True Blood: la sangre adolescente te rejuvenece II

true blood la sangre joven te rejuvenece ii
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Como contamos con anterioridad, conocemos que existen unos factores que circulan en la sangre y determinan el estado de los nichos en donde se albergan las células mamá de los tejidos y que modulan la actividad de estas células progenitoras. En individuos jóvenes, esos factores contribuyen a que las poblaciones de células mamá posean una capacidad de regeneración y mantenimiento de los tejidos correcta que permite al organismo desarrollar sus funciones en perfectas circunstancias. Se plantea que el envejecimiento, con su característica pérdida de capacidad regenerativa y de funciones vitales, sucede como consecuencia de una reducción en los niveles de estos factores presentes en la sangre que llevan al deterioro de esos nichos y, como consecuencia, a una actividad menor de las células mamá.

Por eso, Amy Wagers, experta en Harvard y que ya había tenido ocasión de conocer la parabiosis durante su etapa de formación postdoctoral, decidió continuar con ese sistema experimental para ahondar más en el fenómeno del rejuvenecimiento de organismos viejos por exposición a factores circulantes en sangre de animales jóvenes, y por supuesto además, con el objetivo de tratar de desvelar la identidad de dichos factores. Pese a algún tropezón en esa trayectoria, al parecer causado por una mala práctica que pudo haber cometido una de sus alumnos postdoctorales con lo que aparentemente fue una manipulación o falsificación de resultados que le condujo a una inmediata retirada de un artículo que había publicado en la revista NatureAmy Wagers fue poco a poco avanzando en su búsqueda, estrechando el círculo alrededor del esquivo causa. Por el camino comprobó que estos factores presentes en la sangre de individuos jóvenes tienen capacidad rejuvenecedora en diferentes tejidos, como el páncreas, la piel o inclusive el sistema nervioso central.

Por otra parte, Tom Rando, investigador interesado en el desarrollo y envejecimiento del músculo, además continuó utilizando este sistema de parabiosis como sistema de ensayo del envejecimiento y colaboró con un investigador suizo afincado en Stanford, en la costa oeste de EEUU, que trabajaba con sistema nervioso, Tony Wyss-Coray. Juntos describieron cómo las causas circulantes en sangre contribuyen al envejecimiento del cerebro, reduciendo la neurogénesis y disminuyendo las capacidades cognitivas durante la vejez. Es decir, el reverso de todas las investigaciones que incluso ese instante se habían concentrado más en explicar los efectos rejuvenecedores de la sangre adolescente. Wyss-Coray apuntó a un causa concreto, el CCL11 o eotaxin, que aumenta durante el envejecimiento en humanos sanos y que si es administrado a animales jóvenes les provoca una disminución de la neurogénesis y daña sus capacidades cognitivas.

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De izquierda a derecha: Tony Wyss Corey, Tom Rando, Amy Wagers y Lee Rubin

El año pasado, Amy Wagers, por su parte, en una publicación en Cell describía la identificación de GDF11como un potente candidato a ser uno de los principales factores rejuvenecedores en sangre de los que hablamos. En este suceso, el efecto que se vió durante la parabiosis fue la reducción de la hipertrofia que habitualmente ensayan los corazones de animales viejos. La sencillo inyección de GDF11 producido de forma recombinante (en laboratorio) redujo el tamaño del corazón (y de las células que lo forman, los cardiomiocitos) incluso el tamaño típico de un corazón adolescente.

Al final, hace escasos días, todos estos trabajos confluyeron en tres publicaciones simultáneas que procedían a incidir y ampliar incluso más todas estas observaciones previas. Amy Wagers participaba en dos de estos trabajos en Science, uno de ellos en cooperacion con Lee Rubin, otro investigador de Harvard; y Tony Wyss-Coray era el jefe del otro trabajo, en Nature Medicine. En estas publicaciones se prueba una vez más cómo la sencillo exposición a factores solubles circulantes originarios de un individuo adolescente es bastante para rejuvenecer la función de distintos tejidos.

En el suceso del artículo de Wyss-Coray se analizaron los cambios moleculares, celulares, funcionales y cognitivos en el cerebro de animales viejos expuestos a la circulación de ratones jóvenes en parabiosis, o a los que se les administró plasma procedente de ratones jóvenes. El examen de los patrones de transcripción por microarrays, una especie de foto que nos permite identificar qué genes se están expresando en un instante dado, mostraba que los cerebros viejos recuperan los perfiles que habitualmente se dan en cerebros jóvenes. El examen de la estructura de una región muy notable del cerebro, como es el hipocampo, demostró una mayor densidad y plasticidad neuronal. Y desde llegar al punto de vista funcional, utilizando distintos tests que permiten analizar las capacidades cognitivas de los animales de experimentación, los expertos observaron una mejora en ensayos de condicionamiento del miedo (en los que se ensaya la capacidad de aprender a temer un daño tras unas señales que lo preceden), el aprendizaje espacial y en la capacidad de memoria.

Los artículos de Science con Rubin y Wagers por su parte, exponen que las causas circulantes, y en particular el mencionado GDF11, promueven la remodelación vascular del cerebro, incrementando con ello la neurogénesis (la capacidad de regenerar nuevas neuronas) y mejorando la capacidad olfativa de los ratones viejos; y son además capaces de mejorar las propiedades estructurales y funcionales del músculo envejecido, lo que deriva en animales viejos que recuperan la fuerza y la resistencia al ejercicio. A destacar que los expertos fueron capaces de probar que todos estos efectos que se observan en la parejas parabióticas se pueden recapitular con la sencillo administración en sangre de este causa, GDF11, producido en laboratorio.

Todos estos modernos datos permiten ser optimistas a los que aspiran a poder someterse a un tratamiento que les devuelva el vigor de su juventud, y más incluso a aquellos que estén en circunstancias de hacer el negocio del siglo vendiéndolo. De los datos del artículo de Wyss-Coray se desprende que es posible someterse a una especie de “plasmaféresis” rejuvenecedora. La plasmaféresis es la transfusión de plasma de un individuo a otro, es decir, una transfusión sanguínea en la que se eliminan todas las células de la sangre y se transfiere únicamente las causas solubles en el plasma, la fracción líquida de la sangre. Esta técnica hay y se emplea en medicina, por ejemplo en el suceso de algunas dolencias autoinmunes.

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Plasmaféresis, una técnica que ya se utiliza en clínica y que podría ser empleada como método de rejuvenecimiento

De los resultados de los artículos de Rubin y Wagers, es tentador pensar en la posibilidad de desarrollar un suero de la juventud a base de GDF11 puro sintético que sería inyectado de figura intravenosa para rejuvenecer todos nuestros tejidos.

De un modo u otro, es posible que estemos cerca de tener en nuestras manos la llave de una auténtica fuente de la eterna juventud; pero no conviene lanzar las campanas al vuelo muy pronto y seguir investigando para ahondar en los dispositivos moleculares últimos culpables de estos aparentemente espectaculares resultados para entender mejor el proceso y descartar posibles efectos negativos no deseados.

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