Las Manos.

Las Manos.
Las Manos.
Un hombre estaba de pie en el andén de la estación del metro, esperando el tren.
Usualmente, escucharía música o leería algo para matar el tiempo. Pero ese día, por alguna razón, estaba observando las vías.
En ese instante, se percató de algo entre las vías y la plataforma… Sí, no soñaba. Eran un par de manos que se aferraban a la plataforma del andén.
¿Era alguien que había caído a las vías y estaba luchando por escalar a la plataforma?
El guardia de seguridad de la estación que estaba cerca, aparentaba no tomarle importancia. Como si no lo viera. ¿Qué era? ¿Un fantasma?
Esa era la primera ocasión que el hombre veía algo fuera de este planeta. Pero incluso así… se sentía más curioso que asustado.
Así que se movió al borde de la plataforma y se inclinó sobre las vías.
En ese instante, algo pasó.
Una persona lo sujetó por los hombros y lo jaló hacia atrás. Al siguiente instante, el tren entró a toda velocidad a la estación.
Se salvó de ser decapitado por cosmos de un segundo..Al mirar hacia atrás, localizó la expresión colérica del guardia de la estación, gritándole.
“¡¿QUIERES MORIR?!”
“No, no es eso. Ni siquiera escuché el ruido del tren…”
El guardia lo miró confundido y contestó:
“¿Cómo no lo oíste? ¡Incluso grité para que te quitaras de las vías!”
El hombre creyó podría ser posible que no escuchara el grito estando tan cerca. Al voltear hacia todos lados, vio que una chica de secundaria se le aproximaba con una mirada desencajada. La chica habló, dudosa.
“Señor… ¿vio…? Esas… manos…”
“¡Sí! ¡Las vi! ¡Estaban en la orilla de la plataforma! ¿Verdad?”
“No, señor. Lo que vi fue… esas manos… estaban cubriéndole los oídos.”
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