Nian: la leyena china del Monstruo de Año Nuevo

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Nian, el monstruo del año nuevo

En los poblados cercanos al mar en la antigua China se pasaba un gran padecimiento que parecía castigo de los dioses y era que cada cambio de año, de las profundidades del mar, salía una enorme criatura de grandes colmillos, cuernos afilados y de fuerza descomunal. El monstruo que era semejante a un dragón marino devoraba todo a su paso, dejando pueblos arruinados y ganados desaparecidos.

Nian, que en chino significa año, es el nombre por el que se le conocía a está bestia, que se convirtió en el mal de cientos de pobladores que cada año veían como olas gigantescas se levantaban hasta cubrir el sol y llegaban a tierra para arrasar, mientras Nian diezmaba su ganado, arruinaba sus cosechas y acaba con sus villas.

El héroe misterioso

No obstante, a los mismos que ellos culpaban, es decir a los dioses, fue a los mismos que les rezaron pidiendo que tal martirio por fin concluyera. Así que un día antes del fin de año apareció en uno de eso tantos pueblos azotados un misterioso hombre de cabello gris quien alego que poseía la capacidad de dar caza a Nian.

Como era de esperarse, aquél hombre parecía de todo menos un héroe que pudiera enfrentarse a la bestia. Si ese era el mesías que les había enviado el cielo los aldeanos, reacios a creerle y acostumbrados a los sinsabores del desastre, optaron por hacer lo mismo de siempre: correr a zonas altas, llevar consigo lo valioso y pedir sobrevivir.

Mientras estaban huyendo, le dijeron al visitante que se fuera con ellos: Nian no perdonaba fácilmente y era mejor esconderse. El hombre de cabello gris rechazó la oferta y afirmó nuevamente que él era capaz de encargarse de la bestia. Le estuvieron insistiendo, pero él siguió con su idea y con la misión de salvar a los pobladores así que al final lo dejaron sólo y fueron a esconderse.

Ya alejados de todo y bien refugiados, esperaron escuchar los rugidos de Nian pero lo que oyeron en vez de eso los dejó consternados: se podían oír pequeñas detonaciones como las producidas por la pólvora. Al día siguiente, todos los habitantes volvieron a su poblado para inspeccionar las pérdidas, pero quedaron sorprendidos al darse cuenta que sus casas y animales de granja seguían sanos y salvos.

También buscaron al visitante, pero no encontraron rastro de este. Lo único que hallaron fue unos banderines rojos, y rastros de pólvora como la usada en los juegos pirotécnicos, al ver estos elementos descubrieron cuál era la debilidad de Nian: los ruidos estruendosos, los colores brillantes y las luces. Efectivamente, aquél forastero si era un enviado del cielo quien les enseñó que sin importar el momento todo hay que celebrarlo.