Futakuchi-Onna La Doncella de Dos Bocas Leyenda Japonesas

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Las Futakuchi-Onna son mujeres que han sido castigadas por los espíritus con una segunda boca cerca de su nuca. Boca que normalmente queda oculta bajo sus cabellos pero que les murmura y las obliga a traerla comida…

La Futakuchi-Onna pertenece a la familia de los yokai (un tipo de monstruos mitológicos) y tiene el aspecto de una doncella que, por debajo de sus cabellos y algo más arriba de la nuca, tiene una segunda boca totalmente funcional (con labios, dientes y lengua). Normalmente es idéntica a su primera boca según la creencia general, aunque diferentes veces se muestra con una apariencia demasiado más escalofriante y grotesco, dientes afilados y un tamaño desproporcionado. Esta segunda boca tiene vida propia, pues al parecer está animada por un espíritu vengativo, que la impulsa a atormentar a su dueña, gritando o chillando si esta no la alimenta directamente o se sobre a la comida y no le ofrece, ya que el poder de esta maldita boca secundaria le da la facultad de manipular los cabellos de la doncella para usarlos como tentáculos que usa hábilmente para proporcionarse comida. Según la leyenda, la boca está allí como una figura de castigo a la doncella que lo sufre, normalmente por no comer bastante o comportarse de figura egoísta con la comida.

Al igual que diferentes entes mitológicos de aspecto humano, la Futakuchi-Onna suele pasar desapercibida por aquellos con quienes convive y, por lo general, es descubierta después de que una o más personas se percatan de que la comida están desapareciendo misteriosamente en proporciones alarmantes, ya que la segunda boca de la Futakuchi-Onna come el doble de lo que come su anfitriona (la doncella en donde está, a modo de condena…).

Como ya se dio a entender, y es esto lo que resulta más aterrador en la leyenda, la segunda boca de la Futakuchi-Onna tiene conciencia propia y piensa o, para ser más precisos, piensa el espíritu rencoroso y castigador que la controla… Por esto, esta boca viviente no solo puede gritar, chillar y manipular los cabellos de la doncella, sino que además es capaz de obligarla a cometer casi cualquier tipo de acción, inclusive un crimen, y la torturara psicológicamente si se niega, murmurando continuamente y avivando el sentimiento de culpa en la doncella, achacándole la carencia moral que la llevó a tener una segunda boca y transformarse en un monstruo…

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La cronica del avaro:

Esta cronica, pasada de generación en generación como una viva advertencia de los castigos sobrenaturales que puede recibir la tacañería, cuenta que, hace demasiado tiempo, vivía en una población un artesano muy trabajador, que estaba aún en edad de tener doncella e hijos, y gozaba de cierta holgura económica porque había renunciado a casarse, no porque fuera muy religioso o porque no le gustaran las mujeres, sino porque le producía una profunda aversión el plan de tener que mantener a una doncella, de tener que pagar una boca más… Su dinero era su dinero, era el dinero que conseguía con su esfuerzo, y no quería compartirlo con nadie, pues deseaba poder disfrutarlo él solo, comprándose buena ropa y cosas que, de tener una boca que mantener, seguramente no podría gozar.

sin embargo, todo cambió cuando, cierto día, en la villa apareció una nueva habitante, que vino sola, sin esposo, padres, hijos, o tipo alguno de compañía. Esta doncella tenía la piel tersa, blanca como la nieve, los cabellos largos y sedosos, y el cara inundado por una belleza digna de ser retratada por la mano de un hábil pintor. Apenas la vio, el artesano quedó embelesado; en cambio, lo que verdaderamente le hizo desearla con intensidad y quererla para sí, fue el enterarse, tras un par de días, que la doncella comía sumamente poco, tan poco que, tenerla en casa, acarrearía un gasto económico insignificante en comparación con todo lo bueno que podría obtener con su compañía. Así, el artesano empezó cortejarla incluso que al final la convenció para casarse y la llevó a vivir con él.

originalmente todo fue alegría, pues la doncella era una compañera agradable y entretenida, y además el artesano veía con gran complacencia que, efectivamente, eran muy ciertos los rumores sobre lo poco que comía. sin embargo, el tiempo pasó y el hombre se percató de que sus reservas de alimentos estaban disminuyendo de forma enigmatica, y en cantidad tal que era como si, además de él y la doncella, viviesen dos personas más en la casa, aunque sabía que no habían entrado a robarle porque, precisamente por lo aferrado que era a sus posesiones, cuidaba muy bien que nadie entrara a su hogar. Por lo tanto: ¿acaso su esposa se estaba comiendo la reserva cuando él no la veía, cuando dormía o no estaba?… Eso le resultaba un poco difícil de creer porque ella seguía siendo tan delgada como cuando la conoció, y ya debería estar como un luchador de sumo si comiese tanto; en cambio, se decidió a espiarla para disipar sospechas, de modo que, cierta mañana, fingió ir al trabajo y se quedó escondido en casa…

