, estos divinidades no sólo tenían aspecto humano, sino que, también, comían y bebían como ellos, y exhibían todo tipo de emociones humanas, desde el amor y el odio incluso la lealtad y la infidelidad. Aunque los papeles y la posición jerárquica de varios de los principales divinidades pudieron cambiar con los milenios, varios de ellos jamás perdieron su encumbrada posición y su veneración nacional e internacional.
A medida que observemos más de cerca este asociación central, veremos emerger una dinastía de divinidades, una familia divina, estrechamente relacionados entre ellos y, en cambio, amargamente divididos.
A la cabeza de esta familia de Divinidades del Firmamento y de la Tierra estaba AN (o Anu en los textos Babilonios/asirios).

Él era el Gran Padre de los Divinidades, el Soberano de los Divinidades.
Su reino era la inmensidad de los cielos, y su símbolo era una estrella.
La morada de Anu, y la sede de su Realeza, estaba en los cielos.
Ahí era adonde iban los diferentes Divinidades del Firmamento y de la Tierra cuando necesitaban consejos o favores personales, o donde se reunían en asamblea para limar disputas entre ellos mismos o para tomar decisiones importantes.
Cuantiosos textos explican el palacio de Anu (cuyos pórticos estaban custodiados por una deidad del Árbol de la Verdad y una deidad del Árbol de la Vida), así como su trono, el modo en que los demás divinidades se aproximaban a él y cómo se sentaban en su presencia. Los textos sumerios también recogieron sucesos en que inclusive a los mortales se les permitió subir a la morada de Anu, la mayoría de las veces con el objeto de huir a la mortalidad.
Uno de estos relatos es el de Adapa («modelo de Hombre»). Fue tan perfecto y tan leal al dios Ea, que le había creado, que Ea lo dispuso todo para que fuera llevado incluso Anu.
Es en ese instante cuando Ea le describió a Adapa lo que se debía esperar .Adapa, vas a ir ante Anu, el Soberano; tendrás que tomar el camino hacia el Firmamento. Cuando hayas ascendido incluso el Firmamento, y te hayas acercado al pórtico de Anu, el «Portador de Vida» y el «Cultivador de la Verdad» estarán de pie en el pórtico de Anu.
Guiado por su creador, Adapa «incluso el Firmamento fue… ascendió al Firmamento y se acercó al pórtico de Anu».
Pero cuando se le ofreció la posibilidad de hacerse inmortal, Adapa se negó a comer el Pan de la Vida, pensando que el enfurecido Anu le estaba ofreciendo alimentos envenenados. Así pues, se le devolvió a la Tierra como sacerdote ungido, pero todavía mortal.
La afirmación sumeria de que también los humanos podían ascender a la Morada Divina en los cielos encuentra su eco en los relatos del Antiguo Testamento encima del ascenso a los cielos de Enoch y del profeta Elías. La segunda deidad en poder del panteón sumerio era ENLIL.  Su nombre significa «señor del cosmos aéreo», prototipo y padre de los posteriores Divinidades de las Tormentas que encabezaban los panteones del planeta antiguo. Era el hijo mayor de Anu, nacido en la Morada Celeste de su Padre. Pero, en algún instante de los tiempos más viejos, descendió a la Tierra y se convirtió así en el principal Dios del Firmamento y la Tierra. Cuando las deidades se reunían en asamblea en la Morada Celeste, Enlil presidía las reuniones en compañía de su padre. Cuando las deidades se reunían en asamblea en la Tierra, estaban en la corte de Enlil, en el recinto divino de Nippur, la ciudad dedicada a Enlil, además de ser el sitio donde estaba su principal santuario, el E.KUR («Casa que es como una montaña»). No sólo los sumerios tenían a Enlil por supremo, sino también las deidades de Sumer.
