Los tacones y el espejo.

Los tacones y el espejo.
Los tacones y el espejo.
“Este incidente en particular ocurrió durante el 2008, cuando poseía 14 años. 
Ese día, regresé de la universidad luego del anochecer, cuando mi hermana y mi mamá ya se habían retirado a dormir luego de un día gran cantidad largo. No poseía demasiado qué hacer esa noche, así que decidí hacer lo mismo.
Por alguna razón, no poseía sueño, así que intenté hacer diferentes elementos para cansarme. Leí cosas en internet, vi televisión y escuché música; pero nada de ello me ayudó a conciliar el sueño. Estaba despierto y sin gran cantidad esperanzas de caer rendido en un buen rato.
Poco después de medianoche, escuché unos tacones andando por el pasillo de la planta alta. Aquí quiero aclarar que mi hermana, que es demasiado más chica que yo, estaba en esa edad en que usaba toda clase de accesorios y ropa de mamá para “desfilar” por el pasillo superior como si fuera una pasarela.
Había un espejo en el rellano de la escalera, el cual me permitía ver un poco del pasillo superior. No vi a mi hermana pasar por el reflejo, pero sí seguía escuchando los taconazos en el piso de madera. Le susurré que se detuviera, pero me ignoró y siguió yendo de lado a lado.
Me acerqué a la escalera y la llamé de nuevo, cuidando de no hacer muy ruido para no despertar a mamá. Escuché los tacones acercándose al extremo superior de la escalera, así que volteé y fue en ese instante que pude ver el reflejo de una cabeza llena de cabello negro por encima del pasamanos encima del cubo de la escalera.
Me sobresalté, porque mi  hermana era rubia y incluso donde sé, no poseía ninguna peluca negra. Intenté convencerme de que así era, porque de lo contrario, ¿qué demonios estaba arriba? 
Lo que fuese esa cosa, seguía andando por el pasillo. Le grité que se callara de una maldita vez, me levanté del sillón y decidí ir a ponerle fin de una vez por todas. Al llegar al pasillo, no encontré más que la puerta de la habitación de mi hermana entreabierta; y ningún rastro de que alguien hubiese estado andando por la alfombra.
Mi hermana dormía profundamente, al igual que mi mamá. No quise saltar tan rápido a la conclusión de que algo iba mal, así que pensé en ir a ver qué hacía mi mamá y si se trataba de una broma para hacerme ir a la cama. De camino a la habitación de mamá, escuché los tacones de nuevo; pero esta vez como si alguien bajara corriendo la escalera.
Alguien invisible.
Había un condenado fantasma en mi casa. 
Eso me aterrorizó, y desperté a mamá gritándole lo que había pasado. Pensé que me regañaría, pero se limitó a mirarme fijamente y decir algo que me heló la sangre.
por lo visto, lo mismo le había pasado unas semanas anteriormente cuando estaba sola en la casa.”
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