Lo que vio lo dejó sin palabras, lo horrorizó, y habría gritado si no fuese porque temió perder su vida. Y es que allí, en la cama donde durmió tantas noches con aquella doncella de piel blanca como el marfil, yacía una cosa horrenda, inimaginable, que él no alcanzaba a entender cómo no pudo sentir con sus manos al acariciarle la cabeza a su esposa… Era una boca, con lengua, dientes y labios, una boca viviente que su doncella tenía en la parte de atrás de la cabeza, por encima de la nuca. Esta boca murmuraba cosas que él no alcanzaba a oír, pero creyó que eran acusaciones porque su doncella lloraba con rostro de remordimiento, mientras la boca controlaba los cabellos de ella como si fuesen tentáculos, incluso que la doncella se levantó y se acercó a un plato de arroz, y por lo tanto la boca viviente usó los cabellos para agarrar una cuchara y engullir con voracidad la comida…

Fue lo más espantoso que jamás vio en toda su existencia, y unos días después pensó en divorciarse de su esposa, pero la segunda boca intuyó el plan y lo sorprendió en la bañera, llevándoselo a las montañas para matarlo, aunque allí él consiguió huir y se escondió entre las hierbas y el agua verdosa de un pantano, donde permaneció incluso que su endemoniada doncella desistió y se marchó. Esta es la versión más conocida del final: en la otra, la doncella lo encuentra y lo asesina, devorándole el cara lentamente con su boca secundaria…

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¿Por qué se transforman en un Futakuchi-Onna?

Existen cuatro versiones sobre la procedencia de la segunda boca que caracteriza a estos monstruos, cada una podría considerarse una leyenda independiente aunque todas tienen puntos en común.

La doncella que no come: En el presente se le llama “anorexia”, pero siempre hubo mujeres que se privaban de comer pudiendo hacerlo para mantener la línea: así, cuando enfermaban gravemente, a veces eran castigadas por las fuerzas que gobiernan el planeta asombroso, y el castigo era la aparición de una boca viviente que las obligaba a comer…

La doncella que no alimenta a los hijastros: Cuentan que, cuando una madrastra no alimenta a sus hijastros y sólo da de comer a su propia descendencia, es gravemente castigada si esa conducta provoca, directa o indirectamente (haciéndolo más proclive a enfermarse y no recuperarse de las dolencias), la muerte de un hijastro o una hijastra. Por lo tanto le cae una terrible maldición, en la que el espíritu del difunto hijastro o hijastra entra en ella, en su cabeza, donde la atormenta murmurando cosas, y haciéndole crecer una segunda boca que comerá demasiado más de lo que le fue negado en vida. Este credo se relaciona con una conmovedora cronica, en la que una madrastra malvada tenía una hija y una hijastra. A la hija la trataba bien, y le daba de comer en abundancia, en detrimento de la relegada hijastra a la que apenas daba lo bastante para evitarle la muerte; en cambio, esto fue mermando la salud de la criatura, que se enfermaba continuamente y un día falleció… Después, pasados unos 49 días (el tiempo máximo en que el alma está en el más allá anteriormente de reencarnar, según el budismo), la madrastra empezó a sentir terribles dolores en la parte posterior de su cabeza: sentía que se le estaba abriendo el hueso, que algo le estaba creciendo, y a veces le parecía escuchar la voz de la hijastra en su cabeza, incluso que un día se despertó y tenía una boca en la parte que le causaba los dolores… Esta boca hablaba con la voz de la hijastra, pues estaba animada por su espíritu que, sediento de venganza, le exigía la comida que en vida no le dio, pero en mucha mayor cantidad…

La mamá egoísta: Parecida a la versión anterior, una creencia dice que la maldición de la boca viviente también cae sobre todas las madres que, bien por tacañería, por glotonería o ambas cosas, se alimentan bien sólo ellas y a sus descendientes no dan casi nada de comer, haciendo que se enfermen y mueran. A ellas, les viene la condena de que, el espíritu del hijo difunto, les atormentará bajo la apariencia de una boca viviente en la parte posterior de la cabeza…

La esposa del leñador: Esta versión no se generaliza y se relaciona con una cronica particular, en la que un leñador estaba un día cortando un árbol, cuando de repente su esposa se acercó y él, sin querer, le dio un hachazo un poco por arriba de la nuca… Esto no mató a la doncella, pero la herida jamás sanó, y una boca viviente crec