La leyenda de Pukagaga

Este es un antiguo relato que trata de la solitaria y triste
campiña Pukagaga, el cual se sitúa en el distrito Simón Bolívar a tres kilómetros
de Paragsha, de aquí se cuenta lo siguiente…
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Una antigua leyenda indígena dice que Pukagaga estaba
ubicado en las cercanías de Huicra del cual solo queda una laguna, pero que en
su tiempo fue un pueblo muy poderoso y al mismo tiempo salvaje, se dice que sus
pobladores fueron los primeros habitantes de Pasco.

Cuentan que una mañana, en una época que se pierde en el
olvido, sucedió que en el pueblo hubo una gran escasez de alimentos. En un
momento los productos alimenticios desaparecieron misteriosamente. Los
habitantes no supieron que hacer y el caos comenzó a esparcirse en el pueblo,
todos robaban los bienes de todos, y esto solo podía derivar en más caos
empeorando el problema de la hambruna.

Con el paso de los días se dieron cuenta que algunos
pobladores desaparecían para no volver, nadie podía explicarlo ni darse cuenta
cuando pasaba esto. Algunos pobladores pidieron ayuda a los pueblos vecinos de
Huicra, pero estos eran despiadados y no les daba ni siquiera agua fría.

El caos creció, se formaron grupos que cansados delos
padecimientos y buscando una manera de sobrevivir a la hambruna, formaron
bandas criminales que se cuidaban entre si produciéndose una salvaje carnicería
entre ellos. Los más débiles y humildes, como ancianos y niños solo podían dar
gritos lastimeros por el horrendo escenario que observaban. Pues los más
fuertes y valientes del pueblo que siempre habían sido un ejemplo a seguir se
transformaron en el terror del pueblo llegando incluso a volverse antropófagos para
poder seguir sobreviviendo. La enorme población en unos pocos días quedó
reducida a solo un centenar de sobrevivientes.

El relato hace mención de la sangre de las víctimas, en
especial de las mujeres y niños que desde el mas allá clamaban venganza para
con sus victimarios.

Una mañana de sol radiante, se vio acercarse a un joven de
aspecto guerrero, tenía en su poder una especie de flauta y la hizo sonar
apuntando a los cuatro puntos cardinales, de pronto emergieron de la tierra
columnas humanas como rebaño de ovejas de los cuatro puntos donde el apunto. Se
pudo reconocer que eran las victimas del pueblo que habían sido devorados por
sus propios paisanos y ahora se encontraban mezclados con ellos.

Este extraño guerrero solo estaba armado de una lanza, reunió
en dos grupos a la gente buena y humilde que padecieron todas las atrocidades de
sus compañeros. Al primer grupo los envió al Este a la selva y al otro grupo al
Oeste hacia la costa. Al grupo que se quedó en el pueblo los formo en varias
columnas y les dijo:

  •          
    Dormid un momento, veréis la maldad que vosotros
    habéis hecho.

Ni bien termino de hablar la gente comenzó a caer dormida,
sobre ellos el cielo estaba azul y brillante, pero una luz roja comenzó a
descender y agrandándose sobre ellos, los que dormían aun podían sentir, pues
esta luz roja era como lava de volcán, que al tocar los cuerpos de los
durmientes los condensaba apagando sus quejidos y gritos de arrepentimiento que
algunos dejaban salir a pesar de su estado.

Petrificada la lava, la columna llego a tener alrededor de
30 metros de altura, con el paso del tiempo, la gente de los pueblos vecinos
comenzaron a  llamarlo Pukagaga, que
quiere decir piedra rojiza o colorada en recuerdo de la sangre de las personas
devoradas.

En la actualidad, Pukagaga es un paraje triste y solitario
donde los campesinos y pastores apacientan tranquilamente sus ovejas. Varios
habitantes del lugar mencionan que ese paraje aún está encantado pues de acuerdo
con sus creencias dicen que los espíritus de la gente que quedó atrapada en la
lava aún siguen esperando ayuda para ser liberados.

Actualmente en sus paredes rocosas se puede observar
pequeñas cavernas con restos humanos, los cuales según cuentan buscan vengarse
del intruso que ose molestar sus restos llegando al extremo de castrar al
intruso masculino o pudrimiento vaginal si se tratase de una mujer, aunque también
pueden castigar con otras enfermedades incurables. Los moradores de esta zona
tienen mucho respeto por este lugar y suelen llamar a los espíritus como “awelos”,
“jirkas” o “gentiles” con un gran respeto en la mención para evitar que les
ocurra algo malo por la impertinencia. En esas cuevas algunos dejan ofrendas a
las cuales llaman “mesa” que puede ser hojas de coca con alguna bebida alcohólica,
frutas, caramelos o similar.

Más bien, los que sí tienen asuntos en ese extraño lugar,
son los hechiceros y pitonisas que buscan hacer contacto con el “Taita Jirka”
para preguntarle sobre el destino o que le ayude a resolver algún grave
problema. Esto ocurre en discretas ceremonias nocturnas que ningún extraño ve,
pero aun así, entre esos restos que no pueden descansar, se comenta que existe
la maldad, la cual aún busca gente incauta y débil para perderlos en sus
intrigas.

Las imágenes que se muestran fueron encontradas en la red,
tienen sus propios autores y/o dueños, solo se han colocado como información y guía
del tema que estamos tratando.

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