Cronica de los impuestos. Como robar al pueblo

Cronica de los impuestos. Como robar al pueblo

22 marzo, 2019 Desactivado Por Sandra
Solemos decir que las dos únicas cosas seguras en la vida son los impuestos y la muerte, y no voy a ser yo quien lo niegue. Pero si alguien me duda, la muerte puede ser algo menos doloroso, pues si nos llega después de una larga vida, al menos podemos pensar en el descanso eterno, el final de una etapa, o el comienzo de otra. Lo peor de los impuestos, en cambio, es que en la mayoría de los sucesos no terminan con nosotros; no, nos dejan lo suficientemente vivos para que el respectivo estado pueda seguir exprimiéndonos, para que unos cuantos sigan viviendo del cuento. Casualmente, en el artículo anterior ya hablaba del masoquismo humano, de cómo parecemos disfrutar del sufrimiento, del maltrato, y creo que los impuestos son otro buen ejemplo de ello, pues aunque seguramente mienten, aun hay gente que dice pagarlos con gusto. En todo suceso, la entrada de hoy no pretende ser una lección ética ni una diatriba en contra del robo legalizado del estado (bueno, casi), sino un sencillo recordatorio de varios de los impuestos más llamativos y célebres de la cronica, una colección de barbaridades políticas que nos enseñan, una vez más, que no hemos cambiado demasiado a lo largo de los milenios. Historia de los impuestos. Como robar al pueblo Obligaciones entre ríos. Prácticamente cualquier propiedad o servicio en Mesopotamia estaba gravado con un tributo. Ya que no existía la moneda, los mesopotámios debían pagar al estado buena parte de sus ganancias en especie, una vaca, una oveja, o un porcentaje de sus cosechas. asimismo, el jefe de cada familia debía “colaborar” con su mano de obra en trabajos para el estado, con suerte, recoger una cosecha, con menos fortuna yendo a la guerra, esta última una tradición heredada a gran cantidad de las civilizaciones futuras. Historia de los impuestos. Como robar al pueblo Fritanga faraónica. En el Antiguo Egipto, al menos durante un tiempo, la villa estaba obligado a comprar el aceite de cocinar directamente del monopolio estatal, y el precio, obviamente, incluía el impuesto. asimismo, estaba prohibido reusar el aceite. El Dinero no Apesta. Con esta frase el emperador Vespasiano de Roma defendía su peaje sobre la orina , que debían pagar aquellos que la recolectaban para usarla como detergente en las lavanderías. Cuando un esclavo era liberado por su dueño, el esclavo debía pagar un impuesto sobre su libertad. ¿Al igual que me lavo? Durante la Edad Media, varios gobernantes europeos establecieron un impuesto encima del jabón, considerado un artículo de lujo. En Gran Bretaña, mencionado gravamen no fue eliminado incluso 1835. A finales del Siglo XVII, Inglaterra instituyó un impuesto sobre las ventanas, lo que obligó a  los constructores a eliminarlas para ahorrar dinero a sus dueños. En Amsterdam, el impuesto de la propiedad se basaba en el ancho de la fachada de una casa, y es por ello que buena parte de los edificios en esa ciudad son altos y estrechos. Donde más duele. igualmente en las Islas Británicas, un impuesto gravaba las chimeneas, por lo que la gente acostumbraba cubrirlas con muros falsos de ladrillo. igualmente existía una tasa sobre los ladrillos, que nuevamente empujó a los constructores a rastrear una forma de ahorrar dinero, esta vez fabricando ladrillos más grandes. ¡Aféitate! En 1805, el Zar ruso Pedro el Grande se sacó de la manga un impuesto por barba, literalmente. Su intención en este suceso no era tanto la recaudación (siempre dicen eso), sino forzar a los miembros de la corte a lucir una rostro limpia y afeitada, más “europea”. Historia de los impuestos. Como robar al pueblo No chinos. Canadá creó en 1885 un impuesto sobre la cabeza de cada inmigrante de origen chino, con la intención de limitar su entrada en la region. Mencionado impuesto fue reemplazado en 1923 por una ley que sencillamente prohibía su entrada en Canadá, con contadas excepciones. Impuesto para sosos. La Francia pre-revolucionaria poseía un impuesto sobre la sal llamado la Gabelle, que varios atribuyen como una de las razones de la revolución en 1789. Otra tasa sobre la sal, esta vez en el Imperio Británico, dio pauta a la rebelión iniciada por Mahatma Gandhi. Historia de los impuestos. Como robar al pueblo Aunque no la uses. El Reino Unido, al igual que diferentes naciones, cobra un impuesto especial por cada televisor, con el cual financia la Televisión Pública. Lo raro es que los ciegos además pagan mencionado impuesto, aunque con un descuento del 50%. Gravar el Sol. Hace poco, el Estado Español ha creado un impuesto sobre la energía producida por paneles fotovoltaicos caseros. En Turmequistán, el sencillo hecho de tomar el sol conlleva un canon, aunque no sé cómo lo pueden medir. Seguramente mis lectores conocerán demasiados más tipos de impuestos ridículos, como si no lo fueran todos. El hecho es que, desgraciadamente, los impuestos son parte de nuestra civilización, y llevan demasiados siglos con nosotros. Por supuesto, el deporte de la evasión fiscal es directamente proporcional a la carga impositiva de un estado, y creo que bien podía añadirse a la frase de Benjamín Franklin: lo único seguro en esta vida es la muerte y los impuestos…y la evasión fiscal.

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