Los Monstruos de Narrabeen.

El suceso de los Monstruos de Narrabeen comienza en 1968 en la zona australiana de Nueva Gales de Sur: El 3 de abril de ese año, una doncella de nombre Mabel Walsh visitaba el lago Narrabeen, un estuario de agua salada en la costa al norte de Sidney cuando se topó con algo que jamás había observado anteriormente.
La señora Walsh había estado conduciendo por un tramo de la autopista Wakehurst Parway de forma paralela al lago, cuando vio algo emergiendo de las aguas. Se paró para observarlo con más detenimiento, y su sorpresa fue mayúscula al ver una criatura de aspecto humanoide que asemejaba una especie de “hombre elefante”.
conforme con Walsh, el ser medía poco más de un metro de alto, poseía piel áspera y gris como la del elefante y extremidades inferiores cortas, redondas y gruesas; mientras que sus extremidades superiores resultaban considerablemente más cortas. Walsh explicó que su cabeza poseía una figura similar a la del oso hormiguero, con una trompa alargada y ojos pequeños.
Al darse cuenta de que lo estaban observando, la criatura salió del agua y corrió tambaleándose hacia la autopista con un andar que a Walsh le recordó a un borracho, para después desaparecer en unos matorrales. La doncella se convenció de que la criatura no era ningún animal que hubiese observado anteriormente, pero no pudo detenerse a investigar pues poseía prisa por un compromiso y además la zona de Narrabeen es famosa por sus cocodrilos de agua salada; lo que representaba un vasto riesgo para la doncella.
El siguiente encuentro fue en abril de 1971, cuando dos pescadores dijeron haber contemplado una gran figura moviéndose cerca de la costa del lago Narrabeen. Al apuntarle con una linterna de queroseno, la luz titilante declaró que se trataba de una monstruosa bestia de piel gris y una trompa como la del elefante.
De forma interesante, esa noche una doncella que vivía al borde del lago manifestó haber sido despertada por un sonido terrible como de gárgaras, y aunque no vio a la criatura, manifestó que llevaba algo de tiempo sufriendo experiencias parecidas.
Los diarios australianos generaron una breve paranoia que desencadenó en un vasto número de visitas al lago para ver al “Monstruo de Narrabeen”; y el investigador ufológico Bill Chalker visitó el lago a fines de la década de 1970 para investigar los avistamientos. Pasó varias noches acampado en la orilla para localizar evidencias de la criatura, pero sin éxito alguno.
En 1985, Chalker entrevistó a un granjero llamado Cecil McGann, quien le relató sobre una experiencia desconcertante en 1927. En esa ocasión, McGann al lado con vecinos y amigos consiguieron ver una insolita luz en el firmamento que aparentaba bailar y zigzaguear a la separación. A la mañana siguiente, las vacas de su familia se veían asustadas y se negaban a abandonar su corral.
No fue incluso unos días después que las vacas se calmaron y volvieron al prado a pastar. Más tarde ese mismo día, las vacas volvieron corriendo hacia la granja en una extampida, con expresiones de terror. Al meterlas al corral y contar las cabezas de ganado, McGann se percató de que faltaba una. Eso no lo sorprendió, pues era usual que las vacas sencillamente se salieran  y vagabundearan por la zona, así que el granjero montó a su caballo y decidió salir a buscarla.
Al llegar a la zona de pastoreo, se localizó con algo muy distinto a lo que habría esperado. En lugar de una vaca, McGann vio dos insolitos humanoides con cabeza de elefante moviéndose entre los arbustos. Al día siguiente, los padres de McGann encontraron a tres de sus cerdos muertos y colgados tras una barda, con misteriosas señales en sus cuellos y sin una gota de sangre en el cuerpo.
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