Éstos le llamaban Soberano de Todas las Tierras, y dejaban claro que «en el Firmamento – él es el Príncipe; En la Tierra – él es el Jefe». Sus «palabras (mandatos), en las alturas, hacen temblar los Cielos; abajo, hacen que la Tierra se estremezca»:

Enlil, cuyos mandatos llegan lejos; cuya «palabra» es noble y santa; cuyas declaraciones son invariables; que decreta destinos incluso el distante futuro… Las deidades de la Tierra se inclinan gustosamente ante él; las deidades Celestiales que están en la Tierra se humillan ante él; Permanecen fielmente al lado a él, según las instrucciones.  Enlil, según las creencias sumerias, llegó a la Tierra demasiado anteriormente de que la Tierra se adecuara y se civilizara. Un «Himno a Enlil, el Caritativo» cuenta los demasiados aspectos de la sociedad y la civilización que no habrían llegado a existir de no ser por las instrucciones de Enlil para «ejecutar sus órdenes en todas partes». No se construirían ciudades, ni se fundarían poblados; no se construirían establos, ni se levantarían rediles; ni soberanos serían coronados, ni sumos sacerdotes nacidos. Los textos sumerios dicen también que Enlil llegó a la Tierra anteriormente de que las «Gentes de Cabeza Negra» -el apodo sumerio para designar a la Sociedad- fueran creados.  Durante estos tiempos previos a la Sociedad, Enlil levantó Nippur como centro particular suyo o «puesto de mando», al cual Firmamento y Tierra estaban conectados a través de algún tipo de «enlace». Los textos sumerios llamaban a este enlace DUR.AN.KI («enlace cielo-tierra») y usaban el lenguaje poético para contar las primeras acciones de Enlil en la Tierra: “Enlil, cuando señalaste los poblados divinos en la Tierra, Nippur levantaste como tu propia ciudad. La Ciudad de la Tierra, la noble, tu lugar puro cuya agua es dulce.  Fundaste el Dur-An-Ki en el centro de las cuatro esquinas del planeta”. En aquellos primeros días, cuando sólo las deidades habitaban Nippur y el Hombre aún no había sido creado, Enlil conoció a la deidad que terminaría convirtiéndose en su esposa. Según una versión, Enlil vio a su futura novia mientras se estaba bañando en el riachuelo de Nippur -desnuda. Fue un amor a primera vista, pero no necesariamente con matrimonio en mente:

El pastor Enlil, que decreta los destinos, el del Reluciente Ojo, la vio. El señor le habla a ella de relaciones sexuales; ella no está dispuesta. Enlil le habla a ella de relaciones sexuales; ella no está dispuesta: «Mi vagina es muy pequeña (dice ella), no sabe de la cópula; mis labios son muy pequeños, no conocen besar.» Pero Enlil no aceptó un no por contestación.  Le reveló a su chambelán Nushku su ardiente deseo por «la adolescente doncella», que se llamaba SUD («la niñera»), y que vivía con su mamá en E.RESH («casa perfumada»). Nushku le sugirió un paseo en barca y le trajo una barca, Enlil persuadió a Sud para salir a navegar con él y, una vez estuvieron en la barca, la violó.
El antiguo relato cuenta por lo tanto que, aunque Enlil era el jefe de las deidades, éstos se enfurecieron tanto por lo que había hecho que lo detuvieron y lo desterraron al Planeta Inferior. « ¡Enlil, el inmoral!», le gritaban. « ¡Vete de la ciudad!»
En esta versión, Sud, embarazada con el hijo de Enlil, siguió a éste y se casó con él. Otra versión dice que Enlil, arrepentido, buscó a la adolescente y envió a su chambelán para que le pidiera a su mamá la mano de la hija. De un modo o de otro, Sud se convirtió en la esposa de Enlil, y éste le otorgó el título de NINLIL («señora del cosmos aéreo»). Pero lo que no sabían ni él ni las deidades que le desterraron es que no fue Enlil el que sedujo a Ninlil, sino al revés.
Lo cierto es que Ninlil se bañó desnuda en el riachuelo siguiendo las instrucciones de su , mamá, con la esperanza de que Enlil, que solía pasear al lado al arroyo, se percatara de la presencia de Ninlil y deseara «abrazarla y besarla». A pesar de la apariencia en la que se enamoraron, Ninlil fue tenida en muy alta estima a partir del instante en que Enlil le dio «la prenda de la señoría». Con una única excepción, que, según creemos, tuvo que ver con la sucesión dinástica, no se conocen más indiscreciones de Enlil.
