Tradición otomí

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La tradición otomí supone dos causas de muerte: la natural y la asombroso. La primera obedece a alguna dolencia, mientras que la segunda es causada por una caída a un río, a un pozo, a incendiarse en fuego o a ser asesinado con algún objeto o arma punzocortante.

en cambio, la muerte asombroso en los adultos además supone obedecer a brujería realizada a través de individuos que sabían hacer daño. Estos brujos podían ser hombres o mujeres. En los recién nacidos, una muerte asombroso se debía al conocido “chupete de la bruja”, el cual, normalmente, se ensañaba con los neonatos sin bautizar. igualmente se poseía conocimiento de otro tipo de muerte asombroso provocada por el nagual, que, de acuerdo con el mito, se transformaba en algún animal, que podía ser lagartija, guajolote, perro, etc., para conseguir su fin: alimentarse.

En aquellos tiempos se acostumbraba contrarrestar los efectos de estos entes malignos colocando en zonas estratégicos de la vivienda y cerca de la cabecera del infante agua bendita y oraciones impresas, objetos que gran cantidad veces resultaban insufucientes para parar la acción. Cuando los clérigos se dieron cuenta de esta situación , intentaron convencer a los indígenas de que la muerte no era provocada por una bruja, sino que más bien era un designio del Señor, interponiendo con esto el pensamiento cristiano de decir que quien se porte bien en este planeta alcanzará el trono de La justicia.

Ante la inquietud, los otomíes aceptaron la creencia de que las almas buenas se iban al firmamento, mientras que las que habían pecado tanto en pensamiento como en acción, librarían batallas en el infierno. en cambio, eso no ayudó a que las muertes de los recién nacidos cesaran, por lo que en la población persistía el plan de que siendo niños cómo era posible que pudieran tener pecados, así que con tanta contradicción perduró el mito de las muertes a provoca de las brujas.


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