La barra de Dios, conoce el arma thor

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La barra de Dios, conoce el arma thorFoto: Pixabay

 

Un analista explica el concepto de esa arma espacial, cada una con el poder de una bomba nuclear, que desde hace años seduce a expertos de la Fuerza Aérea de EE.UU. por brindar “impunidad” para atacar objetivos “en lo hondo de los naciones”.

Enviar un objeto grande al cosmos, hacer que orbite alrededor del mundo, y despues, cuando sea necesario, lanzarlo de nuevo a la superficie a velocidades “que darían al colisión el poder de una bomba nuclear, pero sin toda esa desagradable radiación“, para así convertir a los adversarios de EE.UU. “en un cráter”: esa es el plan que está detrás de un sistema de armas conocido como ‘Barras de Dios’ (Rods From God), con el que la Fuerza Aérea de EE.UU. y diferentes expertos coquetean desde hace años, y que explica en un artículo para RealClearLife el analista Lee Ferran.

¿En qué consiste?

El plan fue creada en la década de 1950 por un escritor de ciencia ficción y investigador en armas espaciales, Jerry Pournelle, quien llamó al hipotético sistema ‘Thor’ y consideró curioso que “la gente lo redescubriera periódicamente”.

Uno de estos redescubrimientos se produjo en 2002, cuando el centro de investigación militar RAND analizó en profundidad este concepto en un ensayo sobre armas espaciales. Los analistas señalaron por lo tanto que el plan sería “hacer un vehículo de reentrada pequeño, sólido, largo y estrecho, a partir de un material de alta densidad”, como, por ejemplo, “una varilla de tungsteno de 1 [metro] de largo y un peso de alrededor de 100 [kilogramos]”.

RAND explicaba que el objeto debía ser lo suficientemente grande para sobrevivir al incendio que se produce al pasar a través de la atmósfera terrestre, pero “preferiblemente” lo suficientemente pequeño para no causar una “extinción intensa”.

El ensayo además indicaba que “debido a su velocidad exageradamente alta, es muy complicado defenderse de estas armas durante su breve tránsito a través de la atmósfera y, por lo tanto, podrían ser particularmente interesantes contra objetivos fuertemente defendidos”. Por otra parte, advertía que diferentes naciones además podrían rastrear este tipo de armas para contrarrestar el dominio convencional de EE.UU.

Un año después del ensayo de RAND, en 2003, la Fuerza Aérea de EE.UU. mencionó los “paquetes de barras de hipervelocidad” –como un concepto de sistema futuro– en un escrito de estrategia en el que precisaba que estas “proporcionarían la capacidad de golpear desde el cosmos objetivos terrestres en cualquier parte del planeta”.

¿Por qué incluso no las hay?

Ferran sostiene que existen “bastantes razones” para que en la órbita incluso no haya decenas de satélites “repletos de barras de tungsteno, esperando a convertir en cráteres los búnkeres profundamente enterrados”.

En primer lugar, recuerda que según otro examen distribuido en 2012 por el Centro de Información Técnica de Defensa (DTIC) del Ejército, “para mantener la velocidad, su maniobrabilidad y la ventana de objetivos, están severamente limitadas”.

asimismo, tendrían “un alcance de objetivos muy limitado en un instante dado”, por lo que un sistema efectivo necesitaria de “un gran numero de satélites en capacidad de atacar objetivos en cualquier parte del planeta en un tiempo razonable”, lo que aumentaría el costo ya significativo de llevar tales armas al cosmos.

Por otra parte, según el ensayo de RAND, el combustible necesario para emplazar y desorbitar estas ‘barras’ podría tener una masa “aproximadamente 50 veces mayor” que la de las propias armas.

¿Y por qué no dejan esa idea?

La razón por la que los expertos siguen discutiendo el concepto es que el Ejército de EE.UU. “se percató hace demasiado tiempo de que el dominio en el cosmos y la posibilidad de amenazar a cualquier parte de la Tierra desde el universo es un nuevo Santo Grial en la estrategia militar y geopolítica”, enfatiza el creador del artículo.

De hecho, un ensayo de la Fuerza Aérea, realizado en 2006, constataba que “los equipos de ataque espacial podrían alcanzar con impunidad objetivos estratégicos y tácticos en lo hondo de los naciones, lo que provocaría efectos coercitivos sin precedentes”.

“Si las ‘Barras de Dios’ pueden hacer que eso suceda, lo más probable es que el Ejército de EE.UU. esté recogiendo su tungsteno“, asegura Ferran, para concluir que solo falta que alguien “haga funcionar esos láseres espaciales”.

 

 

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