Una tablilla de arcilla encontrada en Nippur muestra a Enlil y a Ninlil en su santuario mientras se les sirven alimentos y bebida. La tablilla fue encargada por Ur-Enlil, el «Criado de Enlil». Enlil dictaba sentencias en la Asamblea de divinidades para que se llevaran a efecto contra de la Sociedad; era su «viento» el que soplaba, tormentas devastadoras contra las ciudades ofensoras. Era él, el que buscaba la destrucción de la Sociedad cuando el Diluvio, pero también el que, cuando estaba en paz con el género humano, se convertía en una deidad amable que concedía favores, según un texto sumerio, fue Enlil el que dio a la Sociedad el conocimiento de la agricultura, al lado con el del arado y el pico. Enlil elegía también a los soberanos que tenían que gobernar a la Sociedad, no como soberanos, sino como servidores del dios a los que se les confiaba la administración de las leyes divinas de justicia. Así pues, los soberanos sumerios, acadios y babilonios abrían sus inscripciones de auto adoración describiendo cómo Enlil les había llamado a la Realeza.  Estas «llamadas» -promulgadas por Enlil en su propio nombre y en el de su padre, Anu- le concedían legitimidad al gobernante y delimitaban sus funciones. Inclusive Hammurabi, que reconocía a Marduk como dios nacional de Babilonia, afirmó en el prefacio de su código legal que «Anu y Enlil me nombraron para promover el bienestar de la villa… para hacer que la justicia prevalezca en la tierra». Dios del Firmamento y de la Tierra, Primogénito de Anu, Dispensador de Realeza, Jefe Ejecutivo de la Asamblea de Divinidades, Padre de Divinidades y Hombres, Dador de la Agricultura, Señor del Cosmos Aéreo… estos eran varios de los atributos de Enlil que hablaban de su grandeza y sus poderes. Sus «mandatos llegaban lejos», sus «declaraciones invariables»; él «decretaba los destinos». Disponía del «enlace cielo-tierra», y desde su «impresionante ciudad de Nippur» podía «elevar los rayos que buscan el corazón de todas las tierras» – «ojos que Pueden explorar todas las tierras». en cambio, era tan humano como cualquier adolescente capaz de dejarse seducir por una belleza desnuda; sujeto a leyes morales impuestas por la comunidad de las deidades, transgresiones que se castigaban con el destierro; y ni siquiera era inmune a las quejas de los mortales. Al menos, que se sepa, consta un suceso, en el que un soberano sumerio de Ur, se quejó directamente a la Asamblea de los Divinidades de que toda una serie de males que habían caído sobre Ur y sus gentes, podían deberse al desafortunado hecho de que «Enlil le había dado la realeza a un hombre indigno… que no era de simiente sumeria». A medida que avancemos, iremos viendo el papel fundamental que jugaba Enlil en los asuntos divinos y mortales de la Tierra, y cómo sus distintos hijos combatieron entre ellos y con diferentes por la sucesión divina, dando así origen, sin duda, a relatos posteriores sobre batallas entre divinidades. El tercer Gran Dios de Sumer fue otro hijo de Anu; tenía dos nombres, E.A y EN.KI.  Al igual que su hermano Enlil, Ea era, también, un Dios del Firmamento y de la Tierra, una deidad de origen celeste que había bajado a la Tierra. Su llegada a la Tierra está relacionada en los textos sumerios con una época en la que las aguas del Golfo Pérsico entraban en tierra firme demasiado más allá de lo que vemos hoy en día, convirtiendo en pantanosa la parte sur del país. Ea (el nombre significa, literalmente, «casa-agua»), que era maestro en ingeniería, planificó y supervisó la construcción de canales, de diques en los ríos, así como el drenaje de los pantanos. Le encantaba salir a navegar por estos cursos de agua y, de modo especial, por los pantanos.  Como su nombre señala, las aguas eran su hogar. Construyó su «gran casa» en la ciudad que fundó, al filo de las tierras pantanosas, una ciudad llamada HA.A.KI («lugar de los peces-agua»), aunque también fue conocida como ERIDÚ («hogar de ir desde lejos»). Ea era «Señor de las Aguas Saladas», los mares y los océanos. Los textos sumerios hablan repetidamente de una época muy antigua en la que los tres Grandes Divinidades se repartieron los reinos entre ellos. «Los mares se los dieron a Enki, el Príncipe de la Tierra», dándole así «el gobierno del Apsu» (lo «Hondo»). Como Señor de los Mares, Ea construyó barcos que navegaban incluso tierras lejanas, y, en especial, a zonas desde donde se traían metales preciosos y piedras semipreciosas. Los sellos cilíndricos sumerios más viejos simbolizan a Ea como una deidad rodeado de ríos fluentes en los que, a veces, se veían peces. Los sellos relacionaban a Ea, con la Luna (indicada por su creciente), una relación quizás basada en el hecho de que la Luna provoca las mareas. No hay duda, en lo referente a esta imagen astral, de que a Ea se le dio el epíteto de NIN.IGI.KU («señor brillo-ojo»).Según los textos sumerios, entre los que se incluye una asombrosa autobiografía del mismo Ea, éste nació en los cielos y vino a la Tierra anteriormente de que hubiera ninguna población o civilización sobre la Tierra. «Cuando me acerqué al país, estaba inundado en gran parte», asevera. Después, procede a explicar la serie de acciones que emprendió para hacer habitable la tierra: llenó el río Tigris con frescas «aguas dadoras de vida»; nombró a una deidad para que supervisara la construcción de canales, para hacer navegables el Tigris y el Éufrates; y descongestionó las tierras pantanosas, llenándolas de peces y haciendo un refugio para aves de todos los tipos, y haciendo crecer allí carrizos que pudieran servir como material de construcción. Centrándose después en la tierra seca, Ea decía que fue él quien «dirigió el arado y el yugo… abrió los sagrados surcos… construyó establos… levantó rediles». Después, el auto adulatorio texto (llamado por los expertos «Enki y la Ordenación del Planeta») dice que fue esta deidad el que trajo a la Tierra las artes de la elaboración de ladrillos, de la construcción de moradas y ciudades, de la metalurgia, entre diferentes.

Presentándolo como al mayor benefactor de la Sociedad, como al dios que trajo la civilización, demasiados textos lo tienen también como el principal defensor de la Sociedad en los consejos de las deidades. En los textos sumerios y acadios encima del Diluvio, donde se deben rastrear los orígenes del relato bíblico, se dice que Ea fue la deidad que, desafiando la decisión de la Asamblea de Divinidades, permitió huir del desastre a un seguidor de confianza (el «Noé» mesopotámico). De hecho, los textos sumerios y acadios, que, como el Antiguo Testamento, se adhieren a la creencia de que una deidad o las deidades crearon al Hombre por medio de un acto consciente y deliberado, atribuyen a Ea un papel clave en todo esto. Como científico jefe de las deidades, fue él, el que diseñó el método y el proceso por el cual debía ser creado el Hombre. Con tal afinidad con la «creación» o aparición del Hombre, no es de sorprender que fuera Ea el que guío a Adapa -el «hombre modelo» creado por la «sabiduría» de Ea- a la morada de Anu en los cielos, desafiando la determinación de las deidades de negarle la «vida eterna» a la Sociedad. ¿Se puso Ea del lado del Hombre sencillamente porque tuvo que ver con su creación, o hubo algún otro motivo más subjetivo? A medida que exploramos los textos, nos encontraremos con que los constantes desafíos de Ea, tanto en temas humanos como divinos, tenían como objetivo principal el frustrar las decisiones o los planes que emanaban de Enlil. Los ficheros están repletos de alusiones a los abrasadores celos que sentía Ea por su hermano Enlil. De hecho, el otro nombre de Ea  (y, quizás, el primero) era EN.KI («señor de la Tierra»), y los textos que hablan del reparto del planeta entre los tres divinidades sugieren que Ea perdió el dominio de la Tierra en favor de su hermano Enlil por el sencillo método de echarlo a suertes. Aun con la amargura que pudo sentir Ea/Enki con aquel reparto, parece que esto no hacía más que alimentar un resentimiento demasiado más hondo. La razón nos la da el mismo Enki en su autobiografía: era El, y no Enlil, el primogénito, según asevera Enki; era El, por tanto,  no Enlil, el que debía ser heredero de Anu.

Como vemos la controversia es muy amplia, fue Enki O Enlil, el señor de la tierra.
Pero las fechas de estos relatos son muy recientes, hablamos de entre 5000 a 15000 años. Pero que pasó con anterioridad, anteriormente de que estos poemas fueran escritos por los humanos, algunas tablillas hablan de fechas muy lejanas, pero como en todo fueron escritas miles de años después que se narraran los hechos.
Hay algún escrito que nos cuenta como una casta natural del mundo tierra, tubo que luchar y esconderse en las entrañas del mismo, esconderse a consecuencia de otra casta invasora del exterior del mundo tierra,  después de una ensangrentada lucha la especie
Nativa fue derrotada y cautivada en sus habitad en el planeta subterráneo, mientras que los invasores extraían minerales del mundo para sus necesidades,  esta especie sucumbía ante los esfuerzos realizados a provoca de las características atmosféricas del mundo. Fu por lo tanto cuando determinaron crear un hibrido, hibrido mezcla de su especie y la especie nativa del mundo.
Ese hibrido fue llamado Igigi, los Igigi trabajaron durante centenares de años, incluso que su evolución mental comenzó a razonar, fue por lo tanto cuando empezaron las revueltas.
Luchas encañizadas dieron comienzo, entre los Igigi y la casta invasora, una batalla en los cielos definiría el final del conflicto, la especie invasora se fue del mundo y los Igigi tomaron el poder,  también consiguieron apoderarse de los territorios del interior. Durante 400000 años reinaron en el mundo, crearon ciudades, crearon tecnología, pero empezaron a cuestionarse a si mismos. Hartos de trabajar empezaron a quejarse fue por lo tanto cuando un asociación de jefes decidió autorizar que se experimentara con genética para crear unos entes para el trabajos duro.
Nació la especie A-dam (Adapa)-(humano) un esclavo para las deidades… y el Final comenzó con el comienzo….

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