El colegio de Nicolás Bravo

El colegio de Nicolás Bravo
El colegio de Nicolás Bravo
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Cuenta la leyenda recopilada por el escritor Juan Marino Oyervides Aguirre en su texto “Cuentos y Creencias del Saltillo Antiguo”, que por los años 1960 a 1970, el edificio del actual colegio Nicolás Bravo, por la calle de ese nombre, estuvo casi ruinoso, sin puertas y con un triste aspecto.

Siempre por aquel tiempo que Oyervides Aguirre pasó por allí, experimentó una impresion insolita.

A propósito comentaban los vecinos que unas personas hacían excavaciones en sus pisos con la esperanza de localizar algún tesoro enterrado. De hecho, el creador manifiesta que alcanzó a ver pozos con la tierra a un lado, lo que confirma lo mencionado por aquellos vecinos.

Contaban que en ocasiones, por las noches de septiembre y octubre, esas de luna llena, como a las 12 ó 1 de la madrugada, salía un carruaje tan veloz, casi en estampida, iniciando su carrera desde las ruinas del colegio, y como según esto, era intangible, entraba sin tropiezos a través de las puertas enrejadas que dan a la calle Corona, para allí doblar con fuerza incluso el patio frontal a la calle Hidalgo dirigiéndose al sur.

El anciano velador de la escuela que una de esas noches, estando él en la banqueta de la acera poniente, frente al jardín de niños, con la Sierra de las Bayas como fondo, con la luna llena despuntando, le sorprendió la aparición. Lo vio en estampida. Luminoso, levantando polvo fosforescente.

Agregó que el personaje que tiraba del caballo llevaba un sombrero y vestimenta muy viejos; cruzó como ráfaga el jardín, traspuso fugaz el barandal límite que da a la calle Guillén, para al final desaparecer como incrustándose entre los muros de las viejas viviendas de adobe que fueran del señor Cárdenas Stelle